AL CIELO LOS IRÉ A CANTAR

El prior comienza a leerle la recomendación del alma. “Dígame, padre, de los Cantares, que eso no es menester”, suplica afablemente. Y cuando le están leyendo versículos del Cantar de los Cantares, comenta ilusionado: “¡Oh, qué preciosas margaritas”

 

Suenan las doce en el reloj de la Iglesia del Salvador. Francisco sale de la celda del enfermo para tocar a Maitines. “¿a que tañen”, pregunta fray Juan al oír las primeras campanadas. Cuando le dicen que a Maitines, como si le hubieran dado la señal de la partida exclama gozoso: “¡Gloria a Dios que al Cielo los iré a decir! Pone sus labios en el crucifijo que tiene en las manos, dice pausadamente: “en tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”, y expira. Es el 14 de Diciembre de 1591

DESCRIPCIÓN DE LA ADVERTENCIA AMOROSA (I)

Llegado el principiante a cierta madurez espiritual, pues, abandona los actos discursivos e imaginativos de forma natural; ya nada le dicen. Pero puede ocurrir que ahora no sepa qué hacer y la persona pase a un estado de vagabundeo del pensamiento, o piense que el asunto consista en dejar la mente en blanco. Para impedir esto, San Juan de la Cruz quiere encauzar este momento clave del camino contemplativo. Para ello enseñará un “método” que podemos considerar la clave pedagógica que mejor dispone a la contemplación dentro de la mística cristiana, y a la que él llama advertencia amorosa:

Aprenda el Espiritual a estarse con advertencia amorosa en Dios, con sosiego de entendimiento, cuando no puede meditar, aunque le parezca que no hace nada. Porque así, poco a poco, y muy presto, se infundirá en su alma el divino sosiego y la paz con admirables y subidas noticias de Dios, envueltas en divino amor. Y no se entremeta en formas, meditaciones e imaginaciones, o algún discurso, porque no desasosiegue el alma y la saque de su contento y paz, en lo cual ella recibe desasosiego y repugnancia. Y si, como habemos dicho, le hiciere escrúpulo de que no hace nada, advierta que no hace poco en pacificar el alma y ponerla en sosiego y paz, sin alguna obra y apetito, que es lo que nuestro Señor nos pide por David (sal 45,11), diciendo: aprenderos a estaros vacíos de todas las cosas, es a saber, interior y exteriormente, y veréis cómo yo soy Dios ( 2S 15,5)

 

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO DE 1568

Hoy, 28 de noviembre de 2010, celebramos el primer domingo de Adviento que nos anima a caminar hacia la Noche de Navidad en la que recordamos el Nacimiento de Dios en el portal de Belén. Pero para todo el Carmelo Descalzo es un día muy especial, hoy conmemoramos la primera fundación de frailes carmelitas descalzos en el “lugarcillo de Duruelo”.

Ocurría también un 28 de noviembre y la Iglesia celebraba, al igual que hoy, el primer domingo de Adviento, pero hablamos del año 1568. Justamente un 28 de noviembre de 1568 nacía el Carmelo Descalzo masculino. Los primeros descalzos fueron fray Antonio de Jesús, fray Juan de la Cruz y fray José de Cristo; tres hombres decididos que dejaron todo por seguir a Cristo según el ideal iniciado por Teresa de Jesús. La Santa de Ávila no se conformaba con ir fundando palomarcitos femeninos por la Vieja Castilla del s. XVI, quería otros palomares en los que se formaran los guías espirituales de sus hijas las carmelitas descalzas y que a la vez llevaran en mensaje del Evangelio por pueblos y ciudades ya que ellas sólo podían hacerlo desde el silencio y oración de la clausura.

Teresa de Jesús no daba ninguna batalla por perdida y al fin consigue su deseado anhelo. En Duruelo, en un rincón perdido de la meseta castellana entre Ávila y Salamanca se abría la puerta del “portalito de Belén” que con gran cariño bautizó así la misma Teresa en su libro de Las Fundaciones. En este libro, en el capítulo14, nos hace un completo y novelado compendio de esta fundación tan importante para la historia carmelitana.

Duruelo es un lugar que para todo hijo de Santa Teresa no deja indiferente: poder pasear por los caminos que tantas veces recorrería a pie descalzo Juan de la Cruz; orar en el mismísimo lugar de nacimiento del Carmelo Descalzo masculino; contemplar el paisaje de encinas, dehesas y ganados que dieron vida al Portal de Belén del Carmelo Descalzo; respirar el aire que nos empuja y nos lleva saborear de otra manera el Cántico espiritual, la Subida del Monte Carmelo, la Noche oscura, la Llama de amor viva, La Fonte que mana y corre, …; todo ello y mucho más es un regalo que cada vez que vamos a este emblemático y entrañable lugar recibimos a manos llenas de parte de Dios.

