Reflexiones

Faros en el Acantilado

faro

Hace algún tiempo, tuve la gran suerte de visitar la isla de El Hierro. Quedé prendado de muchos rincones pero, especialmente del Faro de Orchilla. Durante siglos marcó el meridiano cero en el mundo antiguo. (El faro, hoy día, ya está automatizado, pero hace unas décadas era distinto).

Me imaginé al viejo farero subiendo pausadamente las escaleras interiores. Cayendo ya el crepúsculo, y día a día, el faro había de encenderse para avisar de los acantilados a los barcos de altamar.

Los fareros eran vigías de la noche; silenciosos, porque su voz es la luz. No gritaban, no tocaban sirenas… sólo velaban por mantener la luz. Eran pobres, porque vivían austeros. Eran célibes temporalmente, porque vivían en solitario dedicados al servicio del faro. Eran fieles, porque en ello iba la vida de muchos navegantes.

Hace mucho tiempo que estos hombres me han evocado a muchas contemplativas y contemplativos. (No puedo dejar de conectarles con esta imagen tan bella y profunda para mí). Desde las alturas, junto a la costa de la vida de la humanidad, presencian los embates del mar, las tormentas, las nieblas más densas y se convierten en profetas silenciosos del Absoluto. Simplemente, están ahí. Y muchos miran esa luz acercándose desde el altamar de la existencia, buscando con ansias pistas para llegar a puerto. (Tendremos muchas escalas en el crucero de nuestra vida, no cabe duda, pero sobretodo y en el fondo anhelamos el puerto definitivo; nos llevará toda la vida encontrarlo).

Estas mujeres y hombres de los faros del Espíritu son amos de su tiempo y se vuelven sabios: escuchan el sonido del viento, leen los cielos, observan las aguas del mar. (Ya el profeta Elías, desde el monte Carmelo, supo ver el fin de la sequía en una nubecilla que venía a lo lejos, sobre la mar). Ellas y ellos portan la Luz y la proyectan hacia el infinito para que nadie se quede sin encontrar la bocana del Puerto de Dios.

Hoy, desde este valle, desde este monasterio, yo también me siento farero. Mi oración, mi trabajo, mis rutinas… también se vuelven luz en el misterio. Por la comunión de los santos, la Luz va prendiendo en muchos corazones que la buscan y que la comparten. Yo también quiero ser pobre, célibe y fiel con mi pequeño aporte desde este lado del acantilado y en este tiempo que me ha tocado vivir aquí. Desde el silencio, yo también intento escuchar, observar, avivar la llama que alumbre a todo el que la busque, llame o pida.

A lo largo de los siglos, muchos padres carmelitas anclaron su barquichuela en este santo desierto, conscientes de su labor de portar la Llama de Amor viva que les fue confiada para alumbrar a los transeúntes y peregrinos de la existencia. Algunos y algunas siguen llamando a estas puertas, atraídos por esta Luz. Que no falten nunca fareros y fareras de Dios en este valle.

 Silencio, paz, presencia… Luz.

Fray Bernabé de san José

12 de junio de 2018

“Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.” (Mt 5,14-16)

 

P.D. En el Reino de Dios, en el cartel de anuncios de la entrada, hay un cartel que dice:

“Se buscan fareros y fareras de Dios

a jornada completa.

Sueldo: la Vida eterna”.

¿Te animas? ¡Vamos!

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Reflexiones

Poética (y también antipoética) del desierto I

(El autor de este trabajo es Juan Yennis, carmelita de alma. Vive en San Antonio, Texas. Su inquietud por la espiritualidad del Carmelo y por el tema del Desierto carmelitano le han llevado a reflexionar sobre estos temas)

Cuando hablo de cosas importantes con amigos, a veces sale a relucir el desierto carmelitano San José de Batuecas. “¿Desierto?” –me preguntan. Entonces aclaro que no lo es como el Sahara. Al contrario, éste está en un valle muy verde, lleno de vegetación y vida, con un lindo río. Les digo lo que me contó el P. Ramón, que hace siglos los comarcanos de la región aseguraban que en el valle había seres extraños, duendes y trasgos. En fin, seres de musgo y liquen más que de dunas. Se fueron al llegar los santos ermitaños. Además, el río se bifurca en dos brazos, que rodean los edificios, de modo que dondequiera que estés, si afinas el oído, puedes oír su “música callada.” Ahí están las fotos para demostrarlo.

Desde luego, con medio planeta de por medio y varios años desde que estuve allí, mi visión del lugar va perdiendo objetividad. Están las lagunas de la memoria, que va borrando rasgos concretos y quizás también se suman otros adicionales que va añadiendo el entusiasmo. También se entrecruzan los recuerdos y lo que le he oído o leído a otros, como el P. Ramón y Óscar Castro.
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Nuestra vida

Día de S. José

Hoy la Iglesia celebra el día de S. José. Y en nuestro Monasterio también es día grande, pues, incluso, llevamos su nombre en el nuestro: Santo Desierto de San José de las Batuecas.

Él es un icono privilegiado de acceso a lo sagrado, una ventana a lo divino, modelo en el día a día para nuestras vidas en el valle.

Hoy es un día grande para nuestro Monasterio. Esperamos que vosotros también lo disfrutéis intensamente.

