Inmaculada Concepción de María

Inmaculada Concepción, J. B. Tiepolo, 1768-9 Madrid Prado

El misterio de la Inmaculada Concepción de María ha despertado en multitud de creyentes el gozo de mirar la belleza en su sencillez, en su más limpia expresión encarnada en un ser humano. En Ella brilla la gracia en todo su esplendor, Ella es aquella mujer en la que la vida del Espíritu lo abarca todo. Es en Ella donde la naturaleza humana puede descubrirse en su gracia original, en total apertura por el Espíritu al Dios que se nos da, que nos llama a la comunión con Él

Recordar el momento de su Concepción en este día es despertar en nosotros el deseo de alcanzar esa medida de plenitud y gracia, más allá de la limitación del pecado que nos envuelve, es venir a considerar que en el proyecto de Dios la criatura humana ha sido llamada a esa plenitud de gracia que brilla en Ella desde el momento de su Concepción.Lejos de sentirla lejos y separada, celebrar sus misterios nos la hace cercana y llena de ternura. Contemplar el Misterio de la Inmaculada a través de los cuadros que lo evocan nos acerca a María abierta a Dios y abriendo el camino a los hombres para encontrarlo.

F. Brändle

Ejercicios Carmelitas On Line – Adviento 2019

Ejercicios Carmelitas On Line Adviento 2019

Preparar el camino al Señor
Con Nuestra Señora del Monte Carmelo

Prepárate para la próxima Adviento con los Carmelitas Descalzos. Al completar el formulario a continuación, se registrará de forma gratuita para los “Ejercicios Espirituales on line” para la Adviento 2019.

Los Ejercicios Espirituales Carmelitas on line son gratuitos: puede registrarse o darse de baja en cualquier momento.

Invite a sus amigos y conocidos a participar en los ejercicios enviando esta página web:

www.retiro-online.karmel.at

Si tiene alguna dificultad para registrarse o si tiene algún problema, envíenos un correo electrónico a : retiro-online@karmel.at.

¡Le deseamos un Tiempo de Advientoa bendecido por el Señor y gozosos Ejercicios Espirituales diarios!

MIRADLE RESUCITADO

Para adentrarnos en la espesura de la vida de oración a quien primero tenemos que tener presente es a Cristo. Según nuestro estado de ánimo podemos traerlo a nuestro pensamiento: atado a la columna, cargado con la cruz o resucitado. Todo depende de cómo nos encontremos.

En este tiempo pascual Teresa nos invita a que contemplemos la hermosura de Cristo resucitado. Él es el centro de nuestra vida, ante Él ponemos nuestras ilusiones, esperanzas, trabajos, logros, alegrías, etc. porque es el manantial divino de donde nace la vida. Dejemos que la Santa de Ávila nos lleve al Resucitado:

“Si estáis alegre, miradlo resucitado; que sólo imaginar cómo salió del sepulcro os alegrará. Mas ¡con qué claridad y con qué hermosura! ¡Con qué majestad, qué victorioso, qué alegre! Como quien tan bien salió de la batalla adonde ha ganado un tan gran reino, que todo le quiere para vos, y a sí con él. Pues ¿es mucho que a quien tanto os da volváis una vez los ojos a mirarle?” (Camino de perfección 26, 4).

Con estas palabras Teresa pretende, desea y añora que nos imbuyamos en el gran don y regalo de Dios que es la oración. En este caso nos habla del recogimiento. Tenemos que quedarnos “a solas con Él solo”, es decir, dejar todo aquello que no nos lleva a Dios para centrarnos en sólo Él. Para hacérnoslo más fácil nos da unas pautas a seguir:

Vivir y notar la presencia: tenemos que tener muy presente a Cristo en nuestras vidas; hemos de representarlo en nuestro interior para dejarnos enseñar por Él cómo hemos de conocerle, amarle y darnos del todo a su Divina Majestad. La oración no es cosa de uno sólo, sino de dos.

Mirar a Cristo: en un primer momento Teresa nos invita a poner los ojos en Cristo, sólo desea una cosa: “no os pido más de que le miréis”. Mirar a Cristo y dejarnos mirar por Él para después pasar a una mirada interior, transformante, purificadora y sanadora.

