Aceptar nuestra pobreza en la oración


Amiga/o, quienquiera que abras esta página web, bienvenido seas. Espero poder ofrecerte una reflexión sencilla, con la que compartir el silencio creador de este valle de Las Batuecas.

            Comprendo y comparto las bellas definiciones acerca de la oración que se han dado desde la tradición cristiana y que no voy a repetir, pero tengo que confesar que aún descubriendo y viviendo el tato de amistad, la noticia general amorosa, en mi caso no se hace sino constatando también que la quietud y el sosiego hace que el cuerpo, quizás ya mal acostumbrado y difícil de corregir, confunda este momento con esos instantes nocturnos en el que nos viene el sueño, con lo cual, tengo que confesarlo la hora de oración es muchas veces una sesión de cabezadas, no buscadas, ni consentidas, sino soportadas, y vivo mi oración en esa pobreza.

Podría pensarse que poco vale entonces, y que mejor sería descansar y dormir más. Inútil, no es esa la cuestión, sino aceptar nuestra pobreza, pues el fruto va más allá de nuestros “éxitos”, y venir a reconocer lo que el otro día, haciendo un cambio de perspectiva se me dio a entender: Dios es el que da puesto en su casa a la estéril y le hace madre feliz de hijos (cfr. Sal 112). Esa oración en apariencia tan estéril, se convierte en fuente de una vida más fecunda en gracia y entrega.

Fray  Francisco Brändle

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