¿Qué ganas con mi muerte?


Amiga/o, quienquiera que abras esta página web, bienvenido seas. Espero poder ofrecerte una reflexión sencilla, con la que compartir el silencio creador de este valle de Las Batuecas.

            Sin duda que la audacia o confianza con Dios que muestra Santa Teresa la pudo aprender bien en los salmos, que ella leía y oraba con tanta devoción. Esa confianza, que parece audacia o atrevimiento me pareció verla al leer lo que se ora en el salmo 29,9, ¿qué ganas con mi muerte, con que yo baje a la fosa?. No sé lo que el salmista recibiría como respuesta, lo que a mí me ocurrió al  hacerla mía, fue algo muy simple: Me encontré con que se me vino a decir: ¿pero, es que crees que yo puedo pensar en ganar algo con tu muerte?, ¿crees que voy a dejarte bajar a la fosa? Con lo que quedé confundido.

Me resultó claro que Dios es un Dios de vivos, y nada gana con que el hombre muera, es más, no le dejará caer en ella. ¿Cómo es posible vivir en el temor servil sabiendo que Él nos sostendrá siempre?. Me sentí desbordado, confundido, lleno de una inmensa paz, que me descubría que el gran orante Jesús, vivió así su muerte.

Dios – Padre, estaba con Él, y nada ganaba con ella, no le podía exigir ese sacrificio, sino que juntos mostraban al hombre, que el Dios vivo, el Dios de los vivos, se entregaba por amor a aquella muerte en la que de modo último y definitivo el Dios que es amor se lo mostraba al hombre, poniéndose en sus manos, humillándose, pues es la suma Humildad, hasta ser de este modo mío y para mí, entregado por amor. Era la forma más sublime de decirlo, que perdonaba, que aseguraba a los pecadores la entrada en el Reino de los cielos.

Fray Francisco Brändle

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