Reflexiones

Contemplación en el mundo


Obra Máxima

Tomo una revista en las manos, empiezo a leer, y muy pronto emergen sentimientos de indignación y revuelta. El tema es la controvertida cuestión de los refugiados, que ya ha se tornado un drama humanitario, aunque las autoridades competentes no lo asuman. La indignación da paso a la razón, que desea comprender mejor la cuestión. Los factores son múltiples, complejos y, sobretodo, desoladores, ya que apuntan a un sistema inhumano, cuyas reglas son determinadas por la economía.

A un contemplativo, este caos en que nos hemos metido, hace mover las entrañas; en su silencio parece escuchar el clamor de tantas voces, algunas ya silenciadas por la muerte trágica en la travesía del mediterráneo, pero que siguen clamando por justicia. No es fácil contener las lágrimas frente al absurdo de la maldad humana. Quizá sea en el corazón del contemplativo donde el contraste entre la luz y las tiniebla se haga más nítido.

Él se une místicamente a tantos hermanos y hermanas que sufren, no tiene cómo poner fin a este fratricidio, se siente pobre e incapaz. Su impotencia frente al sufrimiento no le sumerge en la desesperación, sino que le da una mirada llena de confianza en Aquél que creó y sostiene todas las cosas. Así la indignación se torna plegaria; su vida, una ofrenda; su silencio, un grito.

Mientras bosquejo estas palabras con la finalidad de sensibilizar sobre este drama humanitario, crece en mí la certidumbre de que la contemplación se hace con los ojos abiertos, en la realidad que nos rodea, en dialogo con nuestros contemporáneos, compadeciendonos del sufrimiento ajeno y llenando el mundo de esperanza.

 

Fray Emmanuel María

 

Anuncios