“Pruébanos tú, Señor, que sabes las verdades para que nos conozcamos!”

“Somos amigos de contentos más que de cruz. Pruébanos tú, Señor, que sabes las verdades para que nos conozcamos!” 

(Santa Teresa, Moradas 3ªs, cap.1,9)

Tiempo de reflexión. Tiempo para amar. Estos días de duro confinamiento, solos o en familia o con algún amigo, nos da tiempo para ordenar nuestra casa, nuestro interior, y nos revela lo mucho que dependemos uno de otro. Que las palabras de Jesús, o Santa Teresa, o San Juan, están infundidas de una verdad reveladora.

Complacientes y viviendo una vida llena de bienestar material, esta pandemia nos revela la importancia de la caridad y misericordia, de cuidar de los enfermos, enterrar a los que han muerto solos, relativizar y transformarnos. Ahondar en nuestro autoconocimiento y amor mutuo. Prepararnos para el mundo post-virus.

Desde lo profundo de la fosa nace la esperanza. En la oscuridad se refuerzan nuestras raíces, para florecer en la luz.

Hermano Frederik

Dios mío, confío en tí

Cada domingo en la noche, cuando rezamos el Salmo 90, repito siempre con fuerza,  obedeciendo al salmista: “Refugio mío, alcázar mío, Dios mío, confío en tí”, Para escuchar después con devoción todos los beneficios que se derivan de este grito de confianza, entre ellos está: no temerás la peste que se desliza en las tinieblas, recordándome estos momentos que vivimos amenazados por el coronavirus.

Heinrich Hoffan, 1893 grabado

            Más allá de lo que significa el verse libre de este peligroso virus, pues me siento solidarizado con todos los que lo padecen, lo que sí me ha traído esta situación es descubrir que todas estas amenazas están por debajo, que se deslizan en la tiniebla, pero que el Señor está velando sobre todos los “pueblos”, porque esta por encima de todos ellos (Sal 112). Esta tarde orando con este salmo, podía descubrir que su luz ilumina ahora con fuerza sobre todo, pues los cielos, su morada, están en lo más alto de las miras de los hombres, que han vuelto a renacer en estos momentos de crisis. Sí, su gloria sobre los cielos, su luz sobre esta Humanidad amenazada, que vuelve a descubrir que sólo en la solidaridad y la comunión se encuentran los caminos de salvación.

En nuestro monasterio, siguiendo las indicaciones recibidas de las autoridades no recibiremos huéspedes, pero nuestro corazón estará cerca de todos aquellos que por esta causa no han podido estar con nosotros, pero también de todos los enfermos, de todos los que les cuidan, y de todos los que por esta razón, al igual que nosotros, permanecemos en nuestra casas. Aunque hemos de reconocer que en este sentido somos privilegiados, nuestra casa es un espacio lleno de luz y vida, al tiempo que de paz y silencio. Desde aquí  os recordamos.

F. Brändle

Cuaresma con santa Teresa

En Batuecas, dentro de la austeridad y sencillez que envuelve nuestra vida, nos unimos al espíritu de Cuaresma viviendo intensamente los textos que la liturgia de la iglesia nos propone, y quisimos que nuestra oración silenciosa se envolviera también en ese talante de espera en la resurrección a través de los misterios de la pasión, con lo cual decidimos el viernes ante una cruz que colocamos en lugar preferente, comenzar a vivir esos momentos contemplativos impulsados por unos textos de Santa Teresa que queremos ofrecer en esta página al lector:

Réplica del conjunto de Gregorio Fernández en procesión

 “Tenía este modo de oración, que, como no podía discurrir con el entendimiento, procuraba representar a Cristo dentro de mí, y hallábame mejor de las partes adonde le veía más solo. Parecíame a mí que estando solo y afligido, como persona necesitada, me había de admitir a mí. De estas simplicidades tenía muchas; en especial me hallaba muy bien en la oración del huerto, allí era mi acompañarle, pensaba en aquel sudor y aflicción que allí había tenido; si podía, deseaba limpiarle aquel tan penoso sudor; mas acuérdome que jamás osaba determinarme a hacerlo, como se me representaban mis pecados tan graves. Estábame allí lo más que me dejaban mis pensamientos con él, porque eran muchos los que me atormentaban. Muchos años, las más noches, antes que me durmiese (cuando para dormir me encomendaba a Dios), siempre pensaba un poco en este paso de la oración del huerto” (V 9,4)

