Reflexiones

La música callada

flauta 1

Cuando el alma descalza se arrodilla en silencio ante el Misterio, empieza a oírse un suave susurro una brisa cálida, una presencia creciente que vuelve melodía todo lo que toca.

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Espiritualidad, Reflexiones

Él árbol de la vida

árvore

Mis pasos eran vacilantes, no conocía aquel camino, pero algo me llevaba allí, buscaba un conocimiento más allá de los libros y de toda la erudición monótona. Entonces me acerqué a un gran árbol que se destacaba de todos los otros que había en aquel bosque, sobre todo, por su altura y su hermosura. Con mi cayado golpeé dos veces para llamarle la atención. Viendo que se inclinaba un poco para escucharme, consideré oportuno hacerle un pedido: – ¡Enséñame tus secretos!  En el silencio que siguió entendí muchas cosas…

Entendí que él había llegado allí como una semilla traída por un pájaro, que aún pequeño pensaba que sería devorado por las cabras o pisado por los transeúntes; también habló de las temporadas de intensa lluvia y de aridez, de las dificultades de sobrevivir en estas situaciones adversas. No menos perturbadores habían sido los vientos y hasta el mismo fuego que llegó muy cerca de donde estaba. Todo había sido una lección, todo había le había ayudado a crecer y a enamorarse de la vida. Claro, no todo había sido desdichas; tenía el corazón alegre al indicar muchos otros árboles que habían nacidos de las semillas que él había producido. Sabía de su belleza y del servicio que sus sombras prestaban a los peregrinos que, como yo, por aquél camino pasaban.

Aquel árbol me ha enseñado que es bello hacer la lectura de la vida ya en la madurez de la existencia. Él me enseñó que no se llega a la estatura deseada sino después de un largo proceso de maduración. Aprendí de él que las dificultades nos ayudan a crecer y nos permiten desarrollar muchas capacidades que están adormecidas en nosotros. Me ha enseñado también que las temporadas difíciles no son eternas ¡todo pasa! lo que se queda son apenas semillas llevadas por el viento cuyo destino es incierto y desconocido a nuestros ojos; pero nada ocurre fuera del plan misterioso del Creador.

Tal vez, el más hermoso secreto de aquel árbol es reconocer que su existencia depende de otros seres, – de otras vidas -, con las cuales se ve unido por un lazo misterioso. Quizá tuviéramos que pensar nuestra existencia de esta manera, como una parte, de una inmensa vida, cuyo soplo vital fue infundido por el mismo Creador.

 

Fray Emmanuel María

 

 

Reflexiones

El abandono en Dios

Abandono

Ya sé, Dios mío, que sin ti nada soy. Ya he comprobado que sin tu gracia nada puedo. Ya sólo quiero abandonarme en ti, en tu amorosa providencia, en tu inmensa bondad. Pero ni siquiera consigo abandonarme en ti sin tu gracia. Todavía pueden mucho mis miedos, mi orgullo, mi pecado. Por eso, mi Dios, hoy quiero pedirte que me enseñes a dejar en ti el cuidado de mi propia persona y de mi destino. Enséñame, Señor, a renunciar a mi propia voluntad para entregarme a la tuya. Por favor, Amor mío, no me lo puedes negar. Enséñame a ser más humilde, a saberme un niño pequeño en brazos de mi Padre, enséñame a confiar, a esperar en tu ayuda. Necesito, Dios mío, que me enseñes a abandonar en ti mi vida. Necesito que me des fortaleza para superar mi tendencia natural al amor propio y para renunciar a todo lo que no venga de ti.

