Reflexiones

Haz lo que es en ti y déjame tú a mí


Cristo de Santa Teresa

Durante el curso que empecé a estudiar Teología en Salamanca entré en crisis por un cúmulo de circunstancias adversas: en casa nos imponían demasiadas actividades, de manera que no podía llevar los estudios al día; empecé a tener la sensación de que me rechazaban por la edad (mi vocación fue muy tardía), de que me iban a expulsar de la Orden; empecé a dormir mal, con lo cual mi rendimiento académico bajó todavía más. En fin, un desastre… Un día nos comunicaron que haríamos un retiro en Duruelo, el “lugarcillo” de la provincia de Ávila donde un 28 de noviembre de 1568 se estableció la primera comunidad de Carmelitas Descalzos, tres frailes, entre ellos Juan de la Cruz. Estaba programado empezar el retiro un viernes por la tarde, que era precisamente 28 de noviembre, el aniversario de la fundación; y terminar al día siguiente, el sábado por la tarde. Al lunes siguiente, yo tenía un examen parcial de Libros Sapienciales que no me había dado tiempo de preparar, de manera que me monté en la furgoneta como aquel a quien llevan al matadero y –por supuesto– cargado con los apuntes para estudiar el máximo tiempo posible. Dadas las circunstancias, no se me pasaba por la cabeza que pudiera sacarle el más mínimo provecho espiritual al retiro; ni siquiera llevaba la intención de rezar en absoluto. Entonces el Señor derramó su gracia… y todo cambió.

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