La búsqueda de la voluntad de Dios en los Místicos Carmelitas

Santa Teresa, anónimo s.XVII, detalle, Convento de San José, Toledo

Otro reto de la santidad en el Carmelo es la búsqueda constante de la voluntad de Dios. El silencio, la soledad y la oración, propia de nuestro estilo de vida, son los medios para estar atentos a la voluntad de Dios. Él comunica su plan de amor y de salvación a todos, pero, para que se pueda acoger mejor, es necesario ponerse en actitud de escucha silenciosa y amorosa. La Virgen María es la gran maestra del Carmelo en este arte de la escucha obediente a Dios en la fe.

Cuando Santa Teresa habla del matrimonio espiritual, en las séptimas moradas nos enseña que la unión con Dios, produce en la persona la unión de voluntad. Nuestra voluntad se ha hecho una con la voluntad de Dios, de manera tal que asumimos como nuestro el querer divino. La persona unida a Dios está dispuesta a conformar su vida con los designios de Dios.

Lo que anhela solamente es servir y amar a Aquél que le ha creado, redimido y salvado. Es lo que, resumidamente, Teresa nos dejó reflejado en los versos:

“Veis aquí mi corazón, yo le pongo en vuestra palma;

 mi cuerpo, mi vida y alma, mis entrañas y afición.

Dulce Esposo y redención, pues por vuestra me ofrecí:

¿qué mandáis hacer de mí?”.

No es distinto el pensamiento de San Juan de la Cruz, en la unión de amor, es decir, cuando hay semejanza de amor, “las dos voluntades, conviene a saber, la del alma y la de Dios, están en uno conformes, no habiendo en la una cosa que repugne a la otra” (2S 5,3). Para llegar a esta unión de voluntad el Santo nos habla de la necesidad de pasar por la purificación de la noche oscura. Esta experiencia liberadora permite a la persona salir de la esclavitud de su voluntad, egoísta y mezquina, para adherir una propuesta de plenitud y transcendencia.  

La total entrega de sí y adhesión al querer divino también la encontramos en Santa Teresita. Valiéndose de una sencilla comparación, expresa la misma disposición interior. Ella se ha ofrecido al Niño Jesús como un juguete, “una pelotita sin ningún valor a la que él podía tirar al suelo, empujar con el pie, agujerear, dejar en un rincón, o bien estrechar contra su corazón, si eso Le complacía”. (MA 177). Estas dulces palabras, aparentemente inocentes, encierran dentro de sí una dimensión de fe y confianza en Dios que Teresita testimonió en su noche oscura.

¡Místicos del Carmelo enséñanos a acoger la voluntad de Dios!

Fray Emmanuel María

Retorno Glorioso

Rembrandt, Retorno del hijo pródigo, 1661-69 Museo Hermitage

Me quede sorprendido la otra tarde al descubrir algo que no se me hubiera ocurrido fácilmente. Al repetir un versículo para vivir mi oración, se me vino a la mente que podría hacerlo con las palabras que los gentiles, la gente de Babilonia, podría dirigir a los judíos según el salmo.  : “El Señor ha estado grande con ellos”. (Sal 125). Y me venía claro que yo no me podía identificar con aquellos pueblos que así se dirigían al pueblo de Israel, no vivía sus circunstancias. Pero de pronto se me hizo claro algo muy distinto: que podría contemplar a mis hermanos  que oraban junto a mí, y más aún a toda la humanidad, diciendo: “El Señor ha estado grande con ellos”.

En un mundo deshumanizado, en medio de guerras, odios y divisiones parecía imposible que así fuera, y sin embargo me seguía golpeando fuerte esta expresión, porque sentía que por encima de todo ello la fuerza del resucitado que atrae a todos hacía sí, lo haría posible. Si la humanidad retornaría cantando a su tierra de promisión: el Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo que con la fuerza de su Espíritu nos daría vida y salvación, pasado el destierro.

Y, al fin, el retorno glorioso a la tierra de bendición, era universal, quien lo contemplaba era llamado a participar en esa bendita vuelta al Padre. La esperanza contra toda esperanza, era algo que vendrá y se me invitaba a vivirlo. 

