Eterna Fonte

Custodia de la Catedral de Toledo

Aquesta eterna fonte está escondida

En este vivo pan por darnos vida,

Aunque es de noche

Aquí se está llamando a las criaturas

Y de esta agua se hartan, aunque a oscuras,

Porque es de noche

Aquesta  viva fuente que deseo

en este pan de vida y la veo

aunque es de noche

Con estos versos de san Juan de la Cruz me dispuse a vivir la oración del jueves de Corpus, que como es costumbre cada jueves hacemos ante el Santísimo expuesto. Di gracias a Dios de poder descubrir la viva fuente deseada escondida en el pan vivo, sacramento eucarístico, aquí en Batuecas, lugar en el que el deseo de Dios se ahonda ante una creación que se adentra en tu vida, desde el mismo hecho material de unos montes que no te permiten ir a ellos, porque son ellos los que vienen a ti. Que hermoso con San Juan de la Cruz contemplar a toda la creación hartándose de la fuente divina en este vivo pan. Sí, el pan sacramentado, era la presencia del resucitado que todo lo llena, concentrada en esa verdad siempre profesada por la iglesia, de la presencia real de Cristo. Ahora esa fe se hacia tan honda que al tiempo que llenaba de Dios mi vida, la contemplaba en el misterio eucarístico. Sabía que en el domingo de Corpus, nuestra procesión con el Santísimo se haría subiendo por las laderas de los montes a una de las ermitas que lleva por titular el santísimo Sacramento, y con ello estos versos de San Juan de la Cruz, por él vividos en la oscuridad de una cárcel conventual, a mí se me iban a regalar en la libertad de una creación puro don de Dios, pero que gime la plena manifestación de la gloria de los Hijos de Dios, ya comenzada en este misterio de la Eucaristía, y abierta a su plena realización. Así pude vivir mi adoración, unido a toda la humanidad y a toda la creación en viva esperanza de lo que un día será, más allá de mis cálculos y proyectos.

F. Brändle

¿Por qué habré de temer los días aciagos?

La Trinidad, El Greco, 1577-1579

“¿Por qué habré de temer los días aciagos?” (Sal 48,6). Me dejé conducir por este verso para vivir mi momento de oración. No me dediqué a hacer consideraciones para darme confianza, dejé que la pregunta se hiciera más honda. Me fui acercando a lo que me parecía era fruto de la cercanía de Dios que habían sentido tantos llamados: “No temas”. En su caso era para una misión concreta, para la que no habían de temer, en el verso lo que se ponía de relieve eran los días aciagos. Fui descubriendo que esos días no eran los que desde mi punto de vista eran aciagos, aunque a mi me lo pareciera, sino los que mi confianza habría de trascender las seguridades en las que siempre me apoyaba cuando en los momentos difíciles acudía a Dios: tener la conciencia tranquila, juzgar que quienes me hacían difícil la vida se movían por pasiones bajas, y otros caminos que me aseguraban el favor y la cercanía de Dios. Ahora comprendía que lo que se me pedía era confiar por lo que Dios mismo era. Por su inefable misterio que celebraría el día de la Trinidad. Si Dios es esa inagotable vida de amor y vive en mí, que podría motivar mis miedos, por muy aciagos que fueran los días.

F- Brändle

La Asunción de María

Asunción de la Virgen, Giovanni Battista Tiépolo, Oratorio della Purità (Udine) s.XVIII

“Enaltece a los sencillos: La Asunción de María”