Yo sólo quiero guiarme por el amor que te tengo, pero este amor mío es tan débil, tan frágil, tan inconstante que necesito tu mismo Amor para poder amarte. Dame tu gracia, mi Amor. No la quiero para huir de nada, ni para hacer más llevaderos los sufrimientos. Al contrario, la quiero para darlo todo, para darme del todo, para amarte a ti y a mis hermanos con el mismo amor de tu Hijo, para abrazar su cruz. Enséñame tú, Jesús mío, la ciencia, la sabiduría de tu cruz. Ya voy gustándola, ya voy vislumbrando su dulzura, pero con tanta timidez, con tan poca determinación que apenas avanzo. Oh Cristo, envíame tu Espíritu santificador, que me renueve, que me purifique, que me ilumine. Ven, Espíritu Santo a mi pobre espíritu y transfórmalo desde dentro, lléname de santa audacia y libérame de mi orgullo, que me lleva a mendigar las migajas de amor y aprobación que puedan darme las criaturas y a desperdiciar tanta gracia derramada.

Pablo María

 

Reflexiones

El amor que se hace Palabra única en el silencio de Dios, en la cruz, nos ayuda a comprender el fondo de la historia

Silencio y cruz

          Amiga/o, quienquiera que abras esta página web, bienvenido seas. Espero poder ofrecerte una reflexión sencilla, con la que compartir el silencio creador de este valle de Las Batuecas.

            Sólo desde el silencio que es Dios, sentencia que encontramos escrita al acercarnos al monasterio, puede mirarse la historia de los hombres y mujeres como una búsqueda del Amado que compartimos. La humanidad está herida de amor, porque en su origen se descubre creada para hacerlo vida, porque hemos sido a ello predestinados, para alcanzar la verdadera libertad.

            ¿Qué ha ocurrido a lo largo de los siglos? No dejamos de ser testigos de que la historia parece mostrarnos lo contrario. Los hombres se han convertido en enemigos los unos de los otros, haciendo del proyecto humano un camino de muerte. Se trata de la visión que nos ofrece una mirada hecha desde nuestros ruidos, nuestros deseos centrados en nuestros intereses, pero nada puede impedir esa esperanza que brota del silencio, la que nos permite descubrir la realización de la verdad de lo que somos en el amor.

            El amor que se hace Palabra única en el silencio de Dios, en la cruz, nos ayuda a comprender el fondo de la historia. Cuando por gracia he podido vivir en la soledad de una ermita, envuelto en el silencio y dentro de este bendito valle, la soledad de Cristo en la Cruz, se me hace portadora de ese mensaje único: La humanidad, su historia que se extiende a lo largo de los siglos, pero que tiene su centro de sentido en ese misterio de la Cruz, la puedo vivir como mía, a semejanza de Cristo que la siente suya, y que me invita a descubrir que mi misión en ese lugar no es otra que la de romper esa superficie helada de los hechos que me recuerda el relato de guerras y contiendas entre los habitantes de esta tierra, y descubrir para todos el volcán de fuego, el fuego de una búsqueda amorosa que alentó la vida de todos los místicos, y que tuvo su feliz erupción en la Cruz de Cristo, donde en el silencio se escuchó la única Palabra que da sentido a todo lo acontecido en el mundo, la Palabra pronunciada desde siempre: “Tu eres mi Hijo Amado”, y en el silencio ha de ser oída del alma.

 P. Francisco Brändle

Espiritualidad, Reflexiones

JOSÉ, MODELO DEL CONTEMPLATIVO

 

José es un judío que ha tenido que hacer un cambio muy profundo en su vida, y aunque no entiende nada, obedece a la voluntad de Dios. Así también el contemplativo cuando sintió la llamada al seguimiento se sintió llamado por Dios a hacer un cambio decisivo en su vida. NO era llamado a hacer nada, sino a estar, a ser. Entre tantos millones de hombres, Dios lo elegía para que le adorara, para que suplicara, para que fuera signo callado y voz que grita en el desierto.

 

Y José respondió con fe a aquello que no entendía. Lo mismo el contemplativo. Acepta una vida aparentemente inútil, sólo confiando en la fe que esa entrega será misteriosamente fecunda en el cuerpo de Cristo y para la humanidad entera. José no entiende nada, tampoco el contemplativo, pero aun así cree contra toda esperanza. Y cuando en el claustro silencioso, la fe se haga oscura, el contemplativo como el justo José seguirá fiel en su misión.

