Icono de la Transfiguración

Para el oratorio del monasterio de San José de las Batuecas

El misterio de la “Transfiguración” del Señor narrado en los evangelios siempre ha sido fuente de contemplación. Así lo ha entendido la tradición de la iglesia, sobre todo oriental, y en nuestra capilla había una reproducción de uno de los muchos que se veneran en el mundo. Estábamos ciertos que podíamos muy bien hacer vida lo que en  que en uno de los himnos de la fiesta se canta:

Que podamos en la misma nube que a Ti te envuelve

Despojarnos del mal

Revestirnos de la blanca vestidura

Y ser contigo transfigurados.

El Señor nos ha concedido llegar a tener nuestro propio icono, creado por uno de nuestros hermanos: Frederik Takkenberg, y el jueves pasado, 6 de febrero, lo bendecíamos con este sencillo rito:

BENDICIÓN DEL ICONO DE LA “TRANSFIGURACIÓN”

Monición de entrada

Señor Dios, Santa Trinidad, a quien ninguna inteligencia puede abarcar, ni palabra alguna expresar, a quien ningún hombre ha visto en parte alguna, que has querido revelarte al hombre. Nosotros creemos lo que hemos aprendido de las Santas Escrituras y la enseñanza de las palabras divinas de los Apóstoles, y te confesamos Dios Padre sin principio, a tu Hijo consubstancial a Ti, y a tu Espíritu que reina y es consubstancial contigo.

Al contemplar este icono de la “Transfiguración” recordamos que así te has revelado en el Tabor a los tres discípulos: Pedro, Santiago y Juan, que oyeron la voz del Padre, se sintieron envueltos en la nube del Espíritu y en la luz resplandeciente del Hijo.

Con este deseo, vamos a implorar tu bendición sobre este icono.

SACERDOTE: La voz amorosa del Padre, la luz resplandeciente de Cristo y el aliento del Espíritu Santo estén con todos vosotros

TODOS: Y con tu Espíritu

SACERDOTE

Oremos

Al recordar el misterio de la “Transfiguración” hemos pintado este icono para que contemplándolo con los ojos, te grabemos, Dios nuestro en nuestra mente, y al verlo glorifiquemos, engrandezcamos y celebremos tus inmensos beneficios que colman nuestro corazón-

Te pedimos que derrames misericordiosamente sobre nosotros tu bendición. En tu nombre tres veces santo, dígnate bendecirlo y santificarlo, a fin de que cuantos lo miren con devoción obtengan la misericordia, la gracia y la liberación de todos los males y dolores, el perdón de los pecados, y consigan ser dignos del reino de los cielos.

TODOS:

Te lo pedimos por la gracia, la misericordia y el amor a los hombres del DIOS ÚNICO GLORIFICADO EN LA TRINIDAD, PADRE, HIJO Y ESPÍRITU SANTO, DE QUIEN ES LA GLORIA AHORA Y SIEMPRE Y POR TODOS LOS SIGLOS. AMÉN

(Se rocía con agua bendita y se inciensa el icono)

TODOS:

GLORIA A TI, OH CRISTO, QUE LA BELLEZA DE TU ROSTRO ILUMINE NUESTRA EXISTENCIA

(Se inicia la procesión)

bendición del icono el 6 de febrero

Icono de la Transfiguración para el oratorio del monasterio de San José de las Batuecas

Durante muchos años, colgaba una reproducción del detalle del icono de la Transfiguración de Cristo del artista Teófanes el Griego, del siglo XV, en el muro derecho del oratorio. Es un icono que ha entrado en la memoria colectiva de los batuecos que vienen a orar en esta humilde capilla. Me pareció natural colocar allí un icono de madera con el mismo tema, igualmente sólo el detalle del Cristo sin la presencia física de los demás personajes, aunque en el icono están presentes en espíritu.

Detalle del icono de la transfiguración de Teófanes el Griego. s. XV Galería Tretyakov

La tabla la encontré en el claustro en un montón de madera preparada para serrar y quemar. Era para un icono, preparada para ello hace muchos años, con la pintura roja tan característica de los fondos de bol para el dorado, con un fino craquelado en toda la superficie por la lluvia y la humedad. A pesar de eso, la calidad era buena, muy difícil de quitar y por eso lo conservé.

Los iconos, cuando nuevos, son impecables, lisos y sin mácula, espejos de la perfección Divina. Cuando miramos iconos antiguos, sus imperfecciones, grietas cuarteados y los descascarillados de la pintura, le dan justamente esa delicadeza y fragilidad entrañable de la finalidad de lo material.

