Hoy el desierto ha florecido


A lo largo de estos días de la Navidad nuestro desierto se ha hecho eco de los misterios que celebramos, de hecho tenemos un villancico propio: “Hoy el desierto ha florecido, el Niño Dios os ha nacido” es el estribillo. Tuvimos una sencilla vigilia para recibir el nuevo año y despedir el que acababa, con reflexiones de Javier Melloni y Emilia Castellano, preparamos estas dos moniciones para vivirla:

Del año que acababa dijimos: “Hemos padecido en todo el mundo una “pandemia”. El virus corona19, nos ha abierto la conciencia a una experiencia: algo tiene que cambiar. No hemos de ver el virus como un enemigo, sino como portador de un mensaje que hemos de saber interpretar: “Parar, reflexionar… estáis a punto de tomar una curva en un tren que va a gran velocidad, si no frenáis saltaréis por los aires” No necesitamos producir del modo frenético en que lo hemos hecho, porque tampoco hemos de consumir a la velocidad que lo venimos haciendo. Algo que nos parece difícil, pero que es posible. Tenemos que sensibilizarnos para llevar una vida en la que sea posible la contemplación y el respeto a la naturaleza. Una conciencia abierta al interior y capaz de salir de intereses egoístas para respetar al otro y a la naturaleza. Por primera vez compartimos una conciencia planetaria. La indefensión en la que vivimos produce ternura y solidaridad. Podremos vivir con mayor solidaridad, disfrutando con menos cantidad y más calidad. Para ello debe crecer en el mundo la espiritualidad, frente al materialismo que invadía todo. Necesitamos silencio como práctica espiritual. Le pedimos en esta noche que este sea el fruto de lo vivido en este año.

Para celebrar el año que llegaba, mientras orábamos, recordamos: “Estamos llenos de rituales, hoy nos toca desearnos feliz año, pero en ello muchas veces caemos en lo supersticioso y en lo mágico, confundiendo azar con esperanza. Deseamos cosas buenas, pero que no podemos garantizar que ocurran… Y esta noche quien más quien menos, busca olvidar y pasarlo bien, para salir del tedio de lo cotidiano…

No obstante, esta noche a nosotros, que queremos algo más, algo distinto, algo mejor, nos abrimos a una experiencia inefable, inenarrable, indecible a todas luces única, la que nos ayuda a descubrir el salmo 15: El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en su mano, me ha tocado un lote hermoso me encanta mi heredad….

Los que celebramos en fe estas fiestas, sabemos que nuestra herencia es un ¡lote hermoso! Ni más ni menos que Dios mismo.

F. Brändle