 

José vive al servicio de Jesús y de María, es decisiva su colaboración en la obra de la redención, pero calladamente, sin decir palabra. Simplemente está ahí, al servicio de Jesús y de María. Trabajo callado, entrega generosa y paciente; una vida que en el torno del amor se va consumiendo, como el cirio que se consume casi sin darnos cuenta. Así el contemplativo, que día tras día, sin hacerse sentir va dejando su vida al servicio callado pero constante de sus hermanos los hombres, aunque estos no se den cuenta…

el hermano

Textos monásticos de todos los tiempos

Textos monásticos de todos los tiempos: El deseo de Dios

Los monjes de todos lo tiempos se han adentrado en la experiencia común del Misterio divino. Aun perteneciendo a distintas tradiciones religiosas, tienen muchas cosas que les asemejan. La totalidad de su entrega, el descubrir que sólo hay una cosa necesaria: Dios, y la pedagogía que les dispone a la experiencia sagrada, constituyen un universo familiar para todos ellos.

A partir de ahora os iremos presentando diversos textos de esta rica tradición monástica milenaria, no tanto para leerlos y olvidarlos, sino para rumiarlos en la soledad, pues de ella surgieron.

EL DESEO DE DIOS

Suspiro por un solo don, me esfuerzo por alcanzar una sola gloria: la gloria del Reino de los cielos… Siempre que la belleza de Dios ha iluminado a los santos, ha dejado en ellos el aguijón de un deseo intolerable; tanto que, cansados de la vida presente, han exclamado: “ ¡Ay de mi, que mi destierro se ha prolongado! ¿Cuándo entraré a ver el rostros de Dios?”

San Basilio, Regulae fusius tractatae 2,1.

Textos monásticos de todos los tiempos

Textos monásticos de todos los tiempos: Renuncia, amor y contemplación

Los monjes de todos lo tiempos se han adentrado en la experiencia común del Misterio divino. Aun perteneciendo a distintas tradiciones religiosas, tienen muchas cosas que les asemejan. La totalidad de su entrega, el descubrir que sólo hay una cosa necesaria: Dios, y la pedagogía que les dispone a la experiencia sagrada, constituyen un universo familiar para todos ellos.

A partir de ahora os iremos presentando diversos textos de esta rica tradición monástica milenaria, no tanto para leerlos y olvidarlos, sino para rumiarlos en la soledad, pues de ella surgieron.

RENUNCIA, AMOR Y CONTEMPLACIÓN

Los que desconocen este estado podrían imaginarse, por los amores de este mundo, qué es lo que significa para el alma el encontrarse con el objeto más amado. Porque los objetos que nosotros amamos aquí son realmente mortales y nocivos, algo así como fantasmas cambiantes, que no podemos amar verdaderamente porque no constituyen el bien que nosotros ansiamos. El verdadero objeto de nuestro amor se encuentra en el otro mundo; podremos unirnos a él, participar de él y poseerle, si no salimos a condescender con los placeres de la carne. Para quien lo ha visto es claro lo que yo digo; sabe que el alma tiene otra vida cuando se acerca al UNO y participa de Él, y que toma conciencia de que está junto a ella el dador de la verdadera vida, sin que necesite de ninguna otra cosa. Por el contrario, conviene que renuncie a todo lo demás y que se entregue solamente a Él y se haga una sola cosa con él, rompiendo todos los lazos que la atan a este mundo. Así es como procuramos salir de aquí y nos irritamos por los lazos que nos unen a los otros seres. Nos volvemos entonces por entero hacia nosotros mismos y no dejamos parte ninguna nuestra que no entre en contacto con Dios.

Ya pues es posible verle y vernos también a nosotros mimos en tanto la visión está permitida. Se ve uno resplandeciente de luz y lleno de luz inteligible, y mejor aún, se convierte uno en una luz pura, ligera y sin peso, en un ser que es más bien un dios, inflamado de amor hasta el momento en que, vencido otra vez por su peso, se siente como marchito.

Plotino, Enéadas 6,9.