UN RETRATO LITERARIO DE SANTA TERESA

.Celebramos hoy la fiesta de San Pedro de Alcántara conocido por todos por la descripción que de él hace Santa Teresa en el capítulo 27 del libro de la Vida. En el Carmelo Descalzo también tenemos que recordar en este día de manera especial a una de las hijas más queridas de Teresa de Jesús, a María de San José (Salazar). Esta intrépida carmelita descalza, entre otras, fue la fiel transmisora del carisma teresiano con sus escritos y vida. Nació en 1548 (posiblemente en Toledo) y por seguir el ideal teresiano murió desterrada en el convento de Cuerva (Toledo) un 19 de octubre de 1603.

 

Entre sus escritos, encontramos un retrato hecho en primera persona de su querida Madre Teresa de Jesús:

 

“Era esta santa de mediana estatura, antes grande que pequeña; tuvo en su mocedad fama de muy hermosa y hasta su última edad mostraba serlo; era su rostro no nada común sino extraordinario, y de suerte que no se puede decir redondo ni aguileño; los tercios de él iguales, la frente ancha e igual y muy hermosa, las cejas de color rubio oscuro con poca semejanza de negro, anchas y algo arqueadas; los ojos negros, vivos y redondos, no muy grandes, mas muy bien puestos; la nariz redonda y en derecho de los lagrimales, para arriba disminuida hasta igualar con las cejas, formando un apacible entrecejo, la punta redonda y un poco inclinada hacia abajo, las ventanas arqueaditas y pequeñas y toda ella no muy desviada del rostro.

 

Mal se puede con pluma pintar la perfección que todo tenía: la boca, de muy buen tamaño; el labio de arriba delgado y derecho, el de abajo grueso y un poco caído, de muy linda gracia y color; y así la tenía en el rostro, que con ser ya de edad y muchas enfermedades, daba gran contento mirarla y oírla porque era my apacible y graciosa en todas sus palabras y acciones.

 

Era gruesa más que flaca y en todo bien proporcionada; tenía muy lindas manos, aunque pequeñas; en el rostro, al lado izquierdo, tenía tres lunares levantados como verrugas pequeñas, en derecho unos de otros, comenzando desde debajo de la boca el que mayor era, y el otro entre la boca y nariz, el último en la nariz, más cerca de abajo que de arriba

 

Era en todo perfecta como se ve por un retrato que al natural sacó fray Juan de la Miseria, un religioso nuestro.” (Libro de recreaciones, recreación octava, pág. 188).

 

Este doble tesoro  de nuestra Santa Madre Teresa de Jesús (la descripción de María de San José y el cuadro de fr. Juan de la Miseria) lo podemos disfrutar y contemplar en el monasterio de las carmelitas descalzas de Sevilla que además tienen la gran suerte de custodiar también en su clausura una de las joyas más preciadas de todo la historia de la espiritualidad: Castillo interior. A ello hay que sumar que la misma María de San José fue la primera priora de esta comunidad tan querida por Teresa de Jesús. María de San José, Teresa de Jesús y Sevilla son tres nombres que no pueden separarse ni olvidarse al hablar del Carmelo Descalzo.

 

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CONTEMPLACIÓN EN SAN JUAN DE LA CRUZ (I)

“Aprenda el espiritual a estarse con advertencia amorosa en Dios, con sosiego de entendimiento, cuando no puede meditar, aunque le parezca que no hace nada. Porque así, poco a poco y muy presto, se infundirá en su alma el divino sosiego y la paz” (San Juan de la Cruz)

La enseñanza de san Juan de la CRuz pretende llevar a la persona, por encima de todo, a su madurez espiritual, y ésta se logra por el desapego. Una vez liberada la persona se une con Dios. El Santo sitúa la oración dentro de este proceso de liberación integral, surgiendo de él naturalmente, como fruto de un proceso íntimo. Por ello no queda reducido a una mera técnica.

Hay que adevertir que Juan de la Cruz habla para personas ya iniciadas. NO se entretiene en las oraciones activas de tipo discursivo o imaginativo como hace santa Teresa. Su mayor interés es adentrar a la persona en la oración contemplativa.

El paso de la oración meditativa a la contemplación está llamado por lo que san Juan de la CRuz llama advertencia amorosa. Ella es una mirada siemple que predispone a la persona para recibir la presencia de Dios. Esta advertencia es el método con el que san Juan de la CRuz enseña a orar contemplativamente. Con él nos recogemeos en Dios, el alma se pacifica y fortalece, y nuestras obras son expresión de vida.

La advertencia amorosa es una capacidad que se desarrolla a partir de un proceso de ascesis y negación que el hombre realiza movido por Dios. También supone, por lo general, una práctica de la oración activa durante algún tiempo. Además, está acompañada de una cierta purificación pasiva que Dios va realizando en la persona.

Esta adevertencia supone, además, una experiencia de sequedad, tanto en las cosas materiales como en la vida espiritual, pero sin dejar de anhelar a Dios, aunque no lo pueda comprender ni imaginar. De este anhelo surge la adevertencia amorosa, y con ella se abre la puerta de la oración contemplativa