Tú, Señor, estas cerca

Al leer esta mañana este versículo del Salmo: “Tú, Señor, estás cerca”, me vi envuelto en esa realidad que estamos celebrando: el “Adviento”, y, sin dejar de seguir en esta espera del Señor cercano, lo uní al verso siguiente: “todos tus mandatos son estables” (Sal 118,150). Con ello se me fue haciendo claro que la venida cercana, el sentirlo cerca, es una manera de celebrar su cercanía entrando en mi vida a través de la estabilidad que me dan sus mandamientos. Los Padres de la Iglesia ya habían hablado de esta venida a nuestras vidas, pero con este verso se me hacía más encarnada, se me hacía más palpable. Poco a poco fue abriéndose camino la idea de que nada podría dar estabilidad a mi vida que no fuera algo que tuviera fundamento, y esto no podía ser otra cosa que el proyecto de Dios sobre mí. No se trataba de hacer un concienzudo examen de conciencia sobre los mandamientos, sino de hacerlos vida desde el proyecto de Dios para mí. El descubrir su verdadera estabilidad porque se sustentan en el amor que Él nos tiene, y no deja de mostrarlo. Aunque sea a nuestras espaldas, el está ahí, para que cuando corramos el riesgo de desviarnos a derecha o izquierda, nuestros oídos oigan esa voz que nos indica: “este es el camino” (Is 30,19-21). Y con esa certeza, nos vendrá también la fuerza para poderlo hacer. Este será también para nosotros un verdadero Adviento, descubrir más y mejor que: “Tú, Señor, estas cerca”.

F. Brändle

La Noche

Me preguntaba esta mañana qué necesidad tenía el salmista de adelantarse a la aurora para pedir auxilio (Sal 118, 145ss.). Me imaginé que como todo ser humano el salmista concebía la noche como  la realidad que nos envuelve y desde la que no parece verse la salida para los problemas que puedan surgir en el día. Sólo abriendo la noche a la palabra de Dios, se puede esperar más allá de esos presagios que nos abruman y cierran la salida a una visión positiva de lo que imaginamos nos pueda venir. Si el día transcurrió esperando ese cumplimiento de la Palabra, también la llegada de una nueva noche la podemos adelantar si ante los temores con los que nos pueda amenazar abrimos el corazón a la esperanza puesta en las promesas de Dios. Noche y día son símbolo de la historia hecha de esperanza y salvación. La vida del hombre no deja de ser una noche, en la que antes de llegar la aurora pedimos auxilio para que se abra a la Palabra de Dios. La historia en la que se vive, es el gran día en el que cabe la esperanza de abrir la puerta al Dios de la historia para que la inunde su presencia.

F. Brändle

“Te invoco de todo corazón”

Jesús entre los doctores, Alberto Durero, 1506. Museo Thyssen, Madrid

En la mañana del sábado,  la iglesia nos invita a rezar el salmo 118,145-152. En este fragmento del salmo encontré los dos versículos que me ayudaron en mi oración. Comencé repitiendo: “Te invoco de todo corazón”. Me preguntaba si sería capaz de hacerlo. Porque todo el corazón no sabría ponerlo si El no me ayudaba. Y vinieron a mí del mismo salmo estas palabras de otro versículo: ”Tú Señor estas cerca”. Uní los dos versículos. Me parecía que no siempre había sentido al orar al Señor tan cerca. Lo colocaba lejos, arriba, en un lugar no tan cercano, y mi invocación se me hacía también una llamada a alguien lejano. Cuando fue entrando en su presencia cercana, puede ver como el corazón se abría del todo, pude comprobar que sí, así era posible invocar con todo el corazón. Y acabé pidiéndole que se hiciera cercano a todo hombre que vive en este mundo. Que todos pudieran sentirle cerca. Que sólo así, no hablando de un Dios lejano, que acaba siendo un Dios que no es, se convertiría en Jesús, el Dios con nosotros, el que no buscamos ya arriba, lejos, sino inundando la historia y la creación con su presencia amorosa que nos alcanza por Jesús resucitado. Di gracias, una y mil veces, por haberme ayudado a invocar con todo el corazón, porque Él estaba cerca, estaba ahí, siendo el centro de mi vida.

F.Brändle