Todos los años se conmemora esta fecha; este año hemos de recordarla de manera especial ya que coincide en todo con aquel 28 de noviembre de 1568. El Carmelo Descalzo masculino dio aquí sus primeros pasos y hoy los sigue dando a lo largo y ancho de todo el mundo después de 442 años de una historia que merece la pena ser contada con detalle, sosiego y mucho candor.

 

 

Fr. Rafael Pascual Elías OCD

DISCERNIMIENTO DE LA CONTEMPLACIÓN

El paso a la contemplación no es una opción de la persona. Es necesario discernir a través de algunas señales si se ha llegado a la madurez espiritual suficiente, de tal manera que la contemplación no se convierta en un esfuerzo más o en una mera técnica.

Las señales que han de estar presentes para abandonar la meditación discursiva y pasar a la contemplativa, según san Juan de la Cruz, son las siguientes:

La primera es ver en sí ya no puede meditar ni discurrir con la imaginación, ni gustar de ella como de antes solía; antes haya ya sequedad en lo que de antes solía fijar el sentido y sacar gusto (2S 13,2)

 

La segunda es cuando ve no le da ninguna gana de poner la imaginación ni el sentido en otras cosas particulares, exteriores e interiores. (2S 13,3)… como no haya gusto ni consuelo en las cosas de Dios, tampoco le haya en alguna de las cosas criadas (1N 9,2)

 

La tercera y más cierta es si el alma gusta de estarse a solas con atención amorosa a Dios, sin particular consideración, en paz interior y quietud y descanso y sin actos y ejercicios de las potencias, memoria, entendimiento y voluntad –a lo menos discursivos, que si es ir de uno en otro—sino sólo con la atención y noticia general amorosa, sin particular inteligencia y sin entender sobre qué (2S 13,4)

EL PASO A LA CONTEMPLACIÓN (II)

 

“Y así, entonces el alma también se ha de andar sólo con adevetencia amorosa a Dios, sin especificar actos, habiéndose, como hemos dicho, pasivamente, sin hacer de suyo diligencias, con la advertencia amorosa, simple y sencilla, como quien abre los ojos con advertencia de amor” (LlB 3,33)

La práctica de la advertencia amorosa es parte de la actividad de la persona; es todavía oración activa. Sin embargo, las tres señales que el Santo pone como condición para iniciarla, tienen un contenido pasivo indiscutible. La desgana que se experimenta de las cosas del mundo y en las de Dis, unida al atractivo de estarse a solas sin particular consideración, dejan claro que la persona ha sido introducida en la noche oscura. Esta actitud de advertencia amorosa, pues aunque es una actividad de la persona –es procurada y querida–, sólo lo es desde una experiencia íntima de pasividad a la que ha sido llevada. Esta disposición se ha fraguado a través de la ascesis activa y de la fidelidad a la propia conciencia. De ella se abre a un estado purificador más intenso y a una oración diferente a la que hacía cuando meditaba.

Por otra parte, la persona que practica la advertencia amorosa es consciente de que la realiza; no pierde la conciencia de estar atenta al Misterio de Dios que no entiende ni imagina, pero que “visualiza” a través de una suave conciencia de que está ahí presente.

La advertencia amorosa es sólo un estadio que prepara a la oración contemplativa de tipo pasivo. Dios es un regalo, la advertencia amorosa es una forma de preparar la tierra para la lluvia del espíritu. La persona ha de ser muy constante en esta advertencia amorosa, sin desfallecer y sin estar esperando conscientemente a que suceda algo. Cuanto más simple sea este estar atento a Dios sin imagen y sin consideración, cuanto más libre de los pensamientos sobre sí mismo y sobre el fruto de la oración, más profundidad hay en esta advertencia amorosa, hasta el punto de desaparecer, incluso ella misma (2s 14,8) En este momento, contemplación y humildad se identifican: cuando uno desaparece, Dios se hace presente.

 

Ha de haber, pues, una doble simplificación: la de evitar toda consideración sobre imágenes o pensamientos sobre Dios y la de no dejarse arrastrar por aspiraciones personales o ideas que alimenten el deseo de llegar a la oración pasiva. Sin esta sencillez ni simplicidad, la persona queda bloqueada en el camino. Al fin y al cabo, tanto las imágenes de Dios como las aspiraciones propias al entrar en una mayor profundidad, son como muros del yo que nos frenan. Sólo hay avance cuando hay humildad, cuando no hay lucha, cuando no hay pretensión –ni material ni espiritual- de realización propia; cuando somos nada.

EL PASO A LA CONTEMPLACIÓN

El objetivo principal de la oración del principiante es que desconecte del sabor de las cosas sensuales, centrándose en el ámbito espiritual. En realidad, lo único que se pretende con esto, es trasladar el centro de atención: ha de abandonar la tendencia a pensar en lo que gusta o disgusta en el terreno sensual, para enfocar el gusto al terreno de lo espiritual.

