todas mis fuentes


“Y cantarán mientras danzan: todas mis fuentes están en ti” (Sal 86,7). Se acerca la celebración gozosa de Pentecostés, la fiesta del Espíritu. En la oración de estos días resonaba en mí, lo que había oído acerca del Espíritu. Es esa mano serena que como la de un músico prodigioso al acercarse a mi vida, a la vida de todo creyente, la hace cantar y danzar de modo único, haciendo posible que todo mi ser quedara en él suspendido. Las palabras del salmo se iluminaron cuando entendí que en la iglesia, en la medida que se anticipaba la nueva ciudad de Dios, los creyentes eran esa multitud de danzantes que a coro repetían: “todas mis fuentes están en ti”, eran las aguas que recordaban el Espíritu que animaba a todos los fieles. No es fácil imaginar una Iglesia movida por el Espíritu, porque no cabe en nuestra imaginación; en la que sí caben sus deficiencias. Por eso se nos hacen más tangibles sus limitaciones, que su movimiento interior, el que brota del Espíritu, que hay que reconocer que vive en la Iglesia. Pedía al Espíritu descubrir esa Iglesia en la que todos danzan al son del canto del Espíritu que vive en ella.

F. Brändle