Textos monásticos de todos los tiempos: Akârânga-sûtra

kalpa

Los monjes de todos lo tiempos se han adentrado en la experiencia común del Misterio divino. Aun perteneciendo a distintas tradiciones religiosas, tienen muchas cosas que les asemejan. La totalidad de su entrega, el descubrir que sólo hay una cosa necesaria: Dios, y la pedagogía que les dispone a la experiencia sagrada, constituyen un universo familiar para todos ellos.

A partir de ahora os iremos presentando diversos textos de esta rica tradición monástica milenaria, no tanto para leerlos y olvidarlos, sino para rumiarlos en la soledad, pues de ella surgieron.

LA ASCESIS DE MAHAVIRA

No se quitó sus vestidos durante un año y un mes. Pasado este tiempo, el Venerable, despojándose de sus ropas, anduvo desnudo, renunciando al mundo y sin hogar…

Renunciando a la compañía de sus familiares, se puso a meditar. Le preguntaban y no daba respuesta. Avanzó sin transgredir el sendero justo…

Fue golpeado por palos y herido por pecadores…

Durante más de dos años llevó una vida religiosa sin probar el agua fresca. Anduvo solitario, guardó su cuerpo, logró la intuición y permaneció en calma…

Como un elefante en la primera línea de combate, así resultó victorioso Mahavira. A veces no llegaba a entrar en una aldea de Ladha.

Cuando el que estaba libre de sus deseos se acercaba a la aldea, los habitantes le recibían en las afueras y le atacaban, diciendo “ Márchate de aquí”.
Era golpeado entonces con palo, puño, lanza; le tiraban una fruta, un terrón, un cascote. Golpeándole una y otra vez, mucho gritaban.

Cuando al fin se sentaba, sin mover su cuerpo, ellos desgarraban su carne, le mesaban los cabellos, causándole dolor, o lo cubrían de polvo.

Lo arrojaban a lo alto y lo dejaban caer, o le perturbaban cuando adoptaba sus posturas religiosas. Abandonado todo cuidado de su cuerpo, el Venerable se humillaba y soportaba el dolor, libre del deseo…

Desentendiéndose de las impresiones de los sentidos, el Brahmana peregrinaba siempre, hablando apenas. A veces el Venerable se ponía a meditar bajo la sombra en la estación fría.

En verano se exponía al calor, se sentaba en cuclillas bajo el sol. Vivía de alimentos crudos, arroz, yuyuba machacada y habas.

Con estas tres cosas se sustentó el Venerable durante ocho meses. A veces el venerable se pasaba sin beber medio mes y hasta un mes entero…

Akârânga-sûtra 18.

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