Archive for the 'Nuestra vida' Category

LOS SANTOS AYUNOS



Guardad ayuno todos los días, menos los domingos, desde la fiesta de la exaltación de la Santa CRuz hasta el día de la Resurrección del Señor, a no ser que la enfermedad o debilidad física u otra causa razonable aconseje su dispensa, pues la necesidad no está sujeta a ley (Regla 14)

Con la fiesta de la exaltación de la santa Cruz comienzan en el santo Desierto los santos ayunos. Es la gran cuaresma monástica que va desde este día hasta la celebración de la Pascua. Es un tiempo de mayor recogimiento, porque la oración exige la purificación profunda del corazón y del alma, para que la unión con Dios no se ponga en algún “gusto o sentimiento sensible”, ni en suavidad espiritual, sino en pureza de fe (Cf. Noche 1, 5-6)

El ermitaño recuerda de forma especial en este tiempo que “no solo de pan vive el hombre”, y que en su camino hacia Dios ha de reconocer su debilidad y su dependencia total de Aquel que lo llama a una íntima comunión de amor. Para tal empresa de vida espiritual nos prepara la ascesis teresiana que es toda evangélica, impregnada de amor y alegría espiritual. Sí, alegría, porque no se crean que el ermitaño vive este tiempo con tristeza o pesadumbre. Más al contrario, es un tiempo en que su corazón permanece en vela, en tensión hacia Dios; y al mismo tiempo puede ayudar con su austeridad a las necesidades de sus hermanos los hombres que padecen necesidad.

Pero el ayuno no sólo consiste en comer menos, en sentir la necesidad del alimento, sino que el ayuno también es romper todo yugo, en compartir el pan con el hambriento, en acoger en el monasterio a los pobres sin hogar, cubrir al prójimo cuando lo ves desnudo y en no esconderse de quien de tu propia carne.

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INSTRUCCIÓN para los Desiertos de la Orden de los Carmelitas Descalzos: DECRETO – Capítulos 2 al 4 (y IV)

CAPÍTULO II: CONSTITUCIÓN Y ESTRUCTURA DEL DESIERTO (y IV)

6. Constitución del Desierto
Las Provincias o las Conferencias de los Superiores pueden constituir en sus respectivos territorios casas eremíticas, previa autorización del Prepósito General con el consentimiento del Definitorio. El mismo Definitorio puede erigir casas eremíticas sujetas inmediatamente a él, según el número 147 de nuestras Constituciones.
La casa eremítica dependerá del Superior Provincial, a norma de nuestras leyes y de este estatuto particular. A él corresponde procurar el bien del Desierto, destinar al mismo religiosos idóneos y realizar la visita pastoral.
Si la casa eremítica presta su servicio a varias Provincias, podrá ponerse bajo la dependencia de la Conferencia de Superiores, con el consentimiento del Definitorio (39). En este caso pertenecerá al Presidente de la Conferencia poner los actos que en los Desiertos provinciales corresponden al Superior Provincial, y en lugar del Consejo provincial, actuará la misma Conferencia de Superiores para el Desierto puesto bajo su dependencia.

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INSTRUCCIÓN para los Desiertos de la Orden de los Carmelitas Descalzos: DECRETO – Capítulo 1 (III)

CAPÍTULO 1: EL DESIERTO EN LA TRADICIÓN DE LA FAMILIA TERESIANA (III)

4. El Desierto teresiano hoy

La espiritualidad del Desierto y la organización de su vida deben tener presentes las circunstancias del tiempo actual, que afectan a la Iglesia y al mundo de hoy.

El Desierto teresiano está insertado en un mundo dinámico en constante evolución, que se presenta con una cultura técnicocientífica, urbana y secular (33). Por otra parte el concepto mismo de Iglesia ha evolucionado. Se acentúa particularmente su aspecto de signo e instrumento del Reino de Dios, y su índole de Pueblo de Dios ha sido ilustrada con mayor profundidad (34).

Todo esto ha hecho surgir como una espiritualidad nueva, más cercana a la vida y más fraterna, y en ello hay que reconocer uno de los signos de los tiempos.

