Reflexiones

Dios se paseaba por el jardín


paseo

Entre las actividades más placenteras que podemos hacer en este Desierto de San José de las Batuecas, es dar un sencillo paseo por el valle. Un paseo con pasos lentos, mirar atento, escucha silenciosa… No como un paseo turístico, donde se quiere aprisionar la belleza de la creación en una imagen. Los aparatos, siempre más sofisticados, no consiguen retener la diversidad de datos captados por nuestros ojos y cuando se aproximan de ello, no pueden comunicarnos la sensación única que el conjunto de los elementos nos ofrece. ¡La experiencia de la belleza continúa siendo única e incomunicable!

El libro de Génesis dice que “Dios se paseaba por el jardín” y que nuestros padres “oyeron el ruido de sus pasos” (Gn 3,8). Como se ve, también a Dios le gusta dar un paseo. Tengo muchos elementos para sospechar que uno de sus lugares preferidos es este valle de las Batuecas. La verdad es que aún no he perdido la esperanza de coincidirnos en lo mismo horario del paseo. Pero, siempre escucho el ruido de “sus pasos” y algunas veces me parece haber visto sus “espaldas”, como prometió a Moisés (Ex 33,23).

¡Qué encantadora es la pedagogía de Dios! Él se acerca a nosotros, nos permite escuchar el ruido de sus pasos, percibir sus huellas, sentir el suave olor de su presencia, llegar a ver sus espaldas, pero permanece misterio inviolable, que ejerce sobre nosotros profunda fascinación. Unas veces es la “suma cercanía” en la plena “transcendencia” y otras, la “suma transcendencia” en la más íntima cercanía.

Por eso, continuaré mis paseos por los senderos de la vida, buscando estar atento a sus “huellas”, sin perder la esperanza de un día con Él pasear por las moradas eternas.

 

Fray Emmanuel María

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9 comentarios en “Dios se paseaba por el jardín”

  1. Gracias, hno, quien sabe Dios si hizo el mundo para darnos un paseo, hizo el mar y cuanto contiene, el cielo y las estrellas, las aves, los árboles y todo cuanto ha creado,… cual jardin amable que, por algún traspiés de raíz, hubo un tropiezo, y al oír aquellos pasos amables del Jardinero, sonaron estruendosos, y del miedo, hasta el mismo Dios se escondió por no asustarnos, y a partir de entonces procura buscarnos con una afán inimaginable, por cañadas y valles nemorosos, en su susurro, sin hacer ruido, sigilosamente, para mostrar el camino sin mostrarse, sin hacer ruido, sólo deja su huella, a lo lejos sus espalda, cual cervatillo, su paso en aparente ausencia, nos silba y llama para escondernos en el, y perdidos en el, hallarle, perdidos los miedos ganando su presencia.

  2. Acabo de hacer un pequeño paseo por el jardín de la Casa de Espiritualidad Santa Teresa, en La Plata. También percibí Su perfume y su invisible Presencia y de regreso leo este artículo, tal y como si Él me dijera: “Si, era Yo quien paseaba contigo”. Gracias por tus palabras, llegaron en el tiempo oportuno. Maricris de Jesús ocds.

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