 

“Necesario le es al alma que se le dé materia para que medite y discurra, y le conviene que de suyo haga actos interiores y se aproveche del sabor y jugo sensitivo de las cosas espirituales, porque cebando el apetito con sabor de las cosas espirituales, se desarraigue el sabor de las cosas sensuales y desfallezca a las cosas del siglo (LlB 3,2)

Pero llega el momento del proceso espiritual en el que ya no se necesita de la meditación discursiva, pues el amor de Dios que a través de los actos meditativos se sacaba, ya está en la persona incorporado permanentemente: “Ya el alma en este tiempo tiene el espíritu de la meditación en sustancia y hábito”(2S14,2)

 

Es entonces cuando comienza la experiencia orante más contemplativa. Ya no es necesario buscar a Dios a través del pensamiento, de la imaginación y del gusto espiritual que de ellos sacaba. Mas bien, lo natural es que haya un cierto desabrimiento y desgana de este método, pues esto posibilita que las fuerzas espirituales indaguen y busquen a Dios de forma más sutil y desprendida. Por eso, cuando el alma ha madurado y ya no aprovecha en los ejercicios meditativos, dice san Juan de la Cruz: “Totalmente se ha de llevar al alma por modo contrario al primero, que si antes le daban materia para meditar y meditaba, que ahora se la quiten y que no medite, porque no podrá aunque quiera, y, en vez de recogerse, se distraerá… Y por eso en este estado en ninguna manera le han de imponer que medite ni se ejercite en actos, ni procure sabor ni fervor, porque sería poner obstáculo al principal agente que es Dios, el cual, oculta y quietamente anda poniendo en el alma sabiduría y noticia amorosa sin especificación de actos” (LlB3,33)

UN RETRATO LITERARIO DE SANTA TERESA

.Celebramos hoy la fiesta de San Pedro de Alcántara conocido por todos por la descripción que de él hace Santa Teresa en el capítulo 27 del libro de la Vida. En el Carmelo Descalzo también tenemos que recordar en este día de manera especial a una de las hijas más queridas de Teresa de Jesús, a María de San José (Salazar). Esta intrépida carmelita descalza, entre otras, fue la fiel transmisora del carisma teresiano con sus escritos y vida. Nació en 1548 (posiblemente en Toledo) y por seguir el ideal teresiano murió desterrada en el convento de Cuerva (Toledo) un 19 de octubre de 1603.

 

Entre sus escritos, encontramos un retrato hecho en primera persona de su querida Madre Teresa de Jesús:

 

“Era esta santa de mediana estatura, antes grande que pequeña; tuvo en su mocedad fama de muy hermosa y hasta su última edad mostraba serlo; era su rostro no nada común sino extraordinario, y de suerte que no se puede decir redondo ni aguileño; los tercios de él iguales, la frente ancha e igual y muy hermosa, las cejas de color rubio oscuro con poca semejanza de negro, anchas y algo arqueadas; los ojos negros, vivos y redondos, no muy grandes, mas muy bien puestos; la nariz redonda y en derecho de los lagrimales, para arriba disminuida hasta igualar con las cejas, formando un apacible entrecejo, la punta redonda y un poco inclinada hacia abajo, las ventanas arqueaditas y pequeñas y toda ella no muy desviada del rostro.

 

Mal se puede con pluma pintar la perfección que todo tenía: la boca, de muy buen tamaño; el labio de arriba delgado y derecho, el de abajo grueso y un poco caído, de muy linda gracia y color; y así la tenía en el rostro, que con ser ya de edad y muchas enfermedades, daba gran contento mirarla y oírla porque era my apacible y graciosa en todas sus palabras y acciones.

 

Era gruesa más que flaca y en todo bien proporcionada; tenía muy lindas manos, aunque pequeñas; en el rostro, al lado izquierdo, tenía tres lunares levantados como verrugas pequeñas, en derecho unos de otros, comenzando desde debajo de la boca el que mayor era, y el otro entre la boca y nariz, el último en la nariz, más cerca de abajo que de arriba

 

Era en todo perfecta como se ve por un retrato que al natural sacó fray Juan de la Miseria, un religioso nuestro.” (Libro de recreaciones, recreación octava, pág. 188).

 

Este doble tesoro  de nuestra Santa Madre Teresa de Jesús (la descripción de María de San José y el cuadro de fr. Juan de la Miseria) lo podemos disfrutar y contemplar en el monasterio de las carmelitas descalzas de Sevilla que además tienen la gran suerte de custodiar también en su clausura una de las joyas más preciadas de todo la historia de la espiritualidad: Castillo interior. A ello hay que sumar que la misma María de San José fue la primera priora de esta comunidad tan querida por Teresa de Jesús. María de San José, Teresa de Jesús y Sevilla son tres nombres que no pueden separarse ni olvidarse al hablar del Carmelo Descalzo.

