Beber del Torrente


En el rezo de vísperas cada domingo en la tarde me llena de gozo poder vivir esa entrañable experiencia que cada judío buscaba vivir al contemplar a su rey recitando el salmo 109 (vv. 1-5, 7). Como creyente el Cristo esas palabras del salmo las vivo en mi oración contemplándolas en Cristo. Todas me abren horizontes de comprensión que van más allá de lo que puedo imaginar al leerlo. La victoria sobre los enemigos, el estar sentado a la derecha del Padre, el haber sido engendrado antes de la aurora…. Hoy me quiero detener en el último de los versículos que se leen: “en su camino beberá del torrente, por eso levantará la cabeza”. Su camino no es otro que el que vive como verdadero hombre, su camino ha querido hacerse en el tiempo y en el espacio para que yo también aprenda a beber del torrente, para que en mis búsquedas para encontrar la fuente que mana y corre,  para llegar a encontrar lo que me haga verdaderamente humano, no dude, pues será bebiendo del torrente de vida y sepa que es el que se me ofrece al abrirme a Dios, a su Misterio. El resultado no se hará esperar, es una consecuencia inmediata, “por eso levantará la cabeza”. El sentirme abatido, sinsentido, nunca tan humillado y abajado, como lo fue Jesús en la cruz, y sin embargo, levantó la cabeza, resucitó. Con mi fe en la resurrección afirmo que todo camino humano que se hace bebiendo del torrente, de la fuente que mana y corre, acaba en vida y resurrección.

F. Brändle