Su Presencia

La iglesia recita los salmos unida a Cristo. Cristo se hace orante con ellos. Su petición sin duda fue, es y será  escuchada. Con estos pensamientos, repetía en mi oración silenciosa los versos del salmo 71: “que baje como lluvia sobre el césped, como llovizna que empapa la tierra” abierto a lo que pudieran revelarme sabiendo que era de Cristo de quien lo estaba diciendo, y que él lo pidió, lo pide y lo seguirá pidiendo. ¿Qué es esa lluvia que se desea caiga sobre el césped? ¿qué es ese césped que recibe la lluvia? Y pensé que cuando se siente tan dulcemente el caer de la lluvia sobre el césped no podía ser otra cosa que esa presencia gozosa de Cristo cuando comienza a alentar en su seguimiento a los hombres. Pedía que así lo sintieran y se dejarán alcanzar por Él, todos los seres humanos… ¿Y esa lluvia que empapa la tierra? Me parecía que era algo mucho más profundo, era llegar a identificarse con Cristo. El agua así absorbida me llevaba a pensar en que ello era llegar a alcanzar el “Cristo vive en mi” de San Pablo. Me parecía algo lleno de sentido saber que es Cristo, que es la Iglesia, cuya cabeza es Cristo quien recita este salmo y hace suyas estas peticiones. Sin duda este salmo 71 que se recita en tantas ocasiones nos abre horizontes llenos de luz a la hora de vivir nuestra fe.

F. Brändle

Icono de la Transfiguración II

Icono de la Transfiguración: Para el oratorio del monasterio de San José de las Batuecas – segunda parte

Los nombres de Elías y Moisés en los medallones a cada lado del Mesías

Los colores que se han usado, se limitan a tres. El rojo, el amarillo y el azul, los colores primarios, de los cuales salen en combinación todos los colores de la luz (blanco). Tanto el blanco como el azul son colores simbólicos de virginidad y pureza. El rojo oscuro del monte Tabor y el ocre amarillo del fondo de la imagen, son pigmentos minerales del valle de las Batuecas, extraídos de las rocas. El rojo es el mismo de las pinturas rupestres que se encuentran bordeando el río Batuecas.

Mosaico s. VI en el monasterio de la Transfiguración o de Santa Catalina en el Monte Sinai. Fuente de inspiración.

En la mano izquierda de Jesús hay un pergamino enrollado en forma de la espiral de Arquímedes. Es uno de los símbolos más antiguos y se encuentra en todos los continentes, habiendo jugado un papel fundamental en el simbolismo desde su aparición en el arte megalítico. Parece que en muchos lugares representaba el ciclo “nacimiento-muerte-renacimiento” así como al sol, que se creía seguía ese mismo ciclo, naciendo cada mañana, muriendo cada noche y renaciendo a la mañana siguiente.

El rollo, a la vez que simboliza las escrituras, actúa como un cetro.

Detalle de los nombres en griego de Pedro, Santiago y Juan en los medallones. Las tres corrientes de agua que brotan de la cueva simbolizan la Santísima Trinidad: el Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Los colores son de pigmentos minerales en una emulsión de yema de huevo y vinagre, representando el alma y la Pasión. Por tradición el icono es una ofrenda comunitaria, por eso no se firma.

Los colores recuerdan el efecto de una vidriera, que a su turno, tuvo un efecto sobre San Juan de la Cruz, que tan profundamente asoció a ellas el alma.

Icono de la Transfiguración

Para el oratorio del monasterio de San José de las Batuecas

El misterio de la “Transfiguración” del Señor narrado en los evangelios siempre ha sido fuente de contemplación. Así lo ha entendido la tradición de la iglesia, sobre todo oriental, y en nuestra capilla había una reproducción de uno de los muchos que se veneran en el mundo. Estábamos ciertos que podíamos muy bien hacer vida lo que en  que en uno de los himnos de la fiesta se canta:

Que podamos en la misma nube que a Ti te envuelve

Despojarnos del mal

Revestirnos de la blanca vestidura

Y ser contigo transfigurados.

El Señor nos ha concedido llegar a tener nuestro propio icono, creado por uno de nuestros hermanos: Frederik Takkenberg, y el jueves pasado, 6 de febrero, lo bendecíamos con este sencillo rito:

BENDICIÓN DEL ICONO DE LA “TRANSFIGURACIÓN”

Monición de entrada

Señor Dios, Santa Trinidad, a quien ninguna inteligencia puede abarcar, ni palabra alguna expresar, a quien ningún hombre ha visto en parte alguna, que has querido revelarte al hombre. Nosotros creemos lo que hemos aprendido de las Santas Escrituras y la enseñanza de las palabras divinas de los Apóstoles, y te confesamos Dios Padre sin principio, a tu Hijo consubstancial a Ti, y a tu Espíritu que reina y es consubstancial contigo.

Al contemplar este icono de la “Transfiguración” recordamos que así te has revelado en el Tabor a los tres discípulos: Pedro, Santiago y Juan, que oyeron la voz del Padre, se sintieron envueltos en la nube del Espíritu y en la luz resplandeciente del Hijo.

Con este deseo, vamos a implorar tu bendición sobre este icono.