F.Brändle

Los Papas y Santa Teresa del Niño Jesús

Celebramos el pasado 1 de octubre la fiesta de Santa Teresa del Niño Jesús. Quiero recordarla como animadora espiritual de los últimos Papas del siglo XX. Todos encontraron en ella, leyendo sus obras, el evangelio vivido de una forma sencilla y profunda algo que habría de alentar siempre la vida de la iglesia, de la que por su ministerio han de servir de modo singular.

De su visita a Roma, y su encuentro con el Papa León XIII, al que pide la gracia de entrar en el Carmelo con sólo 15 años, Teresa nos ofrece una concepción paterna y filial de este ministerio. Confía en ser comprendida y atendida ante la urgencia que siente de entregarse al Señor en el Carmelo. Si bien, el encuentro no acabó en la concesión del permiso, sí nos descubre esa confianza que luego reflejará en su espiritualidad. Recuerda la mirada penetrante y profunda del Pontífice, pero a su vez en su respuesta remitiéndola a los Superiores le ofreció una confianza por su bondad que la permitió insistir y apelar a su autoridad, u aunque no fue atendida su petición favorablemente entendió ser su palabra profética al afirmarla que entraría si así Dios lo quisiera.

La sucesión de Papas que en el siglo XX ocupan la sede de Pedro, encontrarán en ella una mujer singular, de un valor extraordinario para la iglesia en estos tiempos. Pio X afirma de ella ser la santa más grande de los tiempos modernos, dispuesto a iniciar la causa de su beatificación. Benedicto XV, declara la heroicidad de sus virtudes, entiende su mensaje y usa para ello la célebre expresión: “la infancia espiritual”. Lejos de toda soberbia y presunción la infancia espiritual supone una fe viva en Dios misericordioso. Será Pio XI quien lleve a término todas las etapas de su glorificación 29 de abril de 1923, la beatificación, 17 de mayo de 1925 canonización y 14 de diciembre de 1927 declarada patrona de las Misiones. No duda en llamarla la “estrella de su pontificado”. Pio XII mantuvo una relación viva con el Carmelo de Lisieux, y recuerda que la infancia espiritual es un camino para todos, porque sólo hace valer ante Dios la propia debilidad. Juan XXiII es el gran propagador de su doctrina que considera tan necesaria, como lo son en los grandes puertos las naves pequeñas para poder desembarcar las mercancías que traen los grandes barcos. Pablo VI, que afirmaba haber nacido para la tierra el día que nuestra santa nació para el cielo, siente por ello una profunda devoción por ella. Veía en ella una mujer realista, y al mismo tiempo llena de humildad, porque nos enseña a no contar sólo con nuestras fuerzas, sino con el amor misericordioso de Cristo. Su realismo la llevó a no esperar a encontrar un ambiente ideal para comenzar su camino a la santidad. Tampoco le fue ajena a Juan Pablo I, la santa de Lisieux, a la que dirigió una de sus cartas, recordando cuánto le había ayudado en su enfermedad, con su fortaleza. Juan Pablo II, la declarará doctora de la Iglesia 3l 30 de mayo de 1988. No olvidemos lo presente que estuvo en el último viaje a África del actual Papa Francisco, quien en su mensaje a las contemplativas les pone como modelo a Santa Teresa del Niño Jesús.   

