La lamparita del sagrario


Lamparina 3

Todos tenemos guardado en nuestra memoria algunos acontecimientos que nos han permitido obtener una enseñanza para toda la vida. No siempre, el hecho de recordarlo se da por la grandiosidad de lo ocurrido, sino por la profundidad con que el mensaje quedó grabado en nosotros. Me gustaría compartir uno de estos acontecimientos afortunados.

Cuando era joven, tendría unos veinte años, me inquietaba la vida contemplativa. Como no sabía bien lo que era, fui a entrevistarme con un monje y pedirle que me explicara el sentido de una vida solitaria y oculta. Aquel hombre sabio no utilizó muchas palabras para contestar a mi pregunta, apenas hizo una sencilla comparación: “la vida contemplativa es como la luz del sagrario, no es una gran luz, no sirve para alumbrar un gran espacio, ni es capaz de calentar del frío. Pero, indica, de manera sencilla y eficaz, que Jesús está vivo, presente en medio de nosotros”.

Estas palabras, con frecuencia vuelven a mi mente cuando me detengo contemplando la lamparita de nuestra capilla. Me causa admiración el hecho de que una frágil llama apunte a algo tan grande. Su constancia hace que cumpla su misión indicar la presencia de Jesucristo, pero al mismo tiempo, la lleva a consumirse. La luz del sagrario está sujeta a un espacio pequeño y reducido, pero habla de realidades universales y eternas.

La lamparita del sagrario define muy bien la vida de los contemplativos de ayer y de hoy.

 

Fray Emmanuel María

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