Los senderos de la vida

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Todos los que se han acercado al Valle de las Batuecas saben lo agradable que es dar un paseo por los diversos senderos que hay. La naturaleza, aquí, perpetúa su encanto original, tornándose en un verdadero oasis para quien busca la contemplación.

Algunas veces me gusta explorar nuevos caminos, llegar a lugares no muy visitados. ¡Cómo si emprendiese una expedición en busca del “edén perdido”! La búsqueda por novedad hace mezclar sentimientos y actitudes diversas como la determinación y el miedo. La recompensa de esta actitud es no quedarse en lo mismo, vislumbrar nuevas caminos, experimentar nuevas sensaciones, contemplar nuevas bellezas…

Pero, algunas veces me gusta retornar por caminos que ya he trillado, procurando captar aquello que no había percibido antes. Así, camino despacito, me detengo en la forma de los árboles o en el color de las hojas. Cada cosa se reviste de una peculiaridad indescriptible. Cada cosa es única y tiene su hermosura. En estos paseos busco algo allá de lo que veo, busco “las huellas” del Criador. Aquí se educa el mirar contemplativo y se desarrolla la capacidad humana de entrar en comunión con cada cosa creatura, como parte de la misma creación.

En verdad, estas son dos actitudes fundamentares en la vida. La primera no deja que nos acomodemos, la segunda nos hace valorar cada cosa. Quizá, lo difícil sea saber en qué momento sea más conveniente una y otra. Discernir según el corazón de Dios será siempre nuestro reto.

 

Fray Emmanuel María

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Vivir el tiempo presente en la presencia de Dios

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Al comenzar el año nuevo no puedo menos que recordar las palabras de san Agustín acerca del tiempo y sus dimensiones (pasado-presente-futuro) “Es claro y manifiesto que no existen los pasados ni los futuros, ni se puede decir con propiedad que son tres los tiempos: pasado, presente y futuro; sino que tal vez sería más propio decir que los tiempos son tres: presente de las cosas pasadas, presente de las cosas presentes y presente de las futuras. Porque éstas son tres cosas que existen de algún modo en el alma, y fuera de ella yo no veo que existan: presente de cosas pasadas (la memoria), presente de cosas presentes (visión) y presente de cosas futuras (expectación). Si me es permitido hablar de otro modo, veo ya los tres tiempos y confieso que los tres existen. (Confesiones, Libro XI, cap XX, 26).

Como enseñanza para el nuevo año, veo en estas palabras del santo de Hipona una invitación a vivir cada día en su presente, o lo que es lo mismo, situado en mi presencia ante la Presencia de Dios. Porque sólo en el presente está la salvación y ahí hay que buscarla: “Os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Pues dice: «En el tiempo favorable te escuché, en el día de la salvación te ayudé». Pues mirad: ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación” (2 Cor 6,1-2). ¡Qué importante es vivir cada día en su afán! (cf Mt 6,33); para mí que en esto consiste la vida contemplativa.

P. Casto Acedo.

Contemplare.blog

Compartir una meta común

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Amiga/o, quienquiera que abras esta página web, bienvenido seas. Espero poder ofrecerte una reflexión sencilla, con la que compartir el silencio creador de este valle de Las Batuecas.

Llegar a ser el que soy, desde la verdadera y auténtica realización a la que estamos llamados, se descubre cuando nos acercamos al misterio que fundamenta nuestro ser, porque el también es el que es por ser para mí, criatura humana a la que entrañablemente ama.

Así es como nuestra entrega al prójimo es auténtica, más aún tiene esa urgencia de descubrir en él no un objeto al que pretendo ofrecer una ayuda, no un adversario al que juzgar, sino una persona con la que quiero compartir una meta común, la de nuestra verdadera realización como seres humanos, nuestra verdadera salvación.

Con esta gozosa esperanza, entiendo muy bien lo que Santa Teresa pudo guardar en su conciencia como un tesoro: “Si veo en algunas personas cosas que a la clara parecen pecados, no me puedo determinar a que ellos hayan ofendido a Dios… parecíame que el cuidado que yo traigo de servir a Dios traen todos…” (CC Oct.-Dic. 1560).

Y también creo con San Juan de la Cruz que venir a descubrir la auténtica caridad que nos une a todos es no poder juzgar mal, porque se entiende claro estar todos llamados a la comunión. Vivir en esta clave teresiano-sanjuanista para los demás es el verdadero olvido de sí para ser para los otros.

(P. F. B.)