SACERDOTE: La voz amorosa del Padre, la luz resplandeciente de Cristo y el aliento del Espíritu Santo estén con todos vosotros

TODOS: Y con tu Espíritu

SACERDOTE

Oremos

Al recordar el misterio de la “Transfiguración” hemos pintado este icono para que contemplándolo con los ojos, te grabemos, Dios nuestro en nuestra mente, y al verlo glorifiquemos, engrandezcamos y celebremos tus inmensos beneficios que colman nuestro corazón-

Te pedimos que derrames misericordiosamente sobre nosotros tu bendición. En tu nombre tres veces santo, dígnate bendecirlo y santificarlo, a fin de que cuantos lo miren con devoción obtengan la misericordia, la gracia y la liberación de todos los males y dolores, el perdón de los pecados, y consigan ser dignos del reino de los cielos.

TODOS:

Te lo pedimos por la gracia, la misericordia y el amor a los hombres del DIOS ÚNICO GLORIFICADO EN LA TRINIDAD, PADRE, HIJO Y ESPÍRITU SANTO, DE QUIEN ES LA GLORIA AHORA Y SIEMPRE Y POR TODOS LOS SIGLOS. AMÉN

(Se rocía con agua bendita y se inciensa el icono)

TODOS:

GLORIA A TI, OH CRISTO, QUE LA BELLEZA DE TU ROSTRO ILUMINE NUESTRA EXISTENCIA

(Se inicia la procesión)

bendición del icono el 6 de febrero

Icono de la Transfiguración para el oratorio del monasterio de San José de las Batuecas

Durante muchos años, colgaba una reproducción del detalle del icono de la Transfiguración de Cristo del artista Teófanes el Griego, del siglo XV, en el muro derecho del oratorio. Es un icono que ha entrado en la memoria colectiva de los batuecos que vienen a orar en esta humilde capilla. Me pareció natural colocar allí un icono de madera con el mismo tema, igualmente sólo el detalle del Cristo sin la presencia física de los demás personajes, aunque en el icono están presentes en espíritu.

Detalle del icono de la transfiguración de Teófanes el Griego. s. XV Galería Tretyakov

La tabla la encontré en el claustro en un montón de madera preparada para serrar y quemar. Era para un icono, preparada para ello hace muchos años, con la pintura roja tan característica de los fondos de bol para el dorado, con un fino craquelado en toda la superficie por la lluvia y la humedad. A pesar de eso, la calidad era buena, muy difícil de quitar y por eso lo conservé.

Los iconos, cuando nuevos, son impecables, lisos y sin mácula, espejos de la perfección Divina. Cuando miramos iconos antiguos, sus imperfecciones, grietas cuarteados y los descascarillados de la pintura, le dan justamente esa delicadeza y fragilidad entrañable de la finalidad de lo material.

Rescatar la tabla de las llamas, sus imperfecciones símbolos de un simple relato temporal, me permitió ver este icono no sólo como una Transfiguración, sino también a la vez una Resurrección. Una alegoría a la Salvación.

Como con toda obra de importancia, se empieza igualmente con un boceto en papel del icono que se quiere reproducir. “La primera inspiración”. Este luego se transfiere a la superficie de la tabla preparada en blanco con una emulsión de cola de conejo y blanco de cal.

La próxima semana continuamos con el proceso y los símbolos que llenan este pequeño retablo.

Dibujo para la Transfiguración, detalle – carboncillo.
Amarillo Batuecas – pigmento mineral del valle de las Batuecas de fondo.

El Señor es mi luz y mi salvación

Tres Velas – Gerhard Richter, 1982 óleo sobre lino 150×120 cm

“El Señor es mi luz y mi salvación” (Sal 26). Hoy fiesta de la luz, simbolizada en nuestras candelas encendidas en la Luz que es Cristo, hemos gozado recordando las viejas tradiciones de los pueblos cercanos a nuestro monasterio. Se nos ha hecho particularmente cercana la tradición que viven nuestros vecinos de La Alberca (Salamanca). Además de las “candelas” acostumbran a bendecir en la misa unos panes que llaman “picas”. que se reparten después en las escuelas y en la Residencia de ancianos.

Pan “Pica”

Al acercarnos a comprar el pan nos regalaron una “pica”. Asombrados preguntamos: ¿y esto?, Es una “pica” nos respondió nuestra amable panadera. Se bendice en la misa del día de “Las Candelas” y después se puede comer o colgar en el comedor. Agradecidos lo recibimos dispuestos a seguir las buenas tradiciones, que ligan lo más humano, como es el alimento primordial, a la bendición y cercanía de Dios en la vida. Con toda devoción bendijimos nuestra “pica” y ya cuelga en nuestro “refectorio”, para recordarnos durante el año que todo alimento nos une a Dios que hace fecunda la tierra y el trabajo del hombre. Esperamos así dar vida a una tradición que como casi todas se pierde en la noche de los tiempos que está siempre abierta a interpretaciones nuevas porque nunca se agota su significado. Queda así de un modo más estable lo que cada día queremos que no pase desapercibido: la presencia de Dios en el don de los alimentos. No sólo los bendecimos sino que los recibimos antes, llenos de gratitud, cuando son traídos en procesión del lugar en que son preparados al comedor.

F. Brändle