Espiritualidad, Pedagogía contemplativa, Reflexiones

El Contemplativo y el mundo (2 de 3)


¿Es el contemplativo un hombre ajeno al mundo? ¿Se siente el contemplativo un ser extraño, sin misión y casi desterrado? ¿Tiene algo que decir hoy el contemplativo a los hombres sus hermanos?

La historia de los hombres en relación al misterio de Dios se puede comparar a la trayectoria que hace la tierra alrededor del sol. Unas veces la tierra está más cerca del sol y los rayos de éste le dan en toda su potencia. Otras veces se va alejando más y más y los rayos del sol llegan más débiles. Pero cuando parece que se va a alejar del todo, la tierra da una vuelta y comienza de nuevo el acercamiento.

En esos momentos de más lejanía del sol, el contemplativo, mantiene y conserva el calor y la luz en la tierra. Es testigo de ese Dios vivo cuya presencia parece que se apaga. Pero siempre en estos momentos surgen los contemplativos que nos hacen de lumbrera y mantienen encendida la fe en Dios cuando parece que se va a apagar. El contemplativo no tiene miedo al mundo. Frente a aquellos que como el avestruz han hecho del miedo el constitutivo formal de su opción y tienen miedo del miedo mismo. El contemplativo les recuerda que la verdad es sólo de Dios, y que los dogmas son sólo la plata que recubre un vaso de oro pero que no podemos verlo. Cuando la vida se seca y surge el miedo ante un mundo nuevo podemos caer en la tentación de confundir a Dios con lo que creemos de Él. Dios es más grande que nuestros dogmas y las ideas que de Él tenemos. El contemplativo recuerda al hombre religioso que toda religión es perversión cuando el hombre intenta conquistar a Dios, o lo que es peor, crearlo a su imagen y semejanza. “Deus semper maior” ha repetido la teología a través de los tiempos.

(Escrito por El Hermano)

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El contemplativo (introducción)

[Foto: Jardín contemplativo color, por TwOsE]
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