Los que confían en el Señor

Amiga/o, quienquiera que abras esta página web, bienvenido seas. Espero poder ofrecerte una reflexión sencilla, con la que compartir el silencio creador de este valle de Las Batuecas.

Cenáculo en el Monte Sión

“Los que confían en el Señor son como el Monte Sión, no tiembla, esta asentado para siempre” (Sal 124,1)

Me preguntaba esta tarde que puede significar: “confiar en el Señor” desde la verdad que encierran estas palabras del Salmo. No me parecía ser una simple llamada a sentirme seguro. Había que ir más allá de ese sentimiento. Tenía que salir de mí, para asentar mi vida en Él, con la conciencia más honda de haberme desprendido de la seguridad que se crea cuando uno encuentra un buen apoyo. La seguridad tenía que venir de más allá, después de haberme desprendido de mí.

La presencia del Señor, en el que confío, deja de crear en mí miedos y temores falsos. No tiemblo, su cercanía me alienta y asegura. Me da una certeza ciega en que no me va a fallar, mi vida se llena de sentido.

Este sentido que cobra mi vida puede traducirse en un estar asentado para siempre, en descubrir que el tiempo en el que vivo esta abierto a la eternidad.  La más profunda oscuridad que puedan traerme los acontecimientos adversos nunca podrá arrebatarme la certeza de estar asentado para siempre.

Os invito a abriros a esta confianza. F. Brändle

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La Hierba de San Juan

La Hierba de San Juan 
(Hypericum perforatum L.)

Larguirucha y espigada, y con flores pequeñitas de un amarillo chillón la hierba de San Juan crece y se entremezcla entre los rosales del jardín del convento. Vista de pasada es una planta más bien vulgar y muy posiblemente la pesadilla de muchos jardineros. 
Hay quienes dicen que su nombre es en honor a San Juan Evangelista, pues florece alrededor de la festividad del mismo, el 24 de junio, mientras que otros atribuyen su nombre a la Orden de los Caballeros de San Juan pues era la hierba preferida para el tratamiento de heridas durante las cruzadas.


En el pasado se creía que alejaba a los malos espíritus y las casas se decoraban con sus flores durante el día de San Juan, y no es muy difícil imaginar el por qué de las supersticiones, sus pequeñas hojas crecen formando cientos de pequeñas cruces, y la salvia que riega las flores es de un color rojo brillante.

Los extractos comercializados de hierba de San Juan (también conocida como hipérico) se popularizaron para el tratamiento de depresión, y especialmente para el tratamiento del Trastorno Afectivo estacional, y es que parece que esas flores amarillas chillonas comprimen en sus pétalos hasta el último rayo de sol. Entre los herboristas es más favorecida para el tratamiento de infecciones virales como el herpes y por sus efectos calmantes en nervios inflamados (como por ejemplo en casos de ciática) especialmente en forma de preparado de aceite 

Para elaborar el aceite de hierba de San Juan debemos utilizar flores frescas, siendo el capullo sin abrir la parte más concentrada y preferible para la preparación. Llenaremos un frasco con las flores troceadas hasta la mitad aproximadamente, y luego lo llenaremos hasta arriba con aceite de oliva (es importante dejar el menor espacio posible con la tapa para evitar la oxidación). Dejaremos el frasco en un lugar a oscuras durante seis semanas, tras las cuales filtraremos las flores. El aceite lo aplicaremos de manera tópica para aliviar dolores musculares o de articulaciones. Este aceite es muy sensible a la luz por lo que hay que mantenerlo en un lugar a oscuras. 

Vista de pasada es una hierba más, sin embargo aquí en este desierto, la lupa del silencio pone a cada pieza de la creación bajo una distinta mirada, la del amor con la que fue creada.

Elsa

Santísima Trinidad

Amiga/o, quienquiera que abras esta página web, quiero acercarme a ti con la confianza que me da saber que has buscado esta página para encontrarte con algo que te pueda sorprender más allá de lo cotidiano de un paisaje urbano aburrido y monótono, de una jornada dura y sin apenas comunicación viva. Quieres buscar una naturaleza que te cautive, o una comunicación que te llene desde un silencio creador.

            Sigo comentándote lo que en los momentos de oración me evocan algunos versículos de los salmos que recitamos. Me quedé diciendo con el salmista: “¿Por qué habré de temer los días aciagos, cuando me cerquen y acechen los malvados..? ( Vg Sal 48,  2-3)”.  No me vino seguridad alguna, no seguí repitiendo con el salmista lo poco que son los que se jactan de ser poderosos. Nada de eso me vino a mi mente. Tampoco me vino que si creo en Dios que es más poderoso nada podrán contra mí. En el silencio, en la escucha amorosa vine a entender que no era cuestión de buscar unas razones que me dieran tranquilidad ante lo que podían ser momentos duros en mi vida. Era algo que se descubre más allá de esa seguridad que da una razón, era la confianza oscura en el misterio del que brota mi vida, la vida de todo ser humano. Entonces se me abrieron los ojos de la fe, de la vida que se abre a Dios, para entender con Santa Teresa, – no por el mucho razonar, sino por esa visión, que ella diría intelectual, pues se le da al entendimiento, aunque sin entender-, que desde el fondo la paternidad de Dios me daba vida y sostenía con su amor, que en los avatares de la vida podía estar siempre identificado con el caminar de Jesús y que el amor, que es el Espíritu, sí lo puede todo. Me descubrí envuelto en el misterio de la Trinidad, no con un lenguaje escolástico, sino con la certeza de una fe que me lleva a entender lo divino en ese misterio trinitario, a confesar la Trinidad como el verdadero y único Dios.

