10 – diciembre – 2017

En la celda número 8 del Santo Monasterio de San Jóse de las Batuecas, Salamanca. 10:06.

Toca poner en orden lo acontecido durante este retiro espiritual.

Las torpezas que vaya a reproducir de ahora en adelante poco o nada tienen que ver con las vivencias que durante estos últimos cinco días, Dios ha tenido a bien regalarme en el Santo Monasterio de San José de las Batuecas. Ni el rumor del río y riachuelos, ni el paisaje de verdes, ocres y tonos rojizos que se resisten a abandonar el otoño en el valle; microclima caldeado por la nobleza de los frailes que aquí recogen a los huéspedes que vienen reventados de la vida. Desde la cama de cualquier celda se ven los escarpes y arboleda, compuesto principalmente de pinos, hayas y castaños de convento. Lo suficientemente frondoso como para emular lo mejor del norte. Lo suficientemente espaciado como para colarse por una y mil vías y terminar saliéndote con la tuya, muy al estilo sureño. De vez en cuando, algún ciprés en el horizonte, que sirve para alertar a la vista ociosa que ahí hay un ermita, en ruinas o no, dispuesta a retornar al distraído a la temática del lugar: el silencio y la relación con Dios.

Del arte rupestre que me encontré en el Canchal de Zarzalón, donde junto a los primeros hombres, dejo a Jimena un regalo infinito.

Tampoco el relato estaría completo sin las meditaciones y carcajadas – que sí, que todo es posible en un retiro carmelitano – con el Padre Everton. Qué decir de la barba de Don Aúreo, el mejor espejo de la mejor mirada de Robin Williams. La espalda quebrada de DonMiguel, curtida a base de sus cincuenta años de aventuras misioneras por el Congo. El silencio extremeño del aprendiz de monje carmelita, Fray Pablo. La seriedad hecha sonrisa de Francisco, el prior de este magnífico lugar. Su trotar por el convento arreglando esto y atendiendo aquello habla de la divinidad que se cuela entre pucheros, donde a pesar de estar en un rinconcito minúsculo del cielo, las calderas tienen el capricho de romperse.

Queda para un recuerdo que será revivido una y mil veces el caminar por la entrada quedándose con las sentencias en pizarra de los místicos del Carmelo. La ermita del Sacramento, donde el frío me devolvió a un estado primitivo y donde Estragón y Vladimir, en la espera a Godot, me mostraron junto a una estufa de leña lo que significa vivir sin amor.

También el paseo nocturno con Alonso, Luis y el siempre solítico P.Everton, en busca de jabalíes hambrientos. Búsqueda en balde, por cierto, pero que nos animó a estrenar el mundo por la noche.

Las estrellas que le han robado a Madrid están todas aquí, apiñadas entre las crestas de la Peña de Francia, dejando fuera de cobertura cualquier preocupación que no sea la de glorificarse en el Señor.

Lo que vaya a quedar de este retiro en las próximas fechas se lo dejo a Dios. A mí me toca hacerlo vida en cada momento de oración y de recogimiento, a modo de mantra visual, cada vez que me repita “ser menos yo, para empezar a ser más el otro”.

La relación y donación en la que se manifiesta Dios tiene como principio, motor y causa, el amor. Lo que mueve la caridad es el amor y su pago es el amor. Y cobra su significación en la oración hecha vida.

Lógica paradójica es ésta del amor.

 

 

Ricardo Morales Jiménez

Periodista – Revista Democresía

 

 

 

 

 

Las Batuecas 039

El resultado ha sido una oración incesante apoyada en los hermanos de la comunidad…

Hemos pasado un pequeño periodo de tiempo mi mujer y yo en el desierto de Batuecas; yo acudí unos días antes y mi mujer se incorporó posteriormente.

    El motivo que nos ha llevado a estar allí ha sido el vivir una experiencia de oración continua sin las distracciones que requiere una vida cotidiana como la que llevamos nosotros, seglares inmersos en la actividad laboral y familiar.

He de reconocer que se han dado unas circunstancias que nos ha permitido su realización: hijos ya más mayores que no requieren nuestros cuidados y madre mayor pero que todavía se vale por sí misma.

Durante este tiempo hemos podido convivir con la comunidad en las oraciones comunes y en la eucaristía, así como en las comidas y en algunos de los trabajos necesarios para mantener el convento, prolongándose después la jornada con la oración solitaria en el interior de la celda, junto con algunos paseos por las montañas que lo circundan. El resultado ha sido una oración incesante apoyada en los hermanos de la comunidad y en los otros huéspedes que también estaban en el convento.

Sólo podemos decir de este tiempo que nos hemos encontrado con unos frailes entrañables y acogedores y que ha sido para nosotros un periodo de gracia que hemos podido llevarnos a nuestro lugar de origen para transmitirlo a los que nos rodean.

(Marisa y Emilio. Carmelo seglar de Caravaca)

 

 

 

 

“Los cipreses son dedos que señalan al cielo,

pero este cielo no está arriba,

no está abajo, no está al lado.

Es hacia dentro y hacia todas partes.

Es un estado del alma donde el Espíritu habita,

este Espíritu de vida que todo lo colma con su sagrada presencia”

(Pedro Pablo)

Anuncios




Nuestro modo de vida en clausura nos permitirá actualizar de cuando en cuando los contenidos del weblog. Ten paciencia si no lo podemos hacer con la frecuencia que nos gustaría, o tardamos varias semanas en poder hacerlo. A nuestro valle aún no ha llegado ni internet ni la cobertura móvil.

Si quieres enviar comentarios, sugerencias, preguntas, tener un contacto más directo con el prior del Monasterio, lo mejor es escribir un correo electrónico.

Si lo que quieres es hacernos llegar una petición para alojarte en la Hospedería, lo mejor es que nos llames por teléfono y si no podemos cogerlo, que dejes un mensaje en el contestador

enero 2018
L M X J V S D
« Dic    
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
293031  

Imágenes de Batuecas


A %d blogueros les gusta esto: