borra en mí toda culpa


La inocencia, Bouguerau s.XIX

“Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa” (Sal 50,14). Con este versículo la oración vino a traerme una consideración en la cual no me habría detenido con su simple lectura. Es fácil al leer sin más este versículo pensar que es una petición muy propia del que se siente abrumado por su pecado, pedir que Dios no lo vea, y que borre en nosotros toda culpa. Pero al dejar que sus palabras me fueran alcanzando, y después de tener muy presente a San Pablo y su consideración sobre este pecado de muerte, sentí que habría de leer mi pecado como buscar mi propia justificación en mis obras buenas, y que la verdadera petición era que Dios me aceptara como soy, apartando de mi esa tendencia a justificarme ante él y ante los demás, sin aceptar mi pobreza. Con lo que al fin lo que pedía era que no me viera como  me gustaría verme, -que de eso apartara su vista-. sino como el verdaderamente me ve, y que así me dejara alcanzar su salvación, borrando El en mi todo lo que me separa de Él.  Acepté ser visto por Él en mi verdad, y no en mi pecado. No que apartara de mí su vista, sino que apartara su vista de mi yo encerrado, autojustificado. Que la pusiera en lo que El quiere de mí, y no en lo que yo quiero ser. Dejarme transformar por Él que borra mi culpa y me da su gracia.

F. Brändle

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