Fuerza del Espíritu

“Es tan caro el rescate de la vida, que nunca les bastará” [aludiendo a sus riquezas] (sal 48), les dice el salmista a los ricos. Cuando estas palabras las introduje en mi oración dejaron de parecerme una advertencia y pasaron a ser una hermosa consideración de lo que es la vida cuando queremos sacarla a flote. Me parecía sentir que desde Dios todos los aspectos de mi vida se llenaban de sentido: comer, dormir, hacer una vida sana llena de ese gozo que da vivirla desde nuestra condición encarnada, unidos a la naturaleza, al bienestar que da la salud, y la fortaleza que da para vencer la enfermedad, era algo lleno de valor que sólo desde Dios podría alcanzarlo. Desde Él también todos mis sentimientos se equilibraban, los podía vivir, fueran de gozo, o dolor, en un equilibrio tan hondo que enriquecía mi vivir sobremanera. Pero sobre todo entendía lo que significaba dar paso al Espíritu en la vida. Sí, la vida espiritual no es un añadido, una vida que se vive cuando nos separamos de este mundo, al contrario, era toda mi vida enriquecida desde Dios, pero además vivida por la fuerza del Espíritu, que llena la tierra. Comprendí que una vida así vivida es lo único que tiene sentido, y no se alcanza con esfuerzos humanos. Es tan caro, -es decir, tan de apreciar y querer-, esta vida plena, colmada, que no se puede comprar con ninguna moneda que se precie en este mundo. Es el don gratuito que en nuestro vivir se alcanza al recibir el Espíritu Santo, don universal, esperanza de toda criatura que se abra a recibirlo. Sea este nuestro deseo ante la celebración de un nuevo Pentecostés.

F. Brändle

Espíritu

¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Este es el que vino con agua y con sangre: Jesucristo. No sólo con agua, sino con agua y con sangre; y el Espíritu es quien da testimonio, porque el Espíritu es la verdad” (1Jn 5,6). Este versículo de la primera carta de San Juan, me ha envuelto durante esta semana que nos preparábamos para celebrar la fiesta de Pentecostés, la fiesta del Espíritu Santo. Agua, sangre, Espíritu. Tres realidades, que me llevan a descubrir la vida, que si la escribimos con mayúscula es la Vida de Jesús. En Él, así lo testimonia el Espíritu, está la fuente de agua viva, la sangre que se derrama por nosotros. Cuando me acercó a Jesús, siento su aliento de vida como agua que riega tantas realidades sedientas que encuentro en mi vida. Pero no sólo eso, su vida se me hace don maravilloso que se me da. Es la sangre entregada que se derrama, y me alcanza en mi pobreza para llenarme de su inmensa riqueza. Y lo que en todo esto se encierra lo expresa la gran fiesta que celebramos, se nos entrega el Espíritu. La vida de Jesús se hace Espíritu de vida para cada uno de nosotros. Es el Espíritu el verdadero testigo de Jesús, porque en Él se expresa lo que realmente es Jesús, el misterio de Dios entregado, que se encarna. Nuestra verdadera vida está amenazada por el mundo. No es fácil vencer los modos y maneras de vida inauténtica que puede ofrecernos nuestro propio egoísmo, que sería la visión de la vida que nos propone el mundo. Salir de nuestro egoísmo y entrar en la verdadera vida, es descubrirla en Jesús, con el testimonio del Espíritu. Jesús lo envía desde el Padre, pero si no nos abrimos a él, no descubriremos la verdad de Jesús, fuente de la verdadera vida, amor que se entrega de veras, sólo se descubren en Jesús, porque es quien vino con agua y con sangre,  si el Espíritu nos lo muestra. Es el Espíritu el que me lleva a creer en Jesús y vencer el mundo, que no es juzgar al mundo, sino abrir desde mi vida los caminos que puedan salvar al mundo.

F. Brändle

Feliz Pascua de Pentecostés 2019

Nos disponemos para emprender nuestro camino, preparamos nuestros pies y nuestro corazón para abrirnos a la sorpresa que siempre trae el camino al corazón pobre de quien no juega a conocer el regalo que le aguarda. Nos disponemos para caminar unidos, sabiendo que nuestros pies pisan el mismo suelo que cualquier ser humano en todos los rincones del mundo. Nuestro camino de ermitaños que salen de su soledad y recogimiento, nos une a todos los peregrinos del mundo que buscan un hogar, una casa, una patria. En los pies de todos los peregrinos que sienten la incertidumbre, la noche, el no saber y la soledad. Que nuestro camino sea una comunión y una súplica por cada uno. Antes de comenzar sabed y sentid, hermanos, que todos nuestros pasos son en la palma de la mano de Dios. 

Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre vosotros y os acompañe siempre. 

P. Miguel Márquez Calle OCD

No podemos concebir la contemplación como algo inmóvil, fijo, estable, estático… La contemplación se da en el camino que es la vida, entendida como búsqueda que cada uno emprende, hasta encontrar su sentido último, su más profundo centro, su más genuino origen generador de verdadera vida.  Si ello es así caminar es un hermoso gesto para quienes buscan ser contemplativos en la vida.

Conscientes de ello quienes vivimos en Batuecas, como comunidad, venimos haciendo una vez al año, un día de paseo. La meta la ponemos en lo alto, el monasterio de la Peña de Francia, en uno de los picos de la Sierra de Francia. La salida desde el hondón de nuestro valle. No es un simple paseo de recreo, es un camino arduo, pero lleno de sentido. Quien desde la paz del valle, se aventura a subir a las alturas, lo hace por ese deseo de descubrir la profundidad en la que se puede vivir, y la altura a la que se puede llegar. Lo hacemos en comunión. Caminar juntos, es recoger la experiencia de cada uno en la admiración de cuanto se va descubriendo. Es compartir lo poco que se puede llevar como alimento, beber de la misma fuente que ofrece sus limpias aguas al caminante. Es atravesar los mismos áridos canchales, o los inmensos bosques, es, claro que los es, compartir el cansancio de unos y otros, es llegar al fin a compartir gozosos la meta a la que se llega.

P. Francisco Brändle