            “Si estáis con trabajos o triste, miradle camino del huerto; ¡qué aflicción tan grande llevaba en su alma!; pues con ser el mismo sufrimiento no la dice y se queja de ella. O miradle atado a la columna, lleno de dolores, todas sus carnes hechas pedazos por lo mucho que os ama: tanto padecer, perseguido de unos, escupido de otros, negado de sus amigos, desamparado de ellos, sin nadie que vuelva por él, helado de frío, puesto en tanta soledad, que el uno con el otro os podéis consolar. O miradle cargado con la cruz, que aún no le dejaban hartar de huelgo, Miraros ha él con unos ojos tan hermosos y piadosos, llenos de lágrimas, y olvidará sus dolores por consolar los vuestros, sólo porque os vais vos con él a consolar y volváis la cabeza a mirarle” CP 27)

F. Brändle

Su Presencia

La iglesia recita los salmos unida a Cristo. Cristo se hace orante con ellos. Su petición sin duda fue, es y será  escuchada. Con estos pensamientos, repetía en mi oración silenciosa los versos del salmo 71: “que baje como lluvia sobre el césped, como llovizna que empapa la tierra” abierto a lo que pudieran revelarme sabiendo que era de Cristo de quien lo estaba diciendo, y que él lo pidió, lo pide y lo seguirá pidiendo. ¿Qué es esa lluvia que se desea caiga sobre el césped? ¿qué es ese césped que recibe la lluvia? Y pensé que cuando se siente tan dulcemente el caer de la lluvia sobre el césped no podía ser otra cosa que esa presencia gozosa de Cristo cuando comienza a alentar en su seguimiento a los hombres. Pedía que así lo sintieran y se dejarán alcanzar por Él, todos los seres humanos… ¿Y esa lluvia que empapa la tierra? Me parecía que era algo mucho más profundo, era llegar a identificarse con Cristo. El agua así absorbida me llevaba a pensar en que ello era llegar a alcanzar el “Cristo vive en mi” de San Pablo. Me parecía algo lleno de sentido saber que es Cristo, que es la Iglesia, cuya cabeza es Cristo quien recita este salmo y hace suyas estas peticiones. Sin duda este salmo 71 que se recita en tantas ocasiones nos abre horizontes llenos de luz a la hora de vivir nuestra fe.

F. Brändle

Icono de la Transfiguración II

Icono de la Transfiguración: Para el oratorio del monasterio de San José de las Batuecas – segunda parte

Los nombres de Elías y Moisés en los medallones a cada lado del Mesías

Los colores que se han usado, se limitan a tres. El rojo, el amarillo y el azul, los colores primarios, de los cuales salen en combinación todos los colores de la luz (blanco). Tanto el blanco como el azul son colores simbólicos de virginidad y pureza. El rojo oscuro del monte Tabor y el ocre amarillo del fondo de la imagen, son pigmentos minerales del valle de las Batuecas, extraídos de las rocas. El rojo es el mismo de las pinturas rupestres que se encuentran bordeando el río Batuecas.

Mosaico s. VI en el monasterio de la Transfiguración o de Santa Catalina en el Monte Sinai. Fuente de inspiración.

En la mano izquierda de Jesús hay un pergamino enrollado en forma de la espiral de Arquímedes. Es uno de los símbolos más antiguos y se encuentra en todos los continentes, habiendo jugado un papel fundamental en el simbolismo desde su aparición en el arte megalítico. Parece que en muchos lugares representaba el ciclo “nacimiento-muerte-renacimiento” así como al sol, que se creía seguía ese mismo ciclo, naciendo cada mañana, muriendo cada noche y renaciendo a la mañana siguiente.

El rollo, a la vez que simboliza las escrituras, actúa como un cetro.

Detalle de los nombres en griego de Pedro, Santiago y Juan en los medallones. Las tres corrientes de agua que brotan de la cueva simbolizan la Santísima Trinidad: el Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Los colores son de pigmentos minerales en una emulsión de yema de huevo y vinagre, representando el alma y la Pasión. Por tradición el icono es una ofrenda comunitaria, por eso no se firma.

Los colores recuerdan el efecto de una vidriera, que a su turno, tuvo un efecto sobre San Juan de la Cruz, que tan profundamente asoció a ellas el alma.

