El Señor ha estado grande con nosotros


“El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres” (Sal 125,3). Me sentí abrumado al repetir estas palabras en mi oración. ¿Dónde descubrir la grandeza de las obras del Señor? Y me sorprendía considerando que siempre las había juzgado desde mi manera de calcular, que ve la grandeza de modo tan confundido, porque la ve en  lo que es vanidad y vacío. Pone la mirada en lo que asombra a los sentidos, haciendo falsa la medida con la que medirla. Se me hizo presente la grandeza del Señor en la pequeñez de las obras del que todo lo hace movido por él. Entendí el “magnificat”: El Señor ha hecho obras grandes en mí. Sí, ella no sintió nada fuera de lo común en su concepción virginal, la vivió desde la vida teologal en la que estaba asentada. Y también por ella hizo obras grandes, las que nacieron de su maternidad espiritual, nunca calculable en medidas humanas, sino en la humildad en la que ella vivió. Este es el camino de la verdadera alegría, en la que el ángel saluda a María. Sólo así se puede descubrir la grandeza de las obras de Dios en nosotros, son las obras que hacemos desde nuestra vida teologal sin más miras que el hacer la voluntad de Dios, y sólo así se puede vivir la alegría del evangelio.

F. Brändle