Francisco Brändle ocd

Justicia en el país del olvido

Edvard Munch, El niño enfermo 1886

Me ha impresionado siempre el lamento de ese enfermo grave que expresa su dolor en el salmo 87. Desde niño desgraciado y enfermo, lleno de miedos, abandonado de sus amigos. No parece sino que su vida ha sido un sinsentido y no ha merecido la pena. Así lo podría vivir un fiel judío, que veía en su salud la gracia salvadora de Dios. Pero si la vida es ante todo una expresión del amor de Dios que en ella se vuelca, hemos de tratar de descubrirlo a la luz del misterio de la Cruz. La visión tan cerrada del dolor como expiación, ha venido a poner en el mayor dolor la mayor capacidad de expiar. La Cruz del Señor sería ya el culmen de esa visión. Sin embargo, la visión del místico, como Juan de la Cruz, no pasa por ahí, entiende que la cruz es el camino por el que el hombre queda totalmente vacío de sí y abierto a Dios. El cuerpo totalmente necesitado, abandonado, viene a llenarse del amor de Dios y hacerse capaz de resucitar. Convertirse en el cuerpo espiritual, que traerá consigo el resucitar con Cristo. Por eso en la oración vine a intuir que llenar el cuerpo de amor, por ese tratamiento médico, por ese cuidado que como enfermos nos tomamos, es hacer posible también que en él se exprese la cruz y la salvación, no como expiación sufriente, sino como amor recibido en la necesidad y el abandono. Si hemos de amarnos a nosotros mismos para poder amar al prójimo, no cabe duda que ser persona encarnada en ese cuerpo dolorido, paciente, sin capacidad para hacer, pero si para ser paciente, nos hace no ser heroicos estoicos, sino creyentes en la resurrección que llena de vida y amor el cuerpo, incluso ya en su último momento que es la muerte. Si somos capaces de vivir el lamento del pobre salmista -al que hacía alusión al comenzar- desde esta visión,  tendremos la respuesta para tantos interrogantes como en su situación se le planteaban ¿Harás tu maravillas por los muertos? ¿se alzarán las sombras para darte gracias? ¿se anuncia en el sepulcro tu misericordia, o tu fidelidad en el reino de la muerte? ¿se conocen tus maravillas en la tiniebla, o tu justicia en el país del olvido?. Se trata ahora de abrirse al Espíritu de Dios, al Amor que desde nuestro propio espíritu acogerá ese cuerpo doliente y paciente para llenarlo de ese amor y cuidado que lo hará esperar gozoso la resurrección.

F. Brändle

Bien con libertad se ha de andar en este camino

Una de las joyas más preciosas del magisterio teresiano es, sin duda, su doctrina sobre la libertad. Santa Teresa utiliza esta palabra con más de un significado, pero aquí nos detenemos en lo que la Santa llama “libertad de espíritu”. El lector atento de los escritos teresianos percibirá la importancia que concede la autora al hecho de “andar en libertad en este camino”.

Teresa se queja muchas veces por verse culturalmente tullida en su condición de mujer. Muy representativas son sus palabras en las Sextas Moradas que nos parece justo transcribir: “Por otra parte, se querría meter en mitad del mundo, por ver si pudiese ser parte para que un alma alabase más a Dios; y si es mujer, se aflige del atamiento que le hace su natural porque no puede hacer esto, y ha gran envidia a los que tienen libertad para dar voces, publicando quién es este gran Dios de las Caballerías” (6M 6,3).

Entretanto, Teresa no reduce la lucha por la libertad a una cuestión social y cultural, sabe que esta cuestión tiene raíces más hondas. Para ella, la libertad es un valor inestimable, pero no es algo que se deba buscar en sí misma, es una libertad “para”. Buscarla en sí misma nos llevaría a ser esclavos de ella. Por esto es una libertad para algo mayor, como: colocar en las manos de Dios (V 22,2); “llegar almas a Dios” (V 30,21); hacer lo que el Señor pide (V 33,11); “tratar cosas de su alma” (CV 5,4); decir mi parecer (Ct 24,11), “dar voces, publicando quién es este gran Dios” (6M 6,3). La libertad teresiana es una condición imprescindible para amar y servir a Dios plenamente.

En la doctrina teresiana la libertad está ligada al desasimiento de todo lo creado. Cuando en el libro Camino de Perfección habla extensamente sobre el desasimiento (CV 9-13), evidencia que el más difícil es el desasimiento de sí mismo (CV 10,1). Quizá la libertad auténtica es aquella que nos libra de nosotros mismos, o sea, de nuestras tendencias egoístas y mezquinas. En este sentido se opone al concepto moderno que identifica la libertad con el hedonismo (el máximo de placer y el mínimo de dolor). Así Teresa, en su libertad de espíritu, exclama con mucho acierto: “Sea el Señor alabado, que me libró de mí” (V 23,1).

