Reflexiones

Escuela de Serenidad

IMG-20171119-WA0000

Batuecas es también una escuela de serenidad. Desde hace miles de años el río Batuecas corre alegre por su cauce, dejando a su paso un rumor de agua viva. Serenidad. Desde hace miles de años las montañas están ahí arriba, dibujando sus siluetas en el horizonte y protegiéndonos de los vientos gélidos del norte. Serenidad. Paz. Desde hace miles de años, en los días soleados el aire de Batuecas es limpio, puro, transparente, luminoso. Serenidad. En los días lluviosos una humedad fecunda lo envuelve todo. El vapor, como humo, se cuela por entre la floresta y los riscos, mientras la llovizna ablanda la tierra. Una luz tenue es suave bálsamo para el espíritu. Serenidad. Belleza. Desde hace miles de años, cuando hay luna llena, la noche se viste de un fulgor plateado que te embarga el alma. Cuando no hay luna, las estrellas brillan hasta la emoción. Serenidad. Paz. Felicidad.

Desde hace cientos de años un puñado de carmelitas descalzos habitan el valle de las Batuecas, meditando día y noche la ley del Señor. Serenidad. Paz. Desde entonces Batuecas no sólo es uno de los lugares más bellos y misteriosos de España, es también un lugar sagrado, santo: el santo Desierto de San José del Monte. Serenidad. Simplicidad de vida. Santidad. Hoy en Batuecas un puñado de religiosos y huéspedes seguimos empeñados en darle la batalla al ruido, a la prisa, a la ansiedad; en aprender el arte de la serenidad. En Batuecas uno va sintiendo que la felicidad no consiste en que todo te vaya bien sino en aceptar con serenidad los vaivenes de la vida. Pueden fallarte los amigos, la familia, el trabajo, la salud. No importa. Si te abres con serenidad a la voluntad de Dios y acoges su gracia, sentirás su dulce amor. Entonces lo amarás con locura y amarás a tus hermanos. Entonces encontrarás la verdadera felicidad. En Batuecas y donde Dios quiera.

 

Pablo María

Anuncios
Reflexiones

Dios es el silencio

Deus é o silêncio

Amiga/o, quienquiera que abras esta página web, bienvenido seas. Espero poder ofrecerte una reflexión sencilla, con la que compartir el silencio creador de este valle de Las Batuecas.

            Al inicio de camino que lleva al monasterio se ha escrito con acierto en una pizarra esta sentencia: “Dios es el silencio del cual proceden todos los sonidos”.  La primera reflexión, -te confieso que este dicho me ha interpelado siempre y me ha ido despertando a nuevas comprensiones-, es preguntarme por esa hermosa comparación: “Dios es el silencio”.

Rápido caí en la cuenta de que no era algo alcanzable sólo por el hecho de no hablar, es más no podemos pensar que la palabra humana, como el sonido de la naturaleza pueden romper el silencio, pero sí puedo escucharlos en el marco del silencio. ¡Aquí está el misterio de lo que se expresa en esta sentencia! El silencio he de recibirlo como un don. Y al fin sólo es verdadero silencio cuando puedo llegar a identificarlo con Dios.

Nada de lo que yo pueda alcanzar con mi silencio material, puede llegar a ser identificado con el “silencio” que es Dios. No hacer ruido, no hablar, no es todavía el silencio. ¿Qué es?, uno de los pasos previos. Viene después el silencio de mi cuerpo y de mi mente, de todo cuanto impide la acogida del silencio. Estar en esa sabrosa espera es lo que se constituye en la tarea de toda vida contemplativa.

Ser contemplativo no es ausentarse del mundo sino dejar que en el mundo se abra paso este silencio. Sin duda que en espacios como Batuecas, esta sentencia resuena con fuerza y así impresiona verla colocada en el momento en que uno se acerca a este monasterio.

 

P. Francisco Brändle

Reflexiones

Poned los ojos en el centro… adonde está el Rey (1 M 2, 8)

fuente

“Buscarme has en ti”… ¡Qué hermoso reto el de la santa para todo el que busca la respuesta a la pregunta por antonomasia! ¿Quién soy yo? La metáfora del castillo interior es toda una aventura de introspección. No se trata de mirarse al ombligo, creyéndose alguien superior; ni tampoco, dejándose arrastrar por la baja autoestima, de retirar los espejos de casa para no verse a sí mismo. Hay una tercera vía.

En todos nosotros, en lo más profundo y escondido a nuestros ojos, está Él. Mientras el mundo nos invita a salir fuera, a explorar, a descubrir, a gozar, a vivir…, una voz interior susurra e invita también a entrar en uno mismo. Hay quien teme al silencio, al supuesto vacío, a las nadas interiores, a soledades descarnadas. Pero, ¡Alguien llama!

No es lo mismo buscarse a sí mismo que buscar algo o alguien dentro de uno mismo. No es lo mismo preguntarme quién soy que preguntarme quién es, quién está en mí. Por el sonido del agua uno se guía y halla la fuente. Hay ríos y mares inmensos fuera de uno pero hay un manantial que borbotea desde lo hondo del corazón.

Y así, en oración se adentra uno en la propia alma, abriendo puertas aquí y allá, buscando esa voz, ese perfume de presencia; y, mientras intentas conocer al Rey, te vas conociendo a ti mismo.

No niego los muchos conocimientos que adquirimos en viajes, en clases magistrales, en Internet, en el encuentro con hombres y mujeres de otros países… Pero ¡cuánto por conocer en el propio corazón! (A veces dormimos con un auténtico desconocido).

¡Y allí… está Él! ¡Qué inmensa satisfacción saber que Él está siempre, que no ha cambiado, que es el mismo de tu infancia y de tu juventud! ¡Eres Tú, Señor!

Y entonces estamos los dos, juntos, mirándonos, casi sin hablar. ¡Estamos juntos!

Silencio, paz, presencia…

Fray Bernabé de san José

01 de febrero de 2018

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo” (Ap 3,20)

P.D. ¿Con que un castillo interior, eh, Teresa? ¡Vaya comparación más magistral! Lo que no nos repetiste suficientemente es que, cada vez que vamos pasando por las distintas moradas, las puertas se han haciendo más chicas y hay que agacharse más y más… Es verdad, sí lo decías: ¡humildad, humildad y más humildad!

Reflexiones

Los senderos de la vida

arvores 1

Todos los que se han acercado al Valle de las Batuecas saben lo agradable que es dar un paseo por los diversos senderos que hay. La naturaleza, aquí, perpetúa su encanto original, tornándose en un verdadero oasis para quien busca la contemplación.

Algunas veces me gusta explorar nuevos caminos, llegar a lugares no muy visitados. ¡Cómo si emprendiese una expedición en busca del “edén perdido”! La búsqueda por novedad hace mezclar sentimientos y actitudes diversas como la determinación y el miedo. La recompensa de esta actitud es no quedarse en lo mismo, vislumbrar nuevas caminos, experimentar nuevas sensaciones, contemplar nuevas bellezas…

Pero, algunas veces me gusta retornar por caminos que ya he trillado, procurando captar aquello que no había percibido antes. Así, camino despacito, me detengo en la forma de los árboles o en el color de las hojas. Cada cosa se reviste de una peculiaridad indescriptible. Cada cosa es única y tiene su hermosura. En estos paseos busco algo allá de lo que veo, busco “las huellas” del Criador. Aquí se educa el mirar contemplativo y se desarrolla la capacidad humana de entrar en comunión con cada cosa creatura, como parte de la misma creación.

En verdad, estas son dos actitudes fundamentares en la vida. La primera no deja que nos acomodemos, la segunda nos hace valorar cada cosa. Quizá, lo difícil sea saber en qué momento sea más conveniente una y otra. Discernir según el corazón de Dios será siempre nuestro reto.

 

Fray Emmanuel María

Reflexiones

Vivir el tiempo presente en la presencia de Dios

Las Batuecas 051

Al comenzar el año nuevo no puedo menos que recordar las palabras de san Agustín acerca del tiempo y sus dimensiones (pasado-presente-futuro) “Es claro y manifiesto que no existen los pasados ni los futuros, ni se puede decir con propiedad que son tres los tiempos: pasado, presente y futuro; sino que tal vez sería más propio decir que los tiempos son tres: presente de las cosas pasadas, presente de las cosas presentes y presente de las futuras. Porque éstas son tres cosas que existen de algún modo en el alma, y fuera de ella yo no veo que existan: presente de cosas pasadas (la memoria), presente de cosas presentes (visión) y presente de cosas futuras (expectación). Si me es permitido hablar de otro modo, veo ya los tres tiempos y confieso que los tres existen. (Confesiones, Libro XI, cap XX, 26).

Como enseñanza para el nuevo año, veo en estas palabras del santo de Hipona una invitación a vivir cada día en su presente, o lo que es lo mismo, situado en mi presencia ante la Presencia de Dios. Porque sólo en el presente está la salvación y ahí hay que buscarla: “Os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Pues dice: «En el tiempo favorable te escuché, en el día de la salvación te ayudé». Pues mirad: ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación” (2 Cor 6,1-2). ¡Qué importante es vivir cada día en su afán! (cf Mt 6,33); para mí que en esto consiste la vida contemplativa.

P. Casto Acedo.

Contemplare.blog

Reflexiones

Compartir una meta común

Las Batuecas 099

Amiga/o, quienquiera que abras esta página web, bienvenido seas. Espero poder ofrecerte una reflexión sencilla, con la que compartir el silencio creador de este valle de Las Batuecas.

Llegar a ser el que soy, desde la verdadera y auténtica realización a la que estamos llamados, se descubre cuando nos acercamos al misterio que fundamenta nuestro ser, porque el también es el que es por ser para mí, criatura humana a la que entrañablemente ama.

Así es como nuestra entrega al prójimo es auténtica, más aún tiene esa urgencia de descubrir en él no un objeto al que pretendo ofrecer una ayuda, no un adversario al que juzgar, sino una persona con la que quiero compartir una meta común, la de nuestra verdadera realización como seres humanos, nuestra verdadera salvación.

Con esta gozosa esperanza, entiendo muy bien lo que Santa Teresa pudo guardar en su conciencia como un tesoro: “Si veo en algunas personas cosas que a la clara parecen pecados, no me puedo determinar a que ellos hayan ofendido a Dios… parecíame que el cuidado que yo traigo de servir a Dios traen todos…” (CC Oct.-Dic. 1560).

Y también creo con San Juan de la Cruz que venir a descubrir la auténtica caridad que nos une a todos es no poder juzgar mal, porque se entiende claro estar todos llamados a la comunión. Vivir en esta clave teresiano-sanjuanista para los demás es el verdadero olvido de sí para ser para los otros.

(P. F. B.)