F. Brändle

Feliz Pascua de Pentecostés 2019

Nos disponemos para emprender nuestro camino, preparamos nuestros pies y nuestro corazón para abrirnos a la sorpresa que siempre trae el camino al corazón pobre de quien no juega a conocer el regalo que le aguarda. Nos disponemos para caminar unidos, sabiendo que nuestros pies pisan el mismo suelo que cualquier ser humano en todos los rincones del mundo. Nuestro camino de ermitaños que salen de su soledad y recogimiento, nos une a todos los peregrinos del mundo que buscan un hogar, una casa, una patria. En los pies de todos los peregrinos que sienten la incertidumbre, la noche, el no saber y la soledad. Que nuestro camino sea una comunión y una súplica por cada uno. Antes de comenzar sabed y sentid, hermanos, que todos nuestros pasos son en la palma de la mano de Dios. 

Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre vosotros y os acompañe siempre. 

P. Miguel Márquez Calle OCD

No podemos concebir la contemplación como algo inmóvil, fijo, estable, estático… La contemplación se da en el camino que es la vida, entendida como búsqueda que cada uno emprende, hasta encontrar su sentido último, su más profundo centro, su más genuino origen generador de verdadera vida.  Si ello es así caminar es un hermoso gesto para quienes buscan ser contemplativos en la vida.

Conscientes de ello quienes vivimos en Batuecas, como comunidad, venimos haciendo una vez al año, un día de paseo. La meta la ponemos en lo alto, el monasterio de la Peña de Francia, en uno de los picos de la Sierra de Francia. La salida desde el hondón de nuestro valle. No es un simple paseo de recreo, es un camino arduo, pero lleno de sentido. Quien desde la paz del valle, se aventura a subir a las alturas, lo hace por ese deseo de descubrir la profundidad en la que se puede vivir, y la altura a la que se puede llegar. Lo hacemos en comunión. Caminar juntos, es recoger la experiencia de cada uno en la admiración de cuanto se va descubriendo. Es compartir lo poco que se puede llevar como alimento, beber de la misma fuente que ofrece sus limpias aguas al caminante. Es atravesar los mismos áridos canchales, o los inmensos bosques, es, claro que los es, compartir el cansancio de unos y otros, es llegar al fin a compartir gozosos la meta a la que se llega.

P. Francisco Brändle

420 Aniversario

Amigo lector de esta página, hoy te invitamos a recordar en esta fecha, 5 de junio, el 420 aniversario de la fundación de este monasterio-desierto de carmelitas descalzos.

P. Fr. Blas de San Alberto y P. Fr. Antonio de Jesús.
Autor anónimo, óleo sobre lienzo, principio s. XVII

Terminadas las gestiones para la compra de los terrenos y el acuerdo con los vecinos de La Alberca, conseguidas las licencias eclesiásticas para la fundación, y escogidos los religiosos que habían de emprender esta gran obra, se celebró la misa con la que quedó inaugurado el monasterio. Se hizo en un lugar cercano al portón de entrada actual, ahí se conservan aún las ruinas de la capilla donde se celebró, y que se pueden ver subiendo unos metros a la derecha del camino principal, entre unos matorrales. He aquí la breve crónica que se recoge en uno de los libros de historia de la Orden: “Dispuesta la pieza principal para oratorio, llegaron de Salamanca el P. Provincial, Fr. Tomás de Jesús y el P. Rector, Fray Blas de San Alberto, que celebró la primera misa, deferencia que tuvieron con él el provincial y el presidente de la casa por haber sido maestro de novicios de ambos. Las casa quedó fundada para gloria de Dios, de la Virgen Santísma y su esposo san José, a quien, por mandato del Padre Provincial se dedicó aquella casa”

Pasados estos cuatrocientos veinte años volvemos a recordar con emoción aquel momento primero de esta historia, donde numerosos carmelitas ermitaños, han sido la luz de este valle, la sal de esta tierra, y testigos de una vida que se abre al futuro con nuevas perspectivas, al compartir también la experiencia con quienes deseen encontrar en este espacio un horizonte abierto a la contemplación.

Seguimiento de Cristo

Tengo claro que la gracia mayor en el seguimiento de Cristo es venir a conocer sus deseos y proyectos, cuando habla del Reino de Dios que llega. ¿Dónde lo veía llegar?, ¿Cómo lo concebía? Pero, vine después a pensar que eso sería seguirle con unas seguridades que partirían de un análisis y una aceptación muy egoístas, después de conocerlo, juzgarlo, vería si le seguía o no. Mala forma de fiarme de quien de verdad me salva. Entender sus proyectos, sería hacerlos a mi medida, empequeñecerlos, someterlos a mis gustos y caprichos, debía abrirme a la confianza, donde el seguir naciera de la confianza, pero no una confianza anodina, parada, esperando que ya llegará, sino llena de viva esperanza. La que los salmos mesiánicos me transmitían, la que leo por el ej. en el salmo 19, allí se hace viva la petición porque se cumplan los proyectos del Rey mesiánico. Siento entonces que mis deseos se han de identificar con ese Reino que trae, más allá de mis cálculos, pero que me involucra en ello. Se me hace fácil rezar los salmos mesiánicos desde esta perspectiva.

Francisco Brändle