Reflexiones

Cuando estés enteramente en cada cosa que haces, entonces, serás feliz

viaje 3 - blog

Había un joven que vivía en un pequeño pueblo, cerca de un monasterio, siempre le llamaba la atención el hecho de que aquellos hombres vivieran solitarios, despojados de tantas cosas, pero le inquietaba aún más el hecho de que eran felices. Como esto le quitaba el sueño, resolvió acercarse y conocer aquel estilo de vida. Poco a poco fue le encantando aquella forma de vida, de tal forma, que muy pronto dejó todos sus proyectos para formar parte de aquella comunidad solitaria.

El entusiasmo que traía le acompañó durante algunos meses, pero luego se sintió perturbado y el desánimo se abrió paso en su corazón.  Ya decidido a retornar a su pueblo, a sus cosas, a su familia, fue hablar con su padre espiritual. Este anciano, conocedor de las pasiones del alma, le propuso una tarea antes de marcharse. Le sugirió el anciano: “Contempla aquel monte, fija tu mirada en él”. El joven hizo lo que su maestro le pedía. Al ser preguntado por lo que veía, dice: “yo veo diversos árboles, de distintos tamaños, con tonalidades diferentes; veo también la roca, su forma, todo parece tan encantador…”. La respuesta del joven expresaba su alma contemplativa y el fascino que todo aquello le causaba.

Sugirió entonces el anciano: “sube hasta la cumbre del monte”. Nuevamente hizo lo que le sugirió. Pero, hizo con tanta prisa que paso por el árbol, por la roca, por las flores, sin percibirlas. Al llegar a la cumbe estaba exhausto, pero había cumplido su meta. Al mirar para bajo pudo contemplar el monasterio, las ermitas que le rodeaban, los pequeños huertos de cada ermita, el río que por ahí pasaba. Todo le parecía tan hermoso, tan encantador… Poco a poco fue tomando conciencia de que aquello que él admiraba ahora, era suyo, ya le pertenecía, pero no le había dado su debido valor.

El joven había entendido la lección que el anciano deseaba darle. Era preciso vivir con intensidad lo que tenía, saber valorar lo que es suyo. La bajada del monte fue muy diferente, se detenía muy a menudo contemplando cada cosa, extasiado de tanta belleza, se sentía feliz y realizado. El anciano que le esperaba apenas le añadió una sentencia: “cuando estés enteramente en cada cosa que haces, entonces, serás feliz”.

 

Fray Emmanuel María

Anuncios