Enséñame Señor

“Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad” (Sal 85). Sí, quisiera humildemente pedirle al Señor que me enseñara su camino. Nadie como Él conoce el camino que ha trazado para mí. No es una imposición despótica la que se me ofrece cuando se me enseña ese camino, sino la única posibilidad de andar en verdad. Ahora entiendo lo que Santa Teresa escribe sobre la humildad. No podía ser el sometimiento de una criatura a su dueño y señor, porque no podía otra cosa. Era, por el contrario, la sencilla petición de quien desea ser enseñado por aquel de quien se siente amado. Descubro que esta es la mejor manera de rezar este salmo, abrirse a todo su contenido lleno de confianza. El es el mejor Maestro para mostrarme el sendero de la vida, que responde a ese camino que es el suyo, el que el trazó para mí. Me llena de alegría saber que camino por él. Que mi vida tiene sentido de eternidad, aún realizándose en el tiempo.

F. Brändle

Protege mi vida

Me sorprendo buscando todo el contenido de una frase del salmo 85, que me parece sumamente rica. “Protege mi vida, que soy un fiel tuyo”. En un primer momento me parecía sencillo pensar que era una simple súplica para que Dios velara por me vida. Pero sentí que algo mucho más grande se encerraba en esta súplica. El misterio de mi vida no lo puedo custodiar yo con mis solas fuerzas. En el sencillo abrirme a la presencia amorosa de Dios, sentía que no era yo el custodio de mi vida, era Él mismo quien velaba por ella, porque era su vida en mí la que protegía y guardaba, Él era el Dios fiel, cuya fidelidad no tiene límite, que se me daba y ofrecía, el que se convertía para mí en el Dios fiel capaz de hacerme sentir su vida en mí, que buscaba en mí esa fidelidad desde la que pudiera clamar con toda confianza que fuera Él quien protegiéndome custodiara su vida en mí.

Vivir de este modo aquella súplica, que no parecía encerrar algo tan grande, entendí que no podría ser fácil, que tendría que aceptar que mi modo de comprender mi vida se cerraba en lo que yo alcanzaba y esto era mucho más. Era aprender de los grandes místicos que estaba llamado a descubrir la grandeza de una vida llamada a la unión con Dios.

F. Brändle