La Noche Clara

Sagrada Familia, grafito, H. Frederik, Batuecas 2019

“ En el silencio / la noche clara / abre su seno / a la Palabra. Es la primera estrofa del villancico que compuso para nuestro desierto uno de sus moradores, que se firma Fray Bernabé de San José. Las dos notas de nuestro valle: el silencio y los cielos estrellados en noches tan claras que hacen muy cercanas las estrellas, nos sirven para hacer unas breves reflexiones navideñas y con ellas felicitar a nuestros amigos en la web.

“En el silencio”, cabe la admiración. Sí, admiramos en esas reproducciones iconográficas de nuestros “belenes” al Niño en el pesebre. ¡Qué belleza, juntar la inmensa riqueza de Dios encerrado en la pequeñez de una criatura humana, y ésta recostada en humilde paja! No caben en esta expresión de la hermosura modelos, ni formas preconcebidas, es la sencillez suma de la pobreza, del silencio, en el que cabe la plena admiración.

“La noche clara” Si, ahora es paradoja cierta, la luz de la noche clara es en Batuecas algo que sorprende. La silueta de todo a la luz de la luna se torna tierra de plata. En esos semblantes plateados se anhela ver al fin brillar la plena luz que se acerca y que los convierta en el oro vivo y brillante que han de ser para siempre. La llegada del Sol que viene de lo alto iluminará  el seno plateado de una humanidad que busca ser iluminada.

Que estas fiestas del Nacimiento del Salvador te ayuden a contemplar la Hermosura divina y a dejarte iluminar por el Sol que nos llega.

F. Brändle

Enséñame Señor

“Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad” (Sal 85). Sí, quisiera humildemente pedirle al Señor que me enseñara su camino. Nadie como Él conoce el camino que ha trazado para mí. No es una imposición despótica la que se me ofrece cuando se me enseña ese camino, sino la única posibilidad de andar en verdad. Ahora entiendo lo que Santa Teresa escribe sobre la humildad. No podía ser el sometimiento de una criatura a su dueño y señor, porque no podía otra cosa. Era, por el contrario, la sencilla petición de quien desea ser enseñado por aquel de quien se siente amado. Descubro que esta es la mejor manera de rezar este salmo, abrirse a todo su contenido lleno de confianza. El es el mejor Maestro para mostrarme el sendero de la vida, que responde a ese camino que es el suyo, el que el trazó para mí. Me llena de alegría saber que camino por él. Que mi vida tiene sentido de eternidad, aún realizándose en el tiempo.

F. Brändle

Fiel y Seguro

Me sorprendí esta mañana repitiendo en la oración: “Tus mandatos son fieles y seguros”. Me deje alcanzar por este verso del salmo 92. Sentí que nada me podía dar más seguridad que encontrar eso que Dios quiere para acertar con lo que me daría la verdadera vida.

La vida está llena de inseguridades cuando deseamos acertar desde nuestros criterios y modos de verla. Me llenaba de seguridad saber que si encontraba lo que Dios quería nada me podría arrebatar esta convicción, tan ajena a lo que comúnmente se siente. Y me volvió a golpear el que todo era posible porque en la fidelidad de Dios, que expresan sus mandatos, es decir su voluntad de encontrarme y darme vida, estaba la roca más firme en la que apoyarme. Nada de esto lo entendía por reflexiones o consideraciones, se me iba descubriendo en esa noticia con la que Dios va llenando la oración. Le di gracias, al tiempo que le pedía que cada uno de las mujeres y hombres que viven en el mundo pueda abrirse a esa seguridad.

F. Brändle

¡Ora en mí, Señor!

Cristo en el Monte de los Olivos Ernst Wilhelm Hildebrand 1896

Ante la pregunta ¿cómo oras?, la primera respuesta que me viene es: ¡Dios ora en mí! La verdad es que yo no sé orar. Esta es una constatación que hago siempre que me pongo a orar. Tengo la sensación de que estoy eternamente empezando. Es como si aquel momento fuera la primera vez que voy orar. Entonces, utilizo algo que me ayuda a centrarme. Tranquilizo mi respiración y por medio de ella me pongo en contacto con el Soplo Vital que sostiene todo mi ser. Al detenerme en mi respiración tomo conciencia de que no sólo fui creado por Dios, sino que Él continua sosteniendo mi vida dándome el aire que respiro y otros elementos vitales.

 Luego dejo que de la profundidad de mi corazón brote una petición sincera: “Espíritu Santo de Dios que estás en mí, ora en mí”. Dejo que la misma petición resuene muchas veces como un verdadero clamor que llegue a los cielos. Así la conciencia de una “Presencia” es reavivada en mí. No es cualquier presencia, es la Presencia por excelencia, la única capaz de restablecer la serenidad en mi alma. Podría definirla con el adjetivo de “amorosa”. Sí, es una Presencia Amorosa. No hay cómo explicarla, ni hay por qué hacerlo, sólo se acoge en silencio receptivo. Ya decía San Juan de la Cruz que “la contemplación pura consiste en recibir” (LB 3,36).