Paz y Justicia

“Que los montes traigan paz, y los collados justicia”  (Sal  71). Cuando leía estos versos pensaba que era una bella petición que tendría que saber descubrir en su sentido más genuino, el del lenguaje del espíritu, que tanto nos cuesta aprender. Repetía una y otra vez: “que los montes traigan paz y los collados justicia”. Recordaba que San Juan de la Cruz había usado estos dos símbolos: monte y collado, como lugares donde verse en la hermosura de Dios. Intuía en el silencio de la oración, de esa noticia amorosa de Dios en la que venir a vivir su presencia en el mundo, lo que importa llegar a una verdadera paz despertando los valores religiosos en la humanidad. Fomentando ese encuentro con el Dios vivo en el corazón de los hombres, abriendo caminos de verdadera contemplación para todos. La montaña símbolo de la presencia asombrosa de Dios en la vida de los hombres sería el dador de la verdadera paz.

Junto a esta intuición la del verso siguiente también se me hizo presente: la verdadera justicia llegará cuando en el corazón de la humanidad anide la salvación, el sentirse plenamente realizado todo hombre que llega a este mundo. Mi encuentro se hizo también vivo con todo ser humano que habita, habitó o habitará en este mundo. Formábamos esa unidad salvada, justificada que se simbolizaba en el collado. La contemplación del verdadero Dios y el verdadero hombre sería la meta a alcanzar expresada en esos dos términos, la paz y la justicia. Y seguí repitiendo: “Que los montes traigan paz, y los collados justicia”.  Espero que desde esta intuición el Señor me haga más comprometido en la búsqueda de los caminos que la hagan posible.

F. Brändle

EL REGALO QUE YO QUIERO

Reyes Magos, Leonardo da Vinci, 1480-1482 Galería Uffizi, Florencia

Hoy, día de Reyes, queremos compartir con vosotros unos versos de Gloria Fuertes que muchos ya conocerán, pero que nos han ayudado a vivir este día en el silencio y la contemplación que se alcanzan en una vida sencilla, lo que ya se ha dado en llamar: la simplicidad de la vida:

EL REGALO QUE YO QUIERO

Yo no deseo un regalo

Que se compre con dinero.

He de pedir a los Reyes

Algo que aquí no tengo:

Pido dones de alegría

Y la canción del jilguero,

Y la flor de la esperanza

Y una fe que venza el miedo.

Pido un corazón muy grande

Para amar al mundo entero.

Yo pido a los Reyes Magos

Las cosas que hay en el cielo:

Un vestido de ternura,

Una cascada de besos,

La hermosura de los ángeles,

Sus villancicos y versos

Y una sonrisa del Niño,

El regalo que yo quiero

Un nuevo año para vivir un tiempo de gracia

La noche de fin de año los que nos encontramos en este lugar de Batuecas hemos querido vivirla en el silencio y la armonía que este lugar nos brindaba. Nos reunimos a las once y media en el oratorio, con el deseo de experimentar no solo la llegada de un nuevo año solar, sino la visita del sol que nace de lo alto celebrando el 2020 año de su llegada.

Buscábamos algo distinto, algo más, algo mejor, al celebrar su visita de lo alto, Buscábamos descubrir que con ello El se convertía en nuestra heredad. Y nuestra suerte estaba en sus manos. El salmo 15, leído con detención, nos lo venía a recordar. Sentimos que no necesitábamos desearnos nada más, los bienes de la tierra ya no nos satisfacían, porque “nuestra suerte”, nuestro futuro estaba en sus manos. Una suerte que no era ya un azar, ni una superstición, estaba en sus manos, y nada que no dependiera de ellas iba a sucedernos.

Nos daba paz, nos daba seguridad, pero no la confundíamos con que todo nos iba a salir bien. Sentíamos en el silencio de la noche, en la hondura de nuestro ser que no nos conformábamos con menos que con Dios mismo, creído, vivido y asimilado en la esperanza de que cada día nuestro corazón se llenaría de su bondad para entregarla a los demás. Nuestra vida lejos de alejarse del mundo se encarnaría afrontando cualquier eventualidad. Dios sería esa felicidad deseada porque era en sus dones espléndido. Descubrimos en la entraña de la noche, que nada podía ser comparable a la dicha de estar en sus manos. Era nuestra el lote de nuestra herencia para cada día del año. ¿Qué más se puede desear para un nuevo año?, Sí, que El sea el Dios en el que nos encontrarnos para ser colmados de El.

