amor cósmico

Batuecas nos permite vivir el solemne día del “Corpus” con unas notas especiales que se pueden entender mejor con estas consideraciones del Papa Francisco: “El Señor, en el colmo del misterio de la Encarnación, quiso llegar a nuestra intimidad a través de un pedazo de materia. No desde arriba, sino desde adentro, para que en nuestro propio mundo pudiéramos encontrarlo a Él. En la Eucaristía ya está realizada la plenitud, y es el centro vital del universo, el foco desbordante de amor y de vida inagotable. Unido al Hijo encarnado, presente en la Eucaristía, todo el cosmos da gracias a Dios. En efecto, la Eucaristía es de por sí un acto de amor cósmico: “¡Sí, cósmico! Porque también cuando se celebra sobre el pequeño altar de una iglesia en el campo, la Eucaristía se celebra, en cierto sentido, sobre el altar del mundo” (Laudato sí, n.236).

                  Es rememorar también a San Juan de la Cruz, que entiende la Eucaristía como el punto donde se está llamando a las criaturas y de esta “agua” [Dios que es la fuente] se hartan aunque a oscuras-

                  Y en este sentido de comunión con la naturaleza nuestra procesión del “Corpus” discurre entre jaras, tomillos, cantueso, alcornoques, encinas, pinos….. Llevamos al Señor-Eucaristía, al terminar la misa, desde la iglesia en la que celebramos a una ermita en medio del monte, que está dedicada al Santísimo Sacramento. Cada año esta ermita se convierte en ese santuario en medio de la naturaleza desde donde el adorar al Santísimo se acompasa con esa presencia de toda la creación que haya como nos dice el Papa su centro en él. Que cada uno allá donde estemos honremos tan gran sacramento.

F. Brändle

Eucaristía

El misterio que celebramos, el Dios escondido en el vivo pan de la Eucaristía, en Batuecas lo celebramos con una procesión no común, pues el Santísimo Sacramento lo llevamos hasta la ermita que lleva su nombre para allí hacer unos momentos de adoración. Esta ermita se construyó para ello, y en recuerdo a lo que pudo ser en el pasado en este día hacemos la procesión hasta este lugar y allí, en la ladera del monte, sentimos muy cerca la creación con todas sus criaturas.  El camino es forzoso hacerlo en medio de la naturaleza, de modo que se hacen elocuentes las palabras de Juan de la Cruz en uno de sus poemas. “Aquí (en la Eucaristía), se está llamando a las criaturas y de esta agua se hartan aunque a oscuras”. Esta hermosa experiencia la reflejó muy bien nuestro Papa Francisco en su encíclica “Laudato si” cuando escribió: “En el colmo del misterio de la Encarnación, quiso llegar a nuestra intimidad a través de un pedazo de materia. No desde arriba, sino desde adentro, para que en nuestro propio mundo pudiéramos encontrarlo a Él. En la Eucaristía ya está realizada la plenitud, y es el centro vital del universo, el foco desbordante de amor y de vida inagotable. Unido al Hijo encarnado, presente en la Eucaristía, todo el cosmos da gracias a Dios… La Eucaristía une el cielo y la tierra, abraza y penetra todo lo creado. En el Pan eucarístico, la creación está orientada hacia la divinización…” (Laudato si, n.236). El misterio eucarístico que celebramos gozosos en este día, nos ayuda a contemplar la creación entera surgiendo de él y viviendo de él. El sagrario donde lo veneramos no es una cárcel donde se encierra, sino el punto central de ese inmenso mar que tiene su centro en Él, del que salen las ondas y a Él vuelven en un continuo fluir de vida verdadera. Nuestra procesión en medio de la naturaleza me lo hace revivir cada año.

F. Brändle