“El Señor guarda a los sencillos: estando yo sin fuerzas me salvó” (Salmo 114,6). Me pareció un verso muy a propósito para ayudarme en la oración. Nada mejor que vivir esa sencillez para orar. No tardó en hacerse luz en mi oración. No se trata de apropiarme esa cualidad de sencillo sin más, sino de caer en la cuenta de que si quiero ser guardado por Él he de aspirar a vivir en esa sencillez. Y sin pensarlo, sólo dejándome iluminar por el versillo fue cayendo en la cuenta de las muchas cosas que me hacen caer en la doblez. La de veces que busco escusas y trato de disculparme, interior o exteriormente. Me sentí verdaderamente indigno de ser guardado por el Señor. Me abrí sinceramente a ese sentimiento de abandono que me libere de mi doblez, soy para Dios, sin más, no necesito complicar mi conducta con nada, ni liberarme de nada, basta ser tal cual soy, para ser esa criatura sencilla, que se contempla pobre ante Dios, y le pide que le guarde. Que me haga sentir mi debilidad para sentirme salvado, Le di gracias una vez más porque desde su Palabra me va iluminando. Puedo así comprender que María, siempre a la escucha de la Palabra, meditándola en su corazón, entendiera de modo maravilloso estas palabras del salmo, cuando proclama que Dios derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, que todo aquello que nos aparta de la sencillez en la que Ella vivió ha de ser derribado, para como ella ser un día ascendidos al cielo en el que ser salvados. F. Brändle

amor cósmico

Batuecas nos permite vivir el solemne día del “Corpus” con unas notas especiales que se pueden entender mejor con estas consideraciones del Papa Francisco: “El Señor, en el colmo del misterio de la Encarnación, quiso llegar a nuestra intimidad a través de un pedazo de materia. No desde arriba, sino desde adentro, para que en nuestro propio mundo pudiéramos encontrarlo a Él. En la Eucaristía ya está realizada la plenitud, y es el centro vital del universo, el foco desbordante de amor y de vida inagotable. Unido al Hijo encarnado, presente en la Eucaristía, todo el cosmos da gracias a Dios. En efecto, la Eucaristía es de por sí un acto de amor cósmico: “¡Sí, cósmico! Porque también cuando se celebra sobre el pequeño altar de una iglesia en el campo, la Eucaristía se celebra, en cierto sentido, sobre el altar del mundo” (Laudato sí, n.236).

                  Es rememorar también a San Juan de la Cruz, que entiende la Eucaristía como el punto donde se está llamando a las criaturas y de esta “agua” [Dios que es la fuente] se hartan aunque a oscuras-

                  Y en este sentido de comunión con la naturaleza nuestra procesión del “Corpus” discurre entre jaras, tomillos, cantueso, alcornoques, encinas, pinos….. Llevamos al Señor-Eucaristía, al terminar la misa, desde la iglesia en la que celebramos a una ermita en medio del monte, que está dedicada al Santísimo Sacramento. Cada año esta ermita se convierte en ese santuario en medio de la naturaleza desde donde el adorar al Santísimo se acompasa con esa presencia de toda la creación que haya como nos dice el Papa su centro en él. Que cada uno allá donde estemos honremos tan gran sacramento.

F. Brändle

todas mis sendas te son familiares

“Disciernes mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares” (Sal 138,3). Con este verso del salmo 138 me adentré en el silencio de nuestro tiempo dedicado a la oración. Un salmo tan bello, con muchos versos que pueden ser vividos como apoyo para la oración me vino a cautivar por este versículo que quise vivir desde el misterio de la Trinidad que vamos a celebrar. De nuevo no fueron consideraciones las que me lo pusieron de relieve, sino el recuerdo, mejor intuición, de que ese camino es Jesús, y al mismo tiempo ese descanso era la acción del Espíritu en mi vida.  El Padre me regalaba con la presencia del Hijo y del Espíritu, porque conoce bien las sendas por donde discurre la vida humana. La presencia de la Trinidad no era algo imaginable, era la verdad de mi vida, de la vida del hombre. El Padre me entregaba a su Hijo como camino, como experiencia de vida abierta a un horizonte nuevo y abierto que me liberaba de mi egoísmo y me llevaba a mi verdadera realidad, a ser en plenitud. Pero todo ello era desde la contemplación, el descanso tal y como lo entiende la Biblia.  Es decir todo ello era posible no por mi esfuerzo, sino por el Espíritu que me hacía ser otro Cristo.  En la Trinidad está la vida y así lo celebramos en nuestro Bautismo, hecho en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La experiencia de ello es el culmen de la vida humana tal y como nos lo recuerdan los grandes místicos de la tradición cristiana. Conocemos la Trinidad amándola con aquel amor que nos hace entrar en su misterio. Ser cristianos es descubrir este gran misterio que se da a todos los hombres.

