La prudente espera

corona_de_adviento

Por Fr. Ramón de la Cruz ocd

Ser persona es esperar. No seríamos seres humanos sin esperanza, sin la capacidad de estar abiertos a experiencias y valores aún no alcanzados. Pero admitir esto significa también reconocer que somos incompletos; algo nos falta. Es desde esta pobreza íntima desde donde esperamos ser completados, ella es la base de nuestra esperanza, y ella supone tanto un abrirse a lo que sale a nuestro encuentro, como a una tarea que hemos de realizar.

La vigilancia
Las vírgenes prudentes representan esta doble dimensión de la esperanza. Ellas han sido invitadas a un banquete, y esto es un gran honor que se les hace. Pero la llamada conlleva una disposición: han de venir preparadas, y para ello han de ser solícitas. La atención será un elemento fundamental en la preparación de las jóvenes doncellas. Es la misma disposición que la del vigía en la noche. Él está atento, siempre vigilante. La vigilancia en las vírgenes que se acercan a las puertas del banquete está representada por el aceite. De ella surgirá la llama que las permita reconocer y ser reconocidas. Al fin y al cabo, la espera no es de otra cosa sino del amor; ella termina con un encuentro.

Esperar incluso durmiendo
En la parábola se da un dato aparentemente contradictorio: Tanto las vírgenes que han estado atentas en llevar el aceite como las que no, se han dormido. Pudiera pensarse que todas son negligentes en la espera. Sin embargo, el hecho de poseer el aceite, en la parábola, es suficiente para entender que las que la tienen, mantienen una disposición íntima que permanece durante el sueño. Es como cuando aguardamos algo valioso, aunque durmamos, algo en nosotros está siempre en vela. Pues bien, el aceite representa esta actitud imperceptible y escondida, pero alerta.

En la espera se escucha la Palabra
Al fin se oye una voz. Con ello se expresa la sutileza del momento esperado. No se ve a nadie, sino que en medio de la noche sólo se oye una voz misteriosa. Es como un presentimiento de que el momento está cerca. Lo que anuncia la voz es lo que realmente se espera: Que llega el esposo, salid a su encuentro.

Esperar significa salir
La frase tiene un mensaje y una invitación. El mensaje es lo esperado: el esposo. Pero esa esperanza representada en el aceite, requiere de un salir. En la vida espiritual “salir” siempre supone olvidar la casa paterna, el propio hogar, lo conocido: Sal de tu tierra a una tierra que yo te mostraré. Es un paso adelante y un olvido de lo que se deja. Antes, ese pasado era la luz que me daba seguridad, que me guiaba. Mis gustos, mis preferencias, mis costumbres; todo ello marcaba mis decisiones, era la luz de mi propio camino, no había otra cosa que esperar, salvo la satisfacción de mis deseos y gustos.

La llama de la vigilancia
Ahora he de abandonar el camino conocido, salir de él. Esta incertidumbre, hasta encontrar un camino diferente, supone oscuridad, representada en la parábola por la noche cósmica, en la que no se ve ningún camino. Y es llegado este momento donde hay que encender otra llama, y esta se alimenta de la vigilancia, que es su aceite. Pero las vírgenes necias carecían de esta actitud íntima y sutil. Sus lámparas, vacías de aceite, representaban sólo una esperanza externa; su corazón no esperaba realmente nada. Es la esperanza de Israel, tan cacareada, cuando no va acompañada de la fidelidad.

Cuando se enciende la llama nueva y se sale de sí mismo, entonces se abre la puerta sola. Tras de ella está el esposo, que no es otra cosa que el gran Amor que todos anhelamos. Cristo es el esposo, es el Amor que sale a nuestro encuentro, y que espera encontrarnos con el aceite de nuestra vigilancia y la llama de nuestra fidelidad. Esto es el Adviento.

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4 Responses to “La prudente espera”


  1. 1 nidiadeamelio 11, diciembre, 2008 en 7:01 pm

    queridas hermanas . acavo de leer la prudente espera , me parecio , me parecio muy limitado para las mentes poco aprecitivas dehoy pues hoy en dia cuesta mucho que los jvenes lean el evangelio , ni que hablar que lo interpreten sin embargo , los que vivenciamos la fe tomados de la mano del señor , encontramos a la prudente espera como otra de las tantas respuestas que Elnos dejo para seguir el camino a su encuentro

  2. 2 F. Castro 26, diciembre, 2008 en 10:11 am

    LA ORACION DE LAS VIRGENES PRUDENTES
    La oración de espera de estas mujeres que venian con “los deberes hechos”, produjo el encuentro esperado porque habian puesto de su parte lo que ellas debian poner.
    “La esperanza activa” es un criterio muy de Santa Teresa.

    Algo tiene que ver este bellisimo villancico:
    Del Verbo divino
    la Virgen preñada
    viene de camino
    ¿Si le dais posada?
    La enjundia está en el último verso. Si no abrimos la puerta, dando acogida, dejando un espacio en nuestro interior, poniendo lo que es de nuestra parte. Nacerá el Niño, pero en nuestra casa, no.

    BONITO COMIENZO PARA UN PROFUNDO EXAMEN PERSONAL

  3. 3 fr. Ramón de la Cruz 11, enero, 2009 en 12:44 pm

    Amigo F. Castro:
    Me ha gustado mucho su comentario sobre “La oración de las vírgenes prudentes”. Es breve, pero en él, casi como si darse cuenta, usted ha invertido la parábola: ya no son ellas las que esperan que la puerta se abra, sino que tú propones que seamos nosotros los que abramos la puerta. Con su comentario ha desentrañado parte del mensaje oculto en la parábola, en una línea muy apropiada.
    En realidad, todo ese breve artículo, tiene el objetivo de despertar en los que lo leen reflexiones como la que tú acabas de hacer. Gracias por tu colaboración tan enriquecedora.
    Fr. Ramón de la +

  4. 4 fr. Ramón de la Cruz 11, enero, 2009 en 1:11 pm

    Querida Nidia:
    Cierto que mucas mentes no están disponibles para comprender ni esto ni otros mensajes fundamentales. Vivimos en un tiempo en que no se hacen preguntas fundamentales, por lo que falta un espíritu de indagación fuerte. Pero no podemos renunciar a quedarnos con los brazos cruzados. Hay que espolear los espíritus para que al fin, cuando estén dispuestos se hagan las preguntas necesarias y encuentren las respuestas inesperadas y maravillosas que la vida esconde.
    Gracias por tu comentario sincero.
    Fr. Ramón de la +


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