Reflexiones

La pobreza que tanto ayuda a una auténtica vida humana en libertad

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Amiga/o, quienquiera que abras esta página web, bienvenido seas. Espero poder ofrecerte una reflexión sencilla, con la que compartir el silencio creador de este valle de Las Batuecas.

            Nuestro encargado de preparar nuestra página me recuerda que he de ofrecer mi pequeña experiencia en la próxima semana, acojo con gusto su invitación. Sé que es la puerta que hemos abierto para que podáis conocernos a los que integramos esta comunidad de carmelitas descalzos y amigos que se incorporan a nuestra comunidad para vivir en este “Desierto de San José de Las Batuecas”.

Después de haber compartido con vosotros lo que me ayuda a vivir el silencio, paso a compartir lo que experimento cuando siento la posibilidad que me ofrece este lugar de vivir la pobreza. Parto del hecho que no me falta nada de lo necesario, pero me siento feliz sabiendo que sólo lo necesario es lo que me ayuda a alcanzar la bienaventuranza ligada a la pobreza. Todo lo superfluo me robaría esta alegría.

He ido aprendiendo, al tener que vivir en el espacio que me ofrece la pequeña ermita en la que estoy, a valerme por mí mismo, pero al mismo tiempo a acoger cuanto recibo de los demás sintiendo la necesidad de recibirlo con agrado, y por supuesto no acaparándolo porque me puede hacer falta en un futuro que proyecto de forma egoísta. He aprendido también a pedir con sencillez que me enseñen cosas elementales que antes, al no tener que valerme por mi mismo,  no conocía, por ejemplo como funcionan determinadas máquinas domésticas…,

No quiero con esto hacer juicio alguno sobre cómo en la sociedad de hoy día el trabajo está especializado y organizado, cada uno ha de servir desde su puesto o encargo; pero sí doy testimonio de que este lugar, llamado a rememorar una forma de vida, que llamamos de ermitaño, conlleva el vivir esa pobreza de la que hablo que tanto ayuda a una auténtica vida humana en libertad.

 

 P. Francisco Brändle

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