GRACIA DEL DOMINGO DE RAMOS

Nuestro Padre Jesús de la Victoria1. El día de Ramos, acabando de comulgar, quedé con gran suspensión, de manera que aun no podía pasar la forma, y teniéndomela en la boca, verdaderamente me pareció, cuando torné un poco en mí, que toda la boca se me había henchido de sangre. Y parecíame estar también el rostro y toda yo cubierta de ella, como que entonces acabara de derramarla el Señor. Me parece estaba caliente, y era excesiva la suavidad que entonces sentía, y díjome el Señor: Hija, yo quiero que mi sangre te aproveche, y no hayas miedo que te falte mi misericordia. Yo lo derramé con muchos dolores, y gózaslo tú con gran deleite, como ves; bien te pago el convite que me hacías este día.

2. Esto dijo porque ha más de treinta años que yo comulgaba este día, si podía, y procuraba aparejar mi alma para hospedar al Señor; porque me parecía mucha la crueldad que hicieron los judíos, después de tan gran recibimiento, dejarle ir a comer tan lejos; y hacía yo cuenta de que se quedase conmigo y harto en mala posada, según ahora veo. Y así hacía unas consideraciones bobas, y debíalas admitir el Señor; porque ésta es de las visiones que yo tengo por muy ciertas; y así para la comunión me ha quedado aprovechamiento.

Santa Teresa CC

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