F. Brändle

Fuerza del Espíritu

“Es tan caro el rescate de la vida, que nunca les bastará” [aludiendo a sus riquezas] (sal 48), les dice el salmista a los ricos. Cuando estas palabras las introduje en mi oración dejaron de parecerme una advertencia y pasaron a ser una hermosa consideración de lo que es la vida cuando queremos sacarla a flote. Me parecía sentir que desde Dios todos los aspectos de mi vida se llenaban de sentido: comer, dormir, hacer una vida sana llena de ese gozo que da vivirla desde nuestra condición encarnada, unidos a la naturaleza, al bienestar que da la salud, y la fortaleza que da para vencer la enfermedad, era algo lleno de valor que sólo desde Dios podría alcanzarlo. Desde Él también todos mis sentimientos se equilibraban, los podía vivir, fueran de gozo, o dolor, en un equilibrio tan hondo que enriquecía mi vivir sobremanera. Pero sobre todo entendía lo que significaba dar paso al Espíritu en la vida. Sí, la vida espiritual no es un añadido, una vida que se vive cuando nos separamos de este mundo, al contrario, era toda mi vida enriquecida desde Dios, pero además vivida por la fuerza del Espíritu, que llena la tierra. Comprendí que una vida así vivida es lo único que tiene sentido, y no se alcanza con esfuerzos humanos. Es tan caro, -es decir, tan de apreciar y querer-, esta vida plena, colmada, que no se puede comprar con ninguna moneda que se precie en este mundo. Es el don gratuito que en nuestro vivir se alcanza al recibir el Espíritu Santo, don universal, esperanza de toda criatura que se abra a recibirlo. Sea este nuestro deseo ante la celebración de un nuevo Pentecostés.

F. Brändle

¡CRISTO HA RESUCITADO! ¡ALELUYA!

La Resurrección de Cristo, Rafael Sanzio, 1499-1502, Museo de Arte Sao Paulo, Brasil

Con este grito de júbilo pascual, no dejamos atrás lo vivido en Navidad, en la Pasión, para poder celebrar la Resurrección. Todo se vive en el misterio de Dios-Trinidad. Las tres Personas están en el misterio de la Encarnación, del Nacimiento, de la Pasión y de la Resurrección. Hoy celebramos la Resurrección como culmen de la revelación de Dios que hemos ido viviendo en cada misterio de la vida de Jesús, que encierra el misterio de la creación en su plenitud.  En este Triduo pascual, el canto de los improperios: ¿Pueblo mío, qué te he hecho, en qué te he ofendido?. Respóndeme, lo viví como ese lamento divino, en el que el misterio de Dios se desvelaba en su maravillosa acción en la historia amando siempre al hombre. Y ese Dios era el misterio de las tres personas actuando siempre en esa indivisible unidad y en su inconfundible identidad. Por eso siempre se me hizo difícil separarlas, alejarlas. No podía entender un Padre eterno que abandona al Hijo, un Hijo que se lamenta del abandono del Padre. Sí, es cierto que los evangelios recogen el comienzo del salmo 21: ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado? Pero es el comienzo del salmo, y no la clave del mismo, que Jesús recitaría acabando en la confianza en Dios. Es el verdadero abandono de quien se sabe entregado por el Padre para mostrar su amor a los hombres. El Padre nos ama, entregando al Hijo que así puede darnos el Espíritu.