Rescatar la tabla de las llamas, sus imperfecciones símbolos de un simple relato temporal, me permitió ver este icono no sólo como una Transfiguración, sino también a la vez una Resurrección. Una alegoría a la Salvación.

Como con toda obra de importancia, se empieza igualmente con un boceto en papel del icono que se quiere reproducir. “La primera inspiración”. Este luego se transfiere a la superficie de la tabla preparada en blanco con una emulsión de cola de conejo y blanco de cal.

La próxima semana continuamos con el proceso y los símbolos que llenan este pequeño retablo.

Dibujo para la Transfiguración, detalle – carboncillo.
Amarillo Batuecas – pigmento mineral del valle de las Batuecas de fondo.

Orat et Laborat

Para nuestros amigos les resultará grato saber que en la primera semana de agosto, Batuecas ha vivido unos días singulares. Una parroquia de Madrid, Ntra. Sra. de la Fuensanta, organizó un “campo de trabajo”, en el que se involucraron todos, el párroco, D. Daniel, y un grupo de colaboradores, entre ellos familias jóvenes con sus niños. En algún momento llegaron a ser 62 personas, que aprovecharon al máximo el espacio que se preparó para grupos y convivencias dentro del reciento del monasterio  y que llamamos: “La Casona”.

Supieron disfrutar de los encantos del lugar, padres, hijos y jóvenes, en una clima de convivencia único, que proyectaron también sobre nuestra comunidad. Lo palpamos la tarde el domingo en la que compartimos nuestras experiencias, ilusiones, proyectos en la más admirable confianza nacida de sabernos todos envueltos en este clima que de modo muy especial crea Batuecas, la comunicación desde el silencio. Habíamos trabajado en silencio, laboriosamente en la mañana, los jóvenes de la parroquia y los miembros de la comunidad. Pudimos dejar limpio de todo lo que ya era desechable, llevándolo al “punto limpio”. Y, sobre todo, venir a descubrir en lo que aún son ruinas de parte del antiguo monasterio, los pisos y espacios ocultos por la vegetación y el abandono. Hoy gracias a esta tarea hecha con tanto cuidado, podemos volver a ver parte del piso del antiguo “refectorio”, el piso singular hecho de pequeñas piedras del claustro, y desenterrar en el sótano una pequeña acequia con sus “areneros”. Llegó también a aparecer la bodega debajo del “refectorio”, con sus ventiladeros. Tampoco podemos olvidar que otro grupo se dedicó a recuperar muchos  senderos perdidos, que hoy recuperados hacen accesible el paso a unas cuantas ermitas de la montaña, que ya no se visitaban por haber desaparecido el camino. Se limpio el manantial que anegado por las crecidas del río era una de las fuentes de agua para nuestra casa.

Compartimos la fe en las eucaristías dominicales, y gozamos todos de esa hermosa convivencia que nace cuando lo sencillo y pobre se convierte en lo esencial de la vida.

Francisco Brändle

Antiguo refectorio
El claustro pequeño
Dependencias

LOS SANTOS AYUNOS



Guardad ayuno todos los días, menos los domingos, desde la fiesta de la exaltación de la Santa CRuz hasta el día de la Resurrección del Señor, a no ser que la enfermedad o debilidad física u otra causa razonable aconseje su dispensa, pues la necesidad no está sujeta a ley (Regla 14)

Con la fiesta de la exaltación de la santa Cruz comienzan en el santo Desierto los santos ayunos. Es la gran cuaresma monástica que va desde este día hasta la celebración de la Pascua. Es un tiempo de mayor recogimiento, porque la oración exige la purificación profunda del corazón y del alma, para que la unión con Dios no se ponga en algún “gusto o sentimiento sensible”, ni en suavidad espiritual, sino en pureza de fe (Cf. Noche 1, 5-6)

El ermitaño recuerda de forma especial en este tiempo que “no solo de pan vive el hombre”, y que en su camino hacia Dios ha de reconocer su debilidad y su dependencia total de Aquel que lo llama a una íntima comunión de amor. Para tal empresa de vida espiritual nos prepara la ascesis teresiana que es toda evangélica, impregnada de amor y alegría espiritual. Sí, alegría, porque no se crean que el ermitaño vive este tiempo con tristeza o pesadumbre. Más al contrario, es un tiempo en que su corazón permanece en vela, en tensión hacia Dios; y al mismo tiempo puede ayudar con su austeridad a las necesidades de sus hermanos los hombres que padecen necesidad.

Pero el ayuno no sólo consiste en comer menos, en sentir la necesidad del alimento, sino que el ayuno también es romper todo yugo, en compartir el pan con el hambriento, en acoger en el monasterio a los pobres sin hogar, cubrir al prójimo cuando lo ves desnudo y en no esconderse de quien de tu propia carne.

