Reflexiones

La gota del agua en el borde del cáliz


cálice 1

El silencio tiene sus ventajas, una de ellas es permitir estar atentos a los acontecimientos sencillos y extraer de ellos alguna enseñanza. En el bullicio del día a día ellos pasarían desapercibidos como algo cualquiera. Comparto algo que me pasó días atrás durante la celebración de la misa. Por algunos segundos me quedé estupefacto contemplando una pequeña gota de agua que se no había unido con el vino que el sacerdote había echado en el cáliz.

Quizá nuestro lector ignore, más en la presentación de las ofrendas el sacerdote añade al vino un poco de agua y hace la siguiente oración de forma silenciosa: “Por el misterio de esta agua y este vino, haz que compartamos la divinidad de quien se ha dignado participar de nuestra humanidad”. El agua es la humanidad que, al ser mezclada al vino, pasa a compartir de la divinidad. ¡Es un simbolismo precioso!

Pero lo que me inquietó fue aquella pequeña gota del agua que no se ha unido al vino. Se quedó en la borde del cáliz, como quien resistiese hacerse parte del misterio. Luego me ha venido a la mente nuestras resistencias que no nos permiten entregarnos del todo a Dios. Sé que las resistencias provienen de los miedos ocultos que llevamos en nuestro inconsciente. Mirando de lejos algunos miedos parecen sin sentido y hasta insignificantes, pero ejercen un factor determinante en nuestras opciones.

Tengo para mí que nuestros contemporáneos no llevan bien resuelto esta cuestión y quizá, por esto, se resisten delante del misterio. Se quedan en el borde del cáliz, como aquella gota del agua. Si abriesen las puertas del corazón para el misterio podría recibir mucho más de lo que buscan, podrían “compartir la divinidad de quien se ha dignado participar de nuestra humanidad”.

Fray Emmanuel María

 

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