                  El misterio de la Pasión y muerte nos ha de llevar a descubrir que el Hijo no se sintió abandonado del Padre, sino entregado por Él a los hombres, abandonándose Él voluntariamente al Padre, para poder entregarnos su Espíritu, el Amor que de Él recibía para dárselo a los hombres. Hoy podemos celebrar la Resurrección como culmen de la obra de Dios, que nos llama a vivir totalmente su misterio trinitario. La Creación, la Historia, asumidas por Jesús, son llevadas en él, a través de su vida y muerte, a la resurrección, que hemos de vivir siempre en esperanza aguardando el día que se desvele plenamente su fuerza salvadora. Ahora sí que podemos celebrar la Vida escondida en Dios y revelada a los hombres en Jesús resucitado. La Vida que todo lo inunda desde su origen en el Dios Trinidad. Ahora se nos abre nuestra vida descubierta en la creación, en la historia y en uno mismo a la Vida divina, volviéndose así trinitaria. Se nos abre la vida, egoísta y cerrada, para hacerla trinitaria. Se nos abre la vida para sentir las tres Personas divinas en nosotros hechos comunidad humana, expresada en la Iglesia, en la creación hecha lugar en que vive y mora la gloria de Dios. Sentir en nosotros el abrazo inmenso del Padre al Hijo entregado y abandonado en Él, para derramar, haciéndolo todo nuevo, su Espíritu, contemplado en el cuerpo resucitado del Señor. Cristo resucitado nos abre la vida para sentir el Misterio de Dios Trinidad, las tres divinas personas viviendo en nosotros, no como individuos, sino como ese gran Misterio de Amor que culmina su revelación en la resurrección. Cristo resucitado nos abre la vida para contemplar la creación vestida de hermosura, donde mora la honra y gloria de Dios. ¡Feliz Pascua de Resurrección!

F. Brändle

antes de sufrir yo andaba extraviado

Estamos en Cuaresma. Se nos invita a vivir con más intensidad la limosna, la oración, el ayuno, en definitiva vivir unas prácticas cuaresmales que nos ayuden a convertirnos, y a ello nos alienta  la Iglesia en este tiempo litúrgico. Pero no podemos contentarnos sólo con esto. La conversión plena, la que nos ayuda a la comunión con Dios y con los hermanos sin traba alguna por parte de mi yo, la que hace de cada uno un hombre resucitado, la que me permite vivir en plenitud el misterio pascual me llega por una transformación que ya no está en mis manos. Así me lo hizo comprender este versículo del salmo 118: “antes de sufrir yo andaba extraviado, pero ahora me ajusto a tu promesa” (Sal 118, 57).  En la vida tiene que tener su lugar el sufrimiento y lo hemos de vivir como ese medio único para acertar con lo que verdaderamente nos abre el camino a nuestra resurrección, que es lo mismo que nueva vida, o total transformación. No se trata de un camino para ganar méritos, puesto que lo podríamos ofrecer. Se trata de abrir nuestra vida a un nuevo lenguaje, el que nos habla de amor verdadero, no egoísta. En el desvalimiento del sufrimiento siento la necesidad de que me alienten, estén conmigo, gratuitamente, porque no puedo dar nada. Mi prójimo se hace tal porque le dejo acercarse. Y Dios se hace cercanía total. Comprendí entonces lo que era ajustarse a su promesa. Porque la promesa estaba orientada a la definitiva Alianza con el hombre, la del Espíritu. Sufrir no es lo mismo que pasar un mal rato. Sufrir es descubrir la vida en su dimensión necesitada, abierta al amor, que lo puede ser por mil causas: Físicas: el dolor o la enfermedad, morales:  mi limitación en tantas cosas que no alcanzo a hacer como quisiera, persecución o desamor por parte de los otros, psicológicas: desánimo, sentir el desamor en mi imaginación, espirituales: no descubrir con mis razones el amor de Dios, sentir que mis virtudes teologales se me hacen principios de purificación que me cuesta aceptar. Antes de experimentar todo esto, antes -de sufrir que me recordaba el salmo-, y vivirlo en ese camino cuaresmal de transformación, -ajustarme a la promesa de Dios-, es imposible que el hombre llegue a resucitar en la Pascua.

F. Brändle