Por el derecho a no odiar

            La contemplación del mundo nos permite percibir el absurdo en el que vive la sociedad cuando se distancia del proyecto original trazado por su Creador. En un diálogo, he percibido que mi interlocutor, al expresar su odio y rebelión contra una postura política, deseaba que yo hiciese lo mismo; como no encontró en mis palabras algo que le apoyara, se quedó decepcionado y concluyó que yo me oponía a su pensamiento.

Lo que mi interlocutor ignoraba es que el odio no forma parte de mi horizonte existencial, no creo que fuera creado para odiar a alguien porque, incluso para mí, el odio es una flaqueza de quien se deja afectar y hasta determinar por lo que el otro es o hace. No odiar es una opción por la lucidez y por la libertad de espíritu, valores que se cultivan en la contemplación. La lucidez nos permite diferenciar a la persona de sus ideas, y la libertad interior nos lleva a amar a la persona independientemente de que coincidamos o no con sus ideas y actitudes.  

            Este diálogo con mi interlocutor y la consciencia de que lo que he experimentado no es una postura aislada, sino una actitud muy común en nuestra sociedad, me ha impulsado a comenzar una campaña llamada: “Por el derecho a no odiar”. Parece broma que alguien reclame tal derecho, pero me parece oportuno despertar a la sociedad de su adormecimiento, que nos deja sumidos en relaciones mezquinas y egoístas. El derecho a no odiar, en definitiva, es una opción por el amor, no como un mero sentimiento romántico, sino como la decisión de vivir el proyecto original diseñado por el Creador que quiere hacer de todos nosotros una sola familia.

Fray Emmanuel María

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