F. Brändle

Los Papas y Santa Teresa del Niño Jesús

Celebramos el pasado 1 de octubre la fiesta de Santa Teresa del Niño Jesús. Quiero recordarla como animadora espiritual de los últimos Papas del siglo XX. Todos encontraron en ella, leyendo sus obras, el evangelio vivido de una forma sencilla y profunda algo que habría de alentar siempre la vida de la iglesia, de la que por su ministerio han de servir de modo singular.

De su visita a Roma, y su encuentro con el Papa León XIII, al que pide la gracia de entrar en el Carmelo con sólo 15 años, Teresa nos ofrece una concepción paterna y filial de este ministerio. Confía en ser comprendida y atendida ante la urgencia que siente de entregarse al Señor en el Carmelo. Si bien, el encuentro no acabó en la concesión del permiso, sí nos descubre esa confianza que luego reflejará en su espiritualidad. Recuerda la mirada penetrante y profunda del Pontífice, pero a su vez en su respuesta remitiéndola a los Superiores le ofreció una confianza por su bondad que la permitió insistir y apelar a su autoridad, u aunque no fue atendida su petición favorablemente entendió ser su palabra profética al afirmarla que entraría si así Dios lo quisiera.

La sucesión de Papas que en el siglo XX ocupan la sede de Pedro, encontrarán en ella una mujer singular, de un valor extraordinario para la iglesia en estos tiempos. Pio X afirma de ella ser la santa más grande de los tiempos modernos, dispuesto a iniciar la causa de su beatificación. Benedicto XV, declara la heroicidad de sus virtudes, entiende su mensaje y usa para ello la célebre expresión: “la infancia espiritual”. Lejos de toda soberbia y presunción la infancia espiritual supone una fe viva en Dios misericordioso. Será Pio XI quien lleve a término todas las etapas de su glorificación 29 de abril de 1923, la beatificación, 17 de mayo de 1925 canonización y 14 de diciembre de 1927 declarada patrona de las Misiones. No duda en llamarla la “estrella de su pontificado”. Pio XII mantuvo una relación viva con el Carmelo de Lisieux, y recuerda que la infancia espiritual es un camino para todos, porque sólo hace valer ante Dios la propia debilidad. Juan XXiII es el gran propagador de su doctrina que considera tan necesaria, como lo son en los grandes puertos las naves pequeñas para poder desembarcar las mercancías que traen los grandes barcos. Pablo VI, que afirmaba haber nacido para la tierra el día que nuestra santa nació para el cielo, siente por ello una profunda devoción por ella. Veía en ella una mujer realista, y al mismo tiempo llena de humildad, porque nos enseña a no contar sólo con nuestras fuerzas, sino con el amor misericordioso de Cristo. Su realismo la llevó a no esperar a encontrar un ambiente ideal para comenzar su camino a la santidad. Tampoco le fue ajena a Juan Pablo I, la santa de Lisieux, a la que dirigió una de sus cartas, recordando cuánto le había ayudado en su enfermedad, con su fortaleza. Juan Pablo II, la declarará doctora de la Iglesia 3l 30 de mayo de 1988. No olvidemos lo presente que estuvo en el último viaje a África del actual Papa Francisco, quien en su mensaje a las contemplativas les pone como modelo a Santa Teresa del Niño Jesús.   

Francisco Brändle ocd

Fiel y Seguro

Me sorprendí esta mañana repitiendo en la oración: “Tus mandatos son fieles y seguros”. Me deje alcanzar por este verso del salmo 92. Sentí que nada me podía dar más seguridad que encontrar eso que Dios quiere para acertar con lo que me daría la verdadera vida.

La vida está llena de inseguridades cuando deseamos acertar desde nuestros criterios y modos de verla. Me llenaba de seguridad saber que si encontraba lo que Dios quería nada me podría arrebatar esta convicción, tan ajena a lo que comúnmente se siente. Y me volvió a golpear el que todo era posible porque en la fidelidad de Dios, que expresan sus mandatos, es decir su voluntad de encontrarme y darme vida, estaba la roca más firme en la que apoyarme. Nada de esto lo entendía por reflexiones o consideraciones, se me iba descubriendo en esa noticia con la que Dios va llenando la oración. Le di gracias, al tiempo que le pedía que cada uno de las mujeres y hombres que viven en el mundo pueda abrirse a esa seguridad.

F. Brändle