Archivo para 31 mayo 2009

Diversidad de metáforas monacales (I)

(El autor de este trabajo es Juan Yennis, carmelita de alma. Vive en San Antonio, Texas. Su inquietud por la espiritualidad del Carmelo y por el tema del Desierto carmelitano le han llevado a reflexionar sobre estos temas)

Diversidad de metáforas monacales (I)

I. Introducción

En su larga trayectoria, la tradición monástica cristiana ha recurrido a diversas metáforas para expresar sus rasgos fundamentales. Estas figuras densas de significados se adecuan mejor para ello que las fórmulas conceptuales de la teología más racionalista y las tipologías jurídicas del derecho canónico. La reflexión que sigue será muy libre, personal; no me propongo probar nada y por tanto no uso referencias y datos muy específicos. Sólo pretendo sugerir un posible camino interpretativo. Aunque a veces pueda sonar muy seguro de lo que digo, mis afirmaciones más rotundas son sólo intuiciones que se me dan “desde lejos” y que estimulan mi propio discernimiento vocacional. Sencillamente trato de adentrarme en el hecho de la diversidad de estilos monacales prestando atención a las distintas metáforas seminales que se encarnan en unas y otras escuelas de espiritualidad. Creo que ciertas formas de lo poético ayudan a que nos acerquemos a todo lo que por su profundidad existencial se nos da a vivir como misterio. En este texto, primero expondré algo sobre las figuras literarias que operan en la articulación de diversas espiritualidades y sus posibles correspondencias con cuestiones de sicología espiritual; luego me detendré un poco más en la metáfora nupcial del Cantar de los cantares, por su importancia en el Carmelo y en la historia del misticismo cristiano; terminaré con las expresiones metafóricas del desierto carmelitano.

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INSTRUCCIÓN para los Desiertos de la Orden de los Carmelitas Descalzos: DECRETO – Capítulo 1 (I)

CAPÍTULO 1: EL DESIERTO EN LA TRADICIÓN DE LA FAMILIA TERESIANA (I)

1. El Desierto en el Carmelo Teresiano

Nuestra Madre Santa Teresa, al recordarnos nuestra llamada “a la oración y contemplación”, evoca “aquellos santos Padres nuestros del Monte Carmelo, que en tan gran soledad y con tanto desprecio del mundo buscaban este tesoro, esta preciosa margarita” de la contemplación (1). Este ideal de vida contemplativa lo propuso no sólo a sus monjas, sino también a sus religiosos empeñados en la actividad apostólica al servicio de la Iglesia. A ellos recomendó especialmente, entre otras cosas, que tuvieran “ermitas en sus huertas donde pudieran retirarse para hacer oración a imitación de nuestros santos Padres” (2).

Al igual que la Santa Madre, San Juan de la Cruz se empeñó por vivir profundamente la tradición contemplativa de la Orden. Amó la soledad y el silencio como medios apropiados para una experiencia de Dios y los recomendó vivamente (3). El ejercicio perseverante de la oración contemplativa lo hizo, al mismo tiempo, sensible a las necesidades de los hombres y lo condujo a la actividad apostólica, que a su vez enriqueció su experiencia de Dios.

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Pedagogía contemplativa III

En el último apartado vimos la necesidad de concretar la contemplación en una ejercicio: unos iconos, una vela, sentarse, una frase repetida…

Cuando alguien comienza a orar, empieza utilizando las herramientas más elementales, a las que estamos ya acostumbrados. Como nos son familiares, no nos es difícil ponerlas al servicio de la oración, pues ya las usamos constantemente para la vida ordinaria.

El pensamiento suele ser una herramienta muy utilizada. La persona se sienta o se arrodilla y empieza a meditar hablando con Dios o razonando sobre algún tema religioso, dándole vueltas, e intentando que ese diálogo inventado por mí, o esas reflexiones piadosas, vayan penetrando en mi alma y motivándola, de la misma manera que me dispongo a tomar una decisión, y a animarme a ser fiel a ella, cuando previamente tengo pensamientos que me van impulsando en esa dirección. Santa Teresa habla de este método de orar, y lo llama oración discursiva. Ella no es muy partidaria de él, pues a ella le era difícil concentrarse con esta técnica, y consideraba que a la larga esto cansaba la mente: ……..

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INSTRUCCIÓN para los Desiertos de la Orden de los Carmelitas Descalzos: DECRETO

El 21 de octubre de 1983, el Definitorio aprobaba “ad experimentum” la Instrucción para los Desiertos O.C.D. Este texto se preparó, después de haber escuchado a las comunidades eremíticas de la Orden y a los Provinciales y Superiores de las otras circunscripciones.

El Capítulo General de 1985 pidió que se prolongara el tiempo de experiencia que se había prefijado anteriormente. En 1991, el nuevo Capítulo General encomendó al Definitorio la revisión del texto para la aprobación definitiva del mismo.

Para cumplir esa tarea, el Definitorio consultó a algunos expertos en la materia y, nuevamente, a las comunidades eremíticas.

Después de examinar detenidamente los aportes ofrecidos, el Definitorio aprobó el nuevo texto de la Instrucción para los Desiertos O.C.D., en su sesión 133 del 30 de septiembre de 1993.

Al presentar a la Orden este texto definitivo, esperamos que se transforme en semilla de una renovada vitalidad para las casas eremíticas de la Orden, que tienen la misión de mantener viva en nosotros la conciencia del aspecto contemplativo de nuestra vocación carmelitano-teresiana.

Que la existencia de esos conventos sea también, en una apertura eclesial, testimonio de la presencia de Dios en el corazón del mundo, y medio eficaz para ayudar a los creyentes a descubrir las dimensiones contemplativas de su vida cristiana y el valor de la oración, como escucha de Dios para comprometerse en el servicio de su Reino.

Roma, 15 de octubre de 1993, solemnidad de N.M. Santa Teresa de Jesús.

Fr. Camilo Maccise, OCD Prepósito General
Fr. Silvano Veseovi, OCD Secretario General

Poco a poco iremos desgranando dicha instrucción, que rige nuestras vidas en el Desierto.

Pedagogía contemplativa II

La vida contemplativa comienza cuando caemos en la cuenta de la propia realidad. Ya lo vimos en la parte primera.

Desde esta realidad se inicia una búsqueda del Misterio de Dios que, de alguna manera, nos ha tocado, o que anhelamos. A veces esta búsqueda aparece bajo otros ropajes: necesidad de sentido ante el sufrimiento, ante la propia frustración, etc. De la manera que sea, la persona insatisfecha busca un camino que la haga volver al hogar.

Desde el principio es necesario concretar una pedagogía elemental. La pregunta de los que quieren aprender oración contemplativa es muy directa: ¿cómo hacerlo? La respuesta ha de serlo también. Seguir leyendo ‘Pedagogía contemplativa II’





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