Contempladlo, y quedaréis radiantes

Amiga/o, quienquiera que abras esta página web, bienvenido seas. Espero poder ofrecerte una reflexión sencilla, con la que compartir el silencio creador de este valle de Las Batuecas.

            Nuestra oración comienza envuelta en el silencio, después de haber repetido con verdadera unción: “una Palabra habló el Padre y esta habla siempre en eterno silencio, y en silencio ha de ser oída del alma” (San Juan de la Cruz, Dichos de Luz y amor, n.99). Es una invitación a la contemplación amorosa, superada la via meditativa. En ese contexto resonaron en mí muy especialmente estas palabras del salmo 33: “Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará”.

Creí entender que contemplar  es dejar que la luz se adentre en la vida, es permitir que se convierta en radiación que brota del interior; es descubrir que tu rostro, tu persona, tu yo concebido desde lo que crees ser, deje de estar marcado por esos temores a no llegar a dar la talla de lo que se espera de ti, y sentirte portador de esa luz que ha de irradiar de tu ser para iluminar el mundo, es llegar a ser en verdad luz del mundo, aunque no responda a ese falso alumbrar de honores y títulos, de famas y aplausos, porque desde esa luz que mana de la contemplación tu persona irradia aquello que verdaderamente es: Luz.  

P. Francisco Brändle

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ESTA ES MI MANSIÓN POR SIEMPRE, AQUÍ VIVIRÉ PORQUE LA DESEO (Sal 131,14)

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Amiga/o, quienquiera que abras esta página web, bienvenido seas. Espero poder ofrecerte una reflexión sencilla, con la que compartir el silencio creador de este valle de Las Batuecas.

            Sigo contándote alguna de las noticias envueltas en esa presencia amorosa que es la oración, y muy en concreto, la oración carmelitana, al hilo de algún versículo sacado de alguno de los salmos que se recitan en laudes o vísperas. Me sorprendí un día contemplando el contenido de un versículo del salmo que habíamos recitado: “Esta es mi mansión por siempre, aquí viviré porque la deseo” (Sal 131,14). Continue reading “ESTA ES MI MANSIÓN POR SIEMPRE, AQUÍ VIVIRÉ PORQUE LA DESEO (Sal 131,14)”

Faros en el Acantilado

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Hace algún tiempo, tuve la gran suerte de visitar la isla de El Hierro. Quedé prendado de muchos rincones pero, especialmente del Faro de Orchilla. Durante siglos marcó el meridiano cero en el mundo antiguo. (El faro, hoy día, ya está automatizado, pero hace unas décadas era distinto).

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Poética (y también antipoética) del desierto I

(El autor de este trabajo es Juan Yennis, carmelita de alma. Vive en San Antonio, Texas. Su inquietud por la espiritualidad del Carmelo y por el tema del Desierto carmelitano le han llevado a reflexionar sobre estos temas)

Cuando hablo de cosas importantes con amigos, a veces sale a relucir el desierto carmelitano San José de Batuecas. “¿Desierto?” –me preguntan. Entonces aclaro que no lo es como el Sahara. Al contrario, éste está en un valle muy verde, lleno de vegetación y vida, con un lindo río. Les digo lo que me contó el P. Ramón, que hace siglos los comarcanos de la región aseguraban que en el valle había seres extraños, duendes y trasgos. En fin, seres de musgo y liquen más que de dunas. Se fueron al llegar los santos ermitaños. Además, el río se bifurca en dos brazos, que rodean los edificios, de modo que dondequiera que estés, si afinas el oído, puedes oír su “música callada.” Ahí están las fotos para demostrarlo.

Desde luego, con medio planeta de por medio y varios años desde que estuve allí, mi visión del lugar va perdiendo objetividad. Están las lagunas de la memoria, que va borrando rasgos concretos y quizás también se suman otros adicionales que va añadiendo el entusiasmo. También se entrecruzan los recuerdos y lo que le he oído o leído a otros, como el P. Ramón y Óscar Castro.
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Día de S. José

Hoy la Iglesia celebra el día de S. José. Y en nuestro Monasterio también es día grande, pues, incluso, llevamos su nombre en el nuestro: Santo Desierto de San José de las Batuecas.

Él es un icono privilegiado de acceso a lo sagrado, una ventana a lo divino, modelo en el día a día para nuestras vidas en el valle.

Hoy es un día grande para nuestro Monasterio. Esperamos que vosotros también lo disfrutéis intensamente.

En silencio y soledad

En silencio y soledad“, el artículo que encabeza esta entrada, fue publicado en La Gaceta, uno de los periódicos más leídos en Salamanca, el pasado martes, día 3 de marzo. Desde esta pequeña ventana que nos permite la blogocosa queremos agradecer a Caridad (la periodista que hizo la entrevista) el interés que demostró por el Monasterio y el modo de vida que en él tratamos de llevar.

Esperamos que lo disfrutéis y que nos ayude a mostraros qué tratamos de hacer vida en medio del corazón de nuestro valle.

Nuestros Venerables: P. Valentín de S. José

P. VALENTÍN DE SAN JOSÉ
(por Gonzalo Rodríguez L.)

Nace en Castilfalé (León). De padres profundamente cristianos que supieron hacer de su casa una Iglesia doméstica, de la que naturalmente brotaron abundantes vocaciones entre sus hijos. De la etapa infantil del P. Valentín poco sabemos. Quizá por influjo de dos de sus hermanos mayores que habían ingresado en el Carmelo teresiano, ingresó a los trece años en el colegio preparatorio de Medina del Campo. Su madre acababa de fallecer recientemente.

Tomó el hábito en Segovia en 1913, e hizo su primera profesión en 1914. En 1917 hará la profesión solemne en Ávila. En esta ceremonia predicará su hermano, Eusebio del Niño Jesús, que morirá mártir en la guerra civil, y hoy día recientemente beatificado.

Es destinado a Cuba para evitar el servicio militar, y es allí donde se prepara para el sacerdocio, formado por su propio hermano. Llegado el momento recibe la Ordenación sacerdotal en Cienfuegos (Cuba)

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