Escuchar a Cristo: no solamente tenemos que hablar a Cristo, sino que debemos quedar en silencio para que Él nos pueda hablar. Si no le dejamos entrar para que nos comunique su amor no haremos nada. Bien sabemos que la amistad si no se cuida con el trato y el diálogo poco a poco se enfría hasta perderse en la distancia.

Acostumbrarse: no es algo que se consiga de una día para otro; hacen falta días y horas en las que “estemos a solas con Aquel que sabemos nos ama”. Por eso juega aquí un papel muy importante la humildad que nos hace reconocer que no es algo que nos ganemos nosotros a pulso, sino que debemos esperar que nos venga dado de la generosa mano de Dios que se hace presente en nuestras vidas a través de Cristo Resucitado.

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

 

 

Fr. Rafael Pascual Elías OCD

EPIFANIA

Toro, Zamora, iglesia de San Sebastián de los Caballeros.

Epifanía (h. 1330), pintura mural de Teresa Díez

También nosotros venimos a adorarte, oh Cristo, en esta regia Epifanía que nos reúne hoy a tus pies a todas las naciones. Nosotros seguimos la huella de los Magos; porque  hemos visto también la estrella y hemos acudido. ¡Gloria a Ti, Rey Nuestro!, a Ti que dices en el cántico de David: “He sido entronizado rey sobre Sión, sobre el monte Santo, para anunciar la ley del Señor. El Señor me dijo que me daría los pueblos por herencia, y un imperio hasta los confines de la tierra. Comprended, pues, ahora ¡oh reyes! ¡Enteraos los que gobernáis el mundo”! (salmo II)

Pronto dirás, oh Emmanuel por tu propia boca: “Todo poder me ha sido dado en el Cielo y en la Tierra”. Hoy vemos despuntar la aurora de este día maravilloso; tus conquistas comienzan hoy; ¡Oh rey de los siglos! Desde el Oriente llamas a las primicias de la gentilidad que tenías abandonada, y en adelante va a formar parte de tu herencia. Durante muchos siglos la raza de Abrahán fue tu predilecta; en adelante lo seremos nosotros los gentiles; Israel fue sólo un pueblo, y nosotros en cambio somos numerosos como la arena del mar y cómo las estrellas del cielo. Israel vivió bajo la ley del temor; la ley del amor fue reservada para nosotros.

Dom Guéranger, El año litúrgico

NAVIDAD EN EL CORAZÓN

Hay un tercer santuario donde se ha realizado esta noche el nacimiento del Hijo Divino de María. Este tercer templo está a nuestro lado; está dentro de nosotros: es nuestro propio corazón. Nuestro corazón es el Belén que Jesús quiere visitar, en el que desea nacer para morar allí y crecer hasta llegar al hombre perfecto, como dice el apóstol (Ef 4,13). Si desciende hasta el establo de la ciudad de David, es sólo para poder llegar con mayor seguridad hasta nuestro corazón, al que amó con amor eterno hasta el extremo de descender del cielo para venir a habitar en él. El seno de María le llevó nueve meses; en nuestro corazón quiere vivir eternamente.

 

¡Oh corazón del cristiano, Belén viviente, alégrate! Tú no puedes ofrecerle las puras y maternales caricias de María, ni los cariñosos cuidados de José; preséntale las adoraciones y el amor sencillo de los pastores.

 

Lucha para conservar dentro de ti mismo esta amorosa presencia; lucha para llegar a la feliz consumación que te hará una sola cosa con Él, en la eternidad. ¡Oh Belén viviente! Repite sin cesar esta dulce frase de la Esposa: Ven, Señor Jesús, ven.

Dom Próspero Gueranger

 

Pascua de Resurrección

Entramos en la gran fiesta de la Pascua. Es el “paso” de una vida a otra. Israel está en Egipto, pero sabe, después de cuatrocientos años, que son sus últimos momentos. Han sido siglos de una expectativa contenida. Ahora están preparados para iniciar el camino incierto del desierto. El pueblo ha sido avisado del paso del Ángel por aquella tierra. Es de noche y todos han preparado el cordero. Es en familia donde se vive la experiencia, es el pueblo unido el que se abre a la nueva vida.

Este paso es como un parto; también en él hay gritos de dolor. Se oye el llanto por la muerte de los primogénitos, y el valido de los corderos que se sacrifican. El último de ellos es en el Calvario, muchos siglos después, pero ese es el definitivo. Ahora nos toca a ti y a mí.

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