A mí me gusta romper este silencio inicial con la lectura de un texto del Evangelio, ya que él es el corazón de las Escrituras y donde mejor se acoge el mensaje del Verbo Divino. Me he acostumbrado a leer muchas veces el texto hasta penetrar sus entrañas. Entonces, una palabra o expresión me abre la puerta para contemplar alguna verdad profunda que queda impresa en el alma. Así la oración lleva a un conocimiento intuitivo que nos acerca a la verdad plena del ser humano y de su horizonte último.

 No siempre se obtiene el mismo resultado en la oración. Hay que recordar que la oración es también combate espiritual. Pero, al igual que la aridez espiritual, la paz y la serenidad son una constante. No hay que inquietarse con los frutos de la oración, ya que el principal protagonista es el Espíritu Santo, que conduce a cada uno según conviene. Así, lo mejor es dejar que el Espíritu Santo que habita en nosotros, ore en nosotros.

Fray Emmanuel María

DESCRIPCIÓN DE LA ADVERTENCIA AMOROSA (II)

Al inicio de esta obra contemplativa, la persona habrá de ayudarse a veces del pensamiento o de la imaginación. Pero como ya está predispuesta para centrarse a partir de la advertencia amorosa, esto se hace con moderación, sólo como para soplar las brasas y así se encienda el fuego contemplativo.

De manera que muchas veces se hallará el  alma en esta amorosa pacífica asistencia sin obrar nada con las potencias, esto es, acerca de actos particulares, no obrando activamente, sino sólo recibiendo; y muchas habrá menester ayudarse blanda y moderadamente del discurso para ponerse en ella. Pero, puesta el alma en ella, ya habemos dicho que el alma no obra nada con las potencias; que entonces antes es decir verdad que se obra en ella y que está obrada la inteligencia y sabor, que no que obre ella alguna cosa, sino solamente tener advertencia el alma con amar a Dios, sin querer sentir ni ver nada. En lo cual pasivamente se le comunica Dios, así como al que tiene los ojos abiertos, que pasivamente sin hacer él más que tenerlos abiertos, se le comunica la luz. Y este recibir la luz que sobrenaturalmente se le infunde, es entender pasivamente, pero dícese que no obra, no porque no entienda, sino porque entiende lo que no le cuesta su industria, sino sólo recibir lo que le dan, como acaece en las iluminaciones e ilustraciones o inspiraciones de Dios” (2S 15,2)

Donde vemos cómo el alma recibe a Dios pasivamente. La advertencia amorosa sirve como predisposició 

DESCRIPCIÓN DE LA ADVERTENCIA AMOROSA (I)

Llegado el principiante a cierta madurez espiritual, pues, abandona los actos discursivos e imaginativos de forma natural; ya nada le dicen. Pero puede ocurrir que ahora no sepa qué hacer y la persona pase a un estado de vagabundeo del pensamiento, o piense que el asunto consista en dejar la mente en blanco. Para impedir esto, San Juan de la Cruz quiere encauzar este momento clave del camino contemplativo. Para ello enseñará un “método” que podemos considerar la clave pedagógica que mejor dispone a la contemplación dentro de la mística cristiana, y a la que él llama advertencia amorosa:

Aprenda el Espiritual a estarse con advertencia amorosa en Dios, con sosiego de entendimiento, cuando no puede meditar, aunque le parezca que no hace nada. Porque así, poco a poco, y muy presto, se infundirá en su alma el divino sosiego y la paz con admirables y subidas noticias de Dios, envueltas en divino amor. Y no se entremeta en formas, meditaciones e imaginaciones, o algún discurso, porque no desasosiegue el alma y la saque de su contento y paz, en lo cual ella recibe desasosiego y repugnancia. Y si, como habemos dicho, le hiciere escrúpulo de que no hace nada, advierta que no hace poco en pacificar el alma y ponerla en sosiego y paz, sin alguna obra y apetito, que es lo que nuestro Señor nos pide por David (sal 45,11), diciendo: aprenderos a estaros vacíos de todas las cosas, es a saber, interior y exteriormente, y veréis cómo yo soy Dios ( 2S 15,5)

 

DISCERNIMIENTO DE LA CONTEMPLACIÓN

El paso a la contemplación no es una opción de la persona. Es necesario discernir a través de algunas señales si se ha llegado a la madurez espiritual suficiente, de tal manera que la contemplación no se convierta en un esfuerzo más o en una mera técnica.

Las señales que han de estar presentes para abandonar la meditación discursiva y pasar a la contemplativa, según san Juan de la Cruz, son las siguientes:

La primera es ver en sí ya no puede meditar ni discurrir con la imaginación, ni gustar de ella como de antes solía; antes haya ya sequedad en lo que de antes solía fijar el sentido y sacar gusto (2S 13,2)

 

La segunda es cuando ve no le da ninguna gana de poner la imaginación ni el sentido en otras cosas particulares, exteriores e interiores. (2S 13,3)… como no haya gusto ni consuelo en las cosas de Dios, tampoco le haya en alguna de las cosas criadas (1N 9,2)

 

La tercera y más cierta es si el alma gusta de estarse a solas con atención amorosa a Dios, sin particular consideración, en paz interior y quietud y descanso y sin actos y ejercicios de las potencias, memoria, entendimiento y voluntad –a lo menos discursivos, que si es ir de uno en otro—sino sólo con la atención y noticia general amorosa, sin particular inteligencia y sin entender sobre qué (2S 13,4)