Reflexiones

Escuela de Serenidad


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Batuecas es también una escuela de serenidad. Desde hace miles de años el río Batuecas corre alegre por su cauce, dejando a su paso un rumor de agua viva. Serenidad. Desde hace miles de años las montañas están ahí arriba, dibujando sus siluetas en el horizonte y protegiéndonos de los vientos gélidos del norte. Serenidad. Paz. Desde hace miles de años, en los días soleados el aire de Batuecas es limpio, puro, transparente, luminoso. Serenidad. En los días lluviosos una humedad fecunda lo envuelve todo. El vapor, como humo, se cuela por entre la floresta y los riscos, mientras la llovizna ablanda la tierra. Una luz tenue es suave bálsamo para el espíritu. Serenidad. Belleza. Desde hace miles de años, cuando hay luna llena, la noche se viste de un fulgor plateado que te embarga el alma. Cuando no hay luna, las estrellas brillan hasta la emoción. Serenidad. Paz. Felicidad.

Desde hace cientos de años un puñado de carmelitas descalzos habitan el valle de las Batuecas, meditando día y noche la ley del Señor. Serenidad. Paz. Desde entonces Batuecas no sólo es uno de los lugares más bellos y misteriosos de España, es también un lugar sagrado, santo: el santo Desierto de San José del Monte. Serenidad. Simplicidad de vida. Santidad. Hoy en Batuecas un puñado de religiosos y huéspedes seguimos empeñados en darle la batalla al ruido, a la prisa, a la ansiedad; en aprender el arte de la serenidad. En Batuecas uno va sintiendo que la felicidad no consiste en que todo te vaya bien sino en aceptar con serenidad los vaivenes de la vida. Pueden fallarte los amigos, la familia, el trabajo, la salud. No importa. Si te abres con serenidad a la voluntad de Dios y acoges su gracia, sentirás su dulce amor. Entonces lo amarás con locura y amarás a tus hermanos. Entonces encontrarás la verdadera felicidad. En Batuecas y donde Dios quiera.

 

Pablo María

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