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INSTRUCCIÓN para los Desiertos de la Orden de los Carmelitas Descalzos: DECRETO – Capítulo 1 (II)

CAPÍTULO 1: EL DESIERTO EN LA TRADICIÓN DE LA FAMILIA TERESIANA (II)

3. Principales elementos de la vida del Desierto

La vida del desierto carmelitano está caracterizada por varios elementos que se revisten de matices propios, surgidos del estilo de vida peculiar de estas casas. Podemos indicar así tales elementos.

a) La oración, que capacita para recibir el don de la con¬templación. El camino de la oración perseverante en el Desierto subraya y encarna existencialmente el concepto teresiano, según el cual orar es “tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (13).

b) La lectura sagrada. La profundización contemplativa del misterio de Dios y de la historia de la salvación se nutre de la lectura y de la reflexión. Por eso es necesario procurar personal y comunitariamente el conocimiento de la Sagrada

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INSTRUCCIÓN para los Desiertos de la Orden de los Carmelitas Descalzos: DECRETO – Capítulo 1 (I)

CAPÍTULO 1: EL DESIERTO EN LA TRADICIÓN DE LA FAMILIA TERESIANA (I)

1. El Desierto en el Carmelo Teresiano

Nuestra Madre Santa Teresa, al recordarnos nuestra llamada “a la oración y contemplación”, evoca “aquellos santos Padres nuestros del Monte Carmelo, que en tan gran soledad y con tanto desprecio del mundo buscaban este tesoro, esta preciosa margarita” de la contemplación (1). Este ideal de vida contemplativa lo propuso no sólo a sus monjas, sino también a sus religiosos empeñados en la actividad apostólica al servicio de la Iglesia. A ellos recomendó especialmente, entre otras cosas, que tuvieran “ermitas en sus huertas donde pudieran retirarse para hacer oración a imitación de nuestros santos Padres” (2).

Al igual que la Santa Madre, San Juan de la Cruz se empeñó por vivir profundamente la tradición contemplativa de la Orden. Amó la soledad y el silencio como medios apropiados para una experiencia de Dios y los recomendó vivamente (3). El ejercicio perseverante de la oración contemplativa lo hizo, al mismo tiempo, sensible a las necesidades de los hombres y lo condujo a la actividad apostólica, que a su vez enriqueció su experiencia de Dios.

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INSTRUCCIÓN para los Desiertos de la Orden de los Carmelitas Descalzos: DECRETO

El 21 de octubre de 1983, el Definitorio aprobaba “ad experimentum” la Instrucción para los Desiertos O.C.D. Este texto se preparó, después de haber escuchado a las comunidades eremíticas de la Orden y a los Provinciales y Superiores de las otras circunscripciones.

El Capítulo General de 1985 pidió que se prolongara el tiempo de experiencia que se había prefijado anteriormente. En 1991, el nuevo Capítulo General encomendó al Definitorio la revisión del texto para la aprobación definitiva del mismo.

Para cumplir esa tarea, el Definitorio consultó a algunos expertos en la materia y, nuevamente, a las comunidades eremíticas.

Después de examinar detenidamente los aportes ofrecidos, el Definitorio aprobó el nuevo texto de la Instrucción para los Desiertos O.C.D., en su sesión 133 del 30 de septiembre de 1993.

Al presentar a la Orden este texto definitivo, esperamos que se transforme en semilla de una renovada vitalidad para las casas eremíticas de la Orden, que tienen la misión de mantener viva en nosotros la conciencia del aspecto contemplativo de nuestra vocación carmelitano-teresiana.

Que la existencia de esos conventos sea también, en una apertura eclesial, testimonio de la presencia de Dios en el corazón del mundo, y medio eficaz para ayudar a los creyentes a descubrir las dimensiones contemplativas de su vida cristiana y el valor de la oración, como escucha de Dios para comprometerse en el servicio de su Reino.

Roma, 15 de octubre de 1993, solemnidad de N.M. Santa Teresa de Jesús.

Fr. Camilo Maccise, OCD Prepósito General
Fr. Silvano Veseovi, OCD Secretario General

Poco a poco iremos desgranando dicha instrucción, que rige nuestras vidas en el Desierto.

El hacha

Nuestra vida en el Desierto también está plagada de pequeñas labores cotidianas. Además de a una vida de oración y estudio, también dedicamos parte de nuestro tiempo a trabajos manuales. Uno de ellos aparece reflejado en esta fotografía. Con este hacha realizamos una de las labores del monasterio: el corte de la leña para las estufas que alimentan las chimeneas de nuestras ermitas. Sin ella, el invierno sería demasiado duro.

Es un placer subir por entre los riscos del valle y contemplar allá abajo pequeñas columnas de humo que salen de los tejados de alguna de las ermitas. Nos recuerdan que dentro hay vida, y vida entregada, que trata de hacerse como ese humo, elevarse hacia arriba y ser llevado por el viento del Espíritu hacia donde éste quisiere soplar.





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