Noticias, Nuestra vida

En silencio y soledad

En silencio y soledad“, el artículo que encabeza esta entrada, fue publicado en La Gaceta, uno de los periódicos más leídos en Salamanca, el pasado martes, día 3 de marzo. Desde esta pequeña ventana que nos permite la blogocosa queremos agradecer a Caridad (la periodista que hizo la entrevista) el interés que demostró por el Monasterio y el modo de vida que en él tratamos de llevar.

Esperamos que lo disfrutéis y que nos ayude a mostraros qué tratamos de hacer vida en medio del corazón de nuestro valle.

Nuestros Venerables

Nuestros Venerables: P. Valentín de S. José

P. VALENTÍN DE SAN JOSÉ
(por Gonzalo Rodríguez L.)

Nace en Castilfalé (León). De padres profundamente cristianos que supieron hacer de su casa una Iglesia doméstica, de la que naturalmente brotaron abundantes vocaciones entre sus hijos. De la etapa infantil del P. Valentín poco sabemos. Quizá por influjo de dos de sus hermanos mayores que habían ingresado en el Carmelo teresiano, ingresó a los trece años en el colegio preparatorio de Medina del Campo. Su madre acababa de fallecer recientemente.

Tomó el hábito en Segovia en 1913, e hizo su primera profesión en 1914. En 1917 hará la profesión solemne en Ávila. En esta ceremonia predicará su hermano, Eusebio del Niño Jesús, que morirá mártir en la guerra civil, y hoy día recientemente beatificado.

Es destinado a Cuba para evitar el servicio militar, y es allí donde se prepara para el sacerdocio, formado por su propio hermano. Llegado el momento recibe la Ordenación sacerdotal en Cienfuegos (Cuba)

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Nuestros Venerables

Nuestros Venerables: P. José María del Monte Carmelo (P. Cadete)

P. JOSÉ MARÍA DEL MONTE CARMELO ( P. CADETE)
(por Gonzalo Rodríguez L.)

Nació en la hermosa ciudad de Vigo el 15 de Octubre de 1763. De sus años anteriores a su ingreso en la Orden del Carmen apenas tenemos noticia. De muy niño fue trasladado al palacio de Miraflores (Asturias), donde aprendió las primeras letras. Sus padres le inclinaron a la carrera de las armas. A sus 15 años empieza su carrera militar y en 1872 tenemos al joven cadete en el campo de Gibraltar, formando parte del ejército español. En 1784 prosiguió sus estudios de ampliación militar en la academia de Barcelona.

Todo parecía sonreír al joven cadete: juventud, estudios, gran porvenir en la carrera militar. Y sin embargo, el noble oficial no sentía satisfacción plena. En sus cartas de esta época va mostrando poco a poco un cierto desencanto de su carrera militar y un gran amor por las cosas eternas y una inclinación cada vez mayor por abrazar la vida religiosa.

Los primeros pasos religiosos de nuestro oficial fueron hacia la Cartuja; pero no logró el intento y aconsejado por unos religiosos Paúles, pidió el hábito de Santa Teresa por la Cuaresma de 1786, en el noviciado de Valladolid. Tenía 23 años. Después de sus votos, estudió la filosofía en Ávila y la Teología en Salamanca; en Segovia terminó sus estudios canónico-morales. Estando en este convento de Segovia, deseoso de más soledad pidió al provincial ser perpetuo del Santo Desierto de San José de Batuecas.

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Nuestros Venerables

Nuestros Venerables: P. Tomás de Jesús

Hoy inauguramos una nueva sección dentro de esta ventana del Monasterio de S. José de las Batuecas: Nuestros Venerables.

En ella iremos desgranando la vida de los principales monjes que vivieron entre estas paredes, aquellos que hicieron posible que nuestro Monasterio sea lo que es, que el espíritu de nuestra orden carmelitana – aquel que S. Juan de la Cruz y Sta. Teresa de Jesús soñaron para el mundo – se hiciese vida. Ellos son ejemplo para quienes tomamos su testigo, y para todos aquellos que desean hacer de la caridad el centro de sus vidas.

Y el primero de ellos es el Padre Tomás de Jesús, fundador de nuestro Monasterio.

P. TOMÁS DE JESÚS
(por Gonzalo Rodríguez L.)

Tomás Díaz Sánchez Dávila nace en Baeza ( Jaén) en 1564, de padres no muy ricos, pero nobles y piadosos. Estudió artes y Teología en Baeza. En 1583 comenzó la Jurisprudencia en Salamanca. Ya había concluido los estudios cuando, tras la lectura de las obras de Santa Teresa de Jesús, se decidió a tomar el Hábito del Carmen Descalzo. Hizo el noviciado en el convento de Valladolid. Profesó el 5 de Abril de 1587 en manos del P. Gracián, recibiendo el nombre de Fray Tomás de Jesús. Siendo todavía novicio le encargaron la redacción del primer ordinario que tuvo la Orden. Dos años después de su profesión fue destinado, como profesor de teología, al convento de Sevilla.

Su salud fue siempre delicada. Padecía frecuentes insomnios, pero los supo aprovechar bien. En ellos se dedicó a estudiar la historia antigua del Carmelo, la Regla primitiva, los orígenes orientales de la Orden. Estudiaba, pensaba y escribía, al mismo tiempo que procuraba captar el ambiente carmelitano de su tiempo.

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