Reflexiones

Virgen de la Contemplación


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Hace ya algunos meses que direcciono mis pensamientos, en el inicio del día, para Nuestra Señora. Las paredes de nuestras ermitas, despojadas de todas las cosas exquisitas que podrían distraernos de lo esencial, se enriquecen con un sencillo icono de la Virgen de la Contemplación, obra de la Escuela de las Carmelitas Descalzas de Harissa (Líbano). Entre el sueño y el despertar, cuando aún la mente no ha recobrado toda su claridad, ya pongo el itinerario del nuevo día en el seno materno de la Virgen María.

Con el correr de los días la oración fue tomando forma y por hora lo he sintetizado en una pequeña frase: “O María acógeme en tu seno virginal y engéndrame para la vida eterna”. ¿Qué lugar más seguro para un niño sino el seno de su madre que le ama? Así, cada mañana escojo pasar el día en las entrañas maternas de Nuestra Señora. Hago como un niño indefenso, que delante del peligro y de las limitaciones recurre a un lugar seguro. En las horas de las tentaciones, cuando escoger el camino propuesto por Dios no me resulta agradable y tantas otras vías se hacen mucho más atractivas, entonces, como un niño, vuelvo a un lugar seguro, las entrañas de Virgen María y allí retomo mi opción existencial.

            Otro elemento que me encanta en este icono son los brazos extendidos. Es la imagen de la Iglesia orante, en súplica o en alabanza. ¡Quien me diera pasar el día en esta actitud orante! Sus brazos abiertos indican también la completa disponibilidad a la voluntad de Dios. Entrega total al proyecto amoroso del Padre para la salvación de la humanidad. Sin resistencias, sin condiciones, sin miedos…

            Hay muchos otros elementos de este icono que todavía no he penetrado o mejor, que no han penetrado en mí. Por eso, no hablo de ellos, yo los conozco, pero aún son extraños a mi vida. Creo que también esto he aprendido de María: hablar de lo que se busca vivir.

Fray Emmanuel María

 

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