El fruto escondido

Tengo que admitir que no siempre una frase del salmo se me convierte en un medio para vivir la oración, no me parece sino que su sentido se me hace anodino. Se pasó toda la hora y nada y más bien cuento con distracciones, somnolencias, arideces. He decidido creer que en tal situación, hay un fruto escondido que yo desconozco y que saldrá a la luz cuando yo no lo espero. Pero pongo mi momento orante en manos de María, miro la imagen que nos preside en la peana  en la que la hemos colocado en la pared frontal de nuestra capilla. Ella me consuela, sabe bien de lo que es la sequedad y el no tener sentido las cosas y no sólo los dichos. Que sentido se podía encontrar a aquel momento del Calvario, y esperó, hasta que realmente lo descubrió, era el paso a la resurrección. Ella me hace asegurarme que esos momentos orantes tan poco gratificantes pueden ser el momento de mi estar al pie de la cruz. Así espero vivirlo.

F. Brändle

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