INSTRUCCIÓN para los Desiertos de la Orden de los Carmelitas Descalzos: DECRETO – Capítulos 2 al 4 (y IV)

CAPÍTULO II: CONSTITUCIÓN Y ESTRUCTURA DEL DESIERTO (y IV)

6. Constitución del Desierto
Las Provincias o las Conferencias de los Superiores pueden constituir en sus respectivos territorios casas eremíticas, previa autorización del Prepósito General con el consentimiento del Definitorio. El mismo Definitorio puede erigir casas eremíticas sujetas inmediatamente a él, según el número 147 de nuestras Constituciones.
La casa eremítica dependerá del Superior Provincial, a norma de nuestras leyes y de este estatuto particular. A él corresponde procurar el bien del Desierto, destinar al mismo religiosos idóneos y realizar la visita pastoral.
Si la casa eremítica presta su servicio a varias Provincias, podrá ponerse bajo la dependencia de la Conferencia de Superiores, con el consentimiento del Definitorio (39). En este caso pertenecerá al Presidente de la Conferencia poner los actos que en los Desiertos provinciales corresponden al Superior Provincial, y en lugar del Consejo provincial, actuará la misma Conferencia de Superiores para el Desierto puesto bajo su dependencia.

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INSTRUCCIÓN para los Desiertos de la Orden de los Carmelitas Descalzos: DECRETO – Capítulo 1 (III)

CAPÍTULO 1: EL DESIERTO EN LA TRADICIÓN DE LA FAMILIA TERESIANA (III)

4. El Desierto teresiano hoy

La espiritualidad del Desierto y la organización de su vida deben tener presentes las circunstancias del tiempo actual, que afectan a la Iglesia y al mundo de hoy.

El Desierto teresiano está insertado en un mundo dinámico en constante evolución, que se presenta con una cultura técnicocientífica, urbana y secular (33). Por otra parte el concepto mismo de Iglesia ha evolucionado. Se acentúa particularmente su aspecto de signo e instrumento del Reino de Dios, y su índole de Pueblo de Dios ha sido ilustrada con mayor profundidad (34).

Todo esto ha hecho surgir como una espiritualidad nueva, más cercana a la vida y más fraterna, y en ello hay que reconocer uno de los signos de los tiempos.

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INSTRUCCIÓN para los Desiertos de la Orden de los Carmelitas Descalzos: DECRETO – Capítulo 1 (II)

CAPÍTULO 1: EL DESIERTO EN LA TRADICIÓN DE LA FAMILIA TERESIANA (II)

3. Principales elementos de la vida del Desierto

La vida del desierto carmelitano está caracterizada por varios elementos que se revisten de matices propios, surgidos del estilo de vida peculiar de estas casas. Podemos indicar así tales elementos.

a) La oración, que capacita para recibir el don de la con¬templación. El camino de la oración perseverante en el Desierto subraya y encarna existencialmente el concepto teresiano, según el cual orar es “tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (13).

b) La lectura sagrada. La profundización contemplativa del misterio de Dios y de la historia de la salvación se nutre de la lectura y de la reflexión. Por eso es necesario procurar personal y comunitariamente el conocimiento de la Sagrada

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INSTRUCCIÓN para los Desiertos de la Orden de los Carmelitas Descalzos: DECRETO – Capítulo 1 (I)

CAPÍTULO 1: EL DESIERTO EN LA TRADICIÓN DE LA FAMILIA TERESIANA (I)

1. El Desierto en el Carmelo Teresiano

Nuestra Madre Santa Teresa, al recordarnos nuestra llamada “a la oración y contemplación”, evoca “aquellos santos Padres nuestros del Monte Carmelo, que en tan gran soledad y con tanto desprecio del mundo buscaban este tesoro, esta preciosa margarita” de la contemplación (1). Este ideal de vida contemplativa lo propuso no sólo a sus monjas, sino también a sus religiosos empeñados en la actividad apostólica al servicio de la Iglesia. A ellos recomendó especialmente, entre otras cosas, que tuvieran “ermitas en sus huertas donde pudieran retirarse para hacer oración a imitación de nuestros santos Padres” (2).

Al igual que la Santa Madre, San Juan de la Cruz se empeñó por vivir profundamente la tradición contemplativa de la Orden. Amó la soledad y el silencio como medios apropiados para una experiencia de Dios y los recomendó vivamente (3). El ejercicio perseverante de la oración contemplativa lo hizo, al mismo tiempo, sensible a las necesidades de los hombres y lo condujo a la actividad apostólica, que a su vez enriqueció su experiencia de Dios.

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