 

CONTEMPLACIÓN EN SAN JUAN DE LA CRUZ (I)

«Aprenda el espiritual a estarse con advertencia amorosa en Dios, con sosiego de entendimiento, cuando no puede meditar, aunque le parezca que no hace nada. Porque así, poco a poco y muy presto, se infundirá en su alma el divino sosiego y la paz» (San Juan de la Cruz)

La enseñanza de san Juan de la CRuz pretende llevar a la persona, por encima de todo, a su madurez espiritual, y ésta se logra por el desapego. Una vez liberada la persona se une con Dios. El Santo sitúa la oración dentro de este proceso de liberación integral, surgiendo de él naturalmente, como fruto de un proceso íntimo. Por ello no queda reducido a una mera técnica.

Hay que adevertir que Juan de la Cruz habla para personas ya iniciadas. NO se entretiene en las oraciones activas de tipo discursivo o imaginativo como hace santa Teresa. Su mayor interés es adentrar a la persona en la oración contemplativa.

El paso de la oración meditativa a la contemplación está llamado por lo que san Juan de la CRuz llama advertencia amorosa. Ella es una mirada siemple que predispone a la persona para recibir la presencia de Dios. Esta advertencia es el método con el que san Juan de la CRuz enseña a orar contemplativamente. Con él nos recogemeos en Dios, el alma se pacifica y fortalece, y nuestras obras son expresión de vida.

La advertencia amorosa es una capacidad que se desarrolla a partir de un proceso de ascesis y negación que el hombre realiza movido por Dios. También supone, por lo general, una práctica de la oración activa durante algún tiempo. Además, está acompañada de una cierta purificación pasiva que Dios va realizando en la persona.

Esta adevertencia supone, además, una experiencia de sequedad, tanto en las cosas materiales como en la vida espiritual, pero sin dejar de anhelar a Dios, aunque no lo pueda comprender ni imaginar. De este anhelo surge la adevertencia amorosa, y con ella se abre la puerta de la oración contemplativa

1 de OCTUBRE: SANTA TERESITA

(…) Te aseguro que Dios es mucho mejor de lo que piensas. Él se conforma con una mirada, con un suspiro de amor… Y creo que la perfección es algo muy fácil de practicar, pues he comprendido que lo único que hay que hacer es ganar a Jesús por el corazón. Fíjate en un niñito que acaba de disgustar a su madre montando en cólera o desobedeciéndola: si se mete en un rincón con aire enfurruñado o grita por miedo a ser castigado, lo más seguro es que su mamá no le perdonará su falta; pero si va a tenderle sus bracitos sonriendo y diciéndole: “Dame un beso, no lo volveré a hacer, ¿no le estrechará su madre tiernamente contra su corazón, y olvidará sus travesuras infantiles? Sin embargo, ella sabe muy bien que su pequeño volverá a las andadas en la primera ocasión; pero no importa: si vuelve a ganarla otra vez por el corazón nunca será castigado…

 

Ya en tiempos de la ley del temor, antes de la venida de Nuestro Señor, decía el profeta Isaías, hablando en nombre del rey del Cielo: “¿Podrá una madre olvidarse de su hijo? Pues aunque ella se olvide de su hijo, yo no os olvidaré jamás” ¡Qué encantadora promesa! Y, nosotras, que vivimos en la ley del amor, ¿no vamos a aprovecharnos de los amorosos anticipos que nos da nuestro Esposo? ¡Cómo vamos a temer a quien se deja prender en uno de los cabellos que vuelan sobre nuestro cuello! (Ct 4,9)

 

Sepamos pues hacer prisionero a este Dios que se hace mendigo de nuestro amor. Al decirnos que un solo cabello puede obrar este prodigio, nos está mostrando que los más pequeños actos, hechos por amor, cautivan su corazón. Si hubiera que hacer grandes cosas, ¡cuán dignos de lástima seríamos! ¡Pero qué dichosas somos ya que Jesús se deja prendar por las más pequeñas!

 

Carta 191 a Leonia

VIDEO DE BATUECAS

Ofrecemos a continuación el enlace del video que hemos elaborado para colgar en youtube.

El ermitaño no es un hombre ajeno a la realidad en la que vive, sino que la conoce y la ama. Sus renuncias no son fruto del desconocimiento o de la negación del bien que en la realidad se encuentra, sino de haber encontrado ese tesoro escondido que es la contemplación, y por la que vale la pena dejar tantas cosas en sí buenas y útiles.

Por eso desde el Desierto de Batuecas, sus ermitaños quieren saltar a la red como un medio de estar en contacto y comunión con sus hermanos los hombres