Fray Emmanuel María, ocd

¡Oh Cruz Fiel!

San Juan de la Cruz, litografía s.XIX, Museo de Ávila

¡Oh Cruz, fiel, árbol único en nobleza!

Jamás el bosque dio mejor tributo en hoja, en flor y en fruto.

¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la vida empieza con un peso tan dulce en su corteza!

Al mirar hoy la Cruz contemplamos a Jesús en su oblación de amor por nuestra salvación. Ella es para nosotros instrumento de Redención: “Tu Cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos, por el madero ha venido la alegría al mundo entero”. Jesús vino a dar pleno cumplimiento a la historia del pueblo de Israel y a nuestra historia. Jesús es aquel que desciende del cielo, el que conoce al Padre y que vive en íntima unión con Él: “El Padre y yo somos unos” (Jn 10,30). Jesús es el enviado del Padre para revelar el misterio de la salvación, el misterio del amor que se realiza con su muerte en la Cruz. De instrumento de muerte la Cruz se torna en instrumento de vida, porque de ella pende. Cantamos al que en la Cruz devuelve la esperanza de toda salvación, honor y gloria. Jesús crucificado es la suprema manifestación de la gloria de Dios. Por eso la cruz es signo de victoria, de salvación de amor. Todo lo que podemos entender con la palabra cruz: al sufrimiento, la injusticia, la persecución, la muerte, no se comprende si miramos con ojos humanos; pero con los ojos de la fe y el amor se entiende como medio de conformidad con Aquel que nos amó primero. Así el sufrimiento no es vivido como un fin en sí mismo, sino como participación en el misterio de Dios, camino que conduce a la salvación. Sólo cuando creemos en el crucificado nos podemos disponer a acoger el misterio de Dios que se encarna y da la vida por nosotros: “¡Salvador del mundo, sálvanos!, Tú que por tu Cruz y tu sangre nos redimiste, socórrenos, Dios nuestro”. 

Celebrar la fiesta de “La Exaltación de la Santa Cruz” es una invitación a crecer en la conciencia del amor de Dios Padre que no rehusó enviar a su Hijo, Jesucristo. Su Hijo que despojado de su esplendor divino se tornó semejante a los hombres, dio su vida en la Cruz por cada uno de los seres humanos: creyentes o no creyentes. La Cruz es el espejo en el cual, reflejada nuestra imagen, podemos encontrar el verdadero significado de la vida, la puerta de la esperanza, hogar de renovada comunión con Dios y con la Humanidad que sufre. 

Que contemplando hoy la Cruz del Redentor tengamos presente los muchos hermanos que en nuestro mundo sufren por causa del hambre, de la enfermedad, de la violencia, de la injusticia, de la droga, de la falta de acogida. Haz, Señor, que estos nuestros hermanos que sufren con las cruces de la vida puedan alcanzar por medio del sufrimiento la salvación que tú nos ofreces ¡Oh victoria de la Cruz y admirable signo de salvación! Haz que alcancemos tu triunfo en el cielo. Amén.  

Fr. Francisco Aurilio, ocd.

Fiel y Seguro

Me sorprendí esta mañana repitiendo en la oración: “Tus mandatos son fieles y seguros”. Me deje alcanzar por este verso del salmo 92. Sentí que nada me podía dar más seguridad que encontrar eso que Dios quiere para acertar con lo que me daría la verdadera vida.

La vida está llena de inseguridades cuando deseamos acertar desde nuestros criterios y modos de verla. Me llenaba de seguridad saber que si encontraba lo que Dios quería nada me podría arrebatar esta convicción, tan ajena a lo que comúnmente se siente. Y me volvió a golpear el que todo era posible porque en la fidelidad de Dios, que expresan sus mandatos, es decir su voluntad de encontrarme y darme vida, estaba la roca más firme en la que apoyarme. Nada de esto lo entendía por reflexiones o consideraciones, se me iba descubriendo en esa noticia con la que Dios va llenando la oración. Le di gracias, al tiempo que le pedía que cada uno de las mujeres y hombres que viven en el mundo pueda abrirse a esa seguridad.

F. Brändle