Una cosa pido al Señor


Sagrada Familia,Barcelona

“Una cosa pido al Señor, eso buscaré: gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo” (Sal 26,4). Empecé deslumbrado por lo mismo que pedía y buscaba: “la dulzura del Señor”. No podía imaginar lo que ello era, hasta que caí en la cuenta que si lo rezaba en Pascua y que había de nacer de contemplar su templo, esa dulzura me vendría al contemplar a Cristo resucitado, convertido en el verdadero y definitivo templo, levantado al tercer día. Ahora se me hacía muy presente el resucitado en medio de la creación y de la historia. La creación estaba abierta, como me había ya ensañado San Pablo y repetido San Juan de la Cruz, a ser recreada en la resurrección. La historia en medio de sus avatares, estaba abierta en esperanza a ser consumada en el amor de Cristo entregado por nosotros.  Contemplar el templo, tal y como la resurrección de Cristo me lo mostraba, me hacía posible pedir y buscar la dulzura del Señor. Me uní a toda la Iglesia y a toda la humanidad que así lo celebraban. La esperanza nacía en medio de las situaciones tan duras de la historia que hemos de vivir, y era esperanza de lo que no imaginaba, ni podía imaginar, sino solo vivir. Era la dulzura que nacía de esa súplica hecha al Señor, y de ese deseo de no buscar otra cosa que  contemplar al Resucitado.

F. Brändle

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