Solemnidad de San Juan de la Cruz

FT 13

San Juan de la Cruz es el padre y maestro espiritual del Carmelo Teresiano, doctor de la vida cristiana en su dinamismo teologal, cantor de la hermosura de Dios y de la belleza de la creación. Su recuerdo se transforma hoy en Liturgia viva. A través de la alabanza divina, su oración y su poesía, su canto eterno de gloria, se hace viático y plegária del Carmelo peregrino aquí en la tierra.

Su doctrina fue una exégesis viva del Evangelio; por eso la palabra de Dios ilumina su experiencia, y sus enseñanzas tienen alcances insospechados en la meditación de esta palabra. La liturgía de esta solemnidad es palabra de Dios y palabra de Juan de la Cruz en una síntesis de meditación y alabanza.

(Liturgia de las Horas – Carmelo Teresiano).

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Tempus Fugit

El tiempo

En tiempos atrás, solía oír: «El tiempo es oro»; pero nada… Poco a poco el tiempo en mi vida se va “haciendo” Dios.

Vivir la presencia de Dios las veinticuatro horas del día hace que su percepción se vaya estirando y deformando, pues la eternidad lo va inundando todo poco a poco. En gran medida se pierde el sentido de la prisa. El silencio exterior e interior te va ayudando a tomar mayor conciencia de ti mismo y de Dios en ti.

Ya voy mirando menos mi reloj. El alma saca del fondo sus genes ancestrales, de cuando mis antiguos parientes miraban, observaban, contemplaban: el movimiento de las sombras de las cosas, las luces y sus tonos reflejados desde los seres vivos, el giro de la cúpula celeste estrellada, el decurso de la estaciones dejando su rastro en plantas y animales… Ese movimiento contemplativo me hace descubrir la mano de Dios que acaricia y me acaricia.

Al comienzo (amanecer) y al final (ocaso) de la jornada es cuando más intensamente vivo esta experiencia. A media luz, recogidos en comunidad ante Jesús, una atmósfera de paz nos hace suspendernos en espacio y tiempo. Orar es olvidar pasado y futuro para quedar envueltos en el presente de Dios. Orar es ser amado aunque no lo captes en su realidad plena, como el recién nacido en brazos de sus padres… Lo cierto es que es una sensación de que está todo hecho, que todo está consumado. El Espíritu de Jesús es exhalado sobre nuestros corazones y ya todo queda “fuera” de nosotros. Él lo llena todo. Y, en ese momento, si alguien me preguntara qué es el tiempo, le diría: No lo sé.

Silencio, paz, presencia…

Fray Bernabé de San José

Con mis manos vacías

FT 12

Cuando empiezo a orar, después de hacerme consciente de la presencia de la Trinidad Santa que habita en mí, me pongo de manos abiertas hacia arriba. Este pequeño gesto orante me pone en contacto con mi pobreza habitual. Delante de Dios, de su inmensurable amor, tomo conciencia de mi nada, de que soy criatura. El recuerdo de mi pobreza no me lanza a un pesimismo paralizante sino que me hace volver a Aquél que es rico en misericordia. Entonces mi oración fluye como un rio y mi deseo más profundo se torna una sencilla plegaria: “Soy pobre. No sé amar. Ama en mí Señor”.

Mi pobreza no es mero recurso retórico; ella se manifiesta muy a menudo en la oración, sobre todo, en las distracciones. Entonces, nuevamente me vuelvo al Señor y le digo: “Soy pobre. No tengo ni buenos pensamientos para ofrecerte”, y retomo la oración. Mis manos vacías me dan paz, no tengo nada, todo me es dado, dependo de mi Creador. La pobreza me va haciendo cada vez más libre.

A veces, mi condición de pobre es amarga, es cuando el hombre viejo revive y reclama sus derechos. En mi interior se establece una guerra en la cual sólo obtengo la victoria si nuevamente retomo mi pobreza. No es fácil mantenerse pobre; se tiene siempre la tentación de atesorar. La verdad es que aún soy aprendiz en este arte del despojamiento.

No tengo miedo de presentarme delante de Dios con las manos vacías al final de la jornada; tengo la certeza que Él las llenará con los méritos de su Hijo Jesucristo.

(P. E.B.M)

El silencio espera la Palabra de Dios

Palavra 1

 

  • La llevaré al desierto y le hablaré al corazón (Oseas 2,6)
  • Una palabra habló el Padre, que fue su Hijo, y ésta habla siempre en eterno silencio, y en silencio ha de ser oída del alma (San Juan de la Cruz)

Hay un silencio que podemos calificar de malo, es el de la persona dormida o muerta.

El silencio de Batuecas es muy bueno, espera respuesta, “tratar muchas veces con quien sabemos nos ama”.

El silencio espera la Palabra de Dios sin parásitos (Jakobson), sin obstáculos morales (Habermas).

(P. M. G.)

Cada mañana al despertar me abro a la presencia amorosa de ese misterio que en nuestra tradición cristiana llamamos Santísima Trinidad…

         

             Amiga/o, quienquiera que abras esta página web, quiero acercarme a ti con la confianza que me da saber que has buscado esta página para encontrarte con algo que te pueda sorprender más allá de lo cotidiano de un paisaje urbano aburrido y monótono, de una jornada dura y sin apenas comunicación viva. Quieres buscar una naturaleza que te cautive, o una comunicación que te llene desde un silencio creador.

            Es fácil que lo que yo te quiera transmitir no se identifique con tu experiencia, pero, insisto, me da confianza tu búsqueda para compartir contigo lo que a continuación te confío.

          Cada mañana al despertar me abro a la presencia amorosa de ese misterio que en nuestra tradición cristiana llamamos Santísima Trinidad. Suelo evocarlo con la señal de la cruz. No ofrezco nada, no me propongo hacer nada, sólo me hago consciente de su presencia, sostiene mi vida al despertar. Tengo después la gracia de poder pasar en la capilla del monasterio que se construyó en este valle de las Batuecas, una hora de oración ante la reproducción del icono de la Trinidad de Rublev.

         Esa primera conciencia del despertar se prolonga al sentirme abierto a esa vida divina. Es algo que conocí en Santa Teresa, y que por gracia comparto con ella. No es nada forzado, ni pensado, es un hondo sentimiento de esa misma verdad que me enseñaron de niño sin más consideraciones cuando me decían: Santíguate en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. (P. F. B.)

MIRADLE RESUCITADO

Para adentrarnos en la espesura de la vida de oración a quien primero tenemos que tener presente es a Cristo. Según nuestro estado de ánimo podemos traerlo a nuestro pensamiento: atado a la columna, cargado con la cruz o resucitado. Todo depende de cómo nos encontremos.

En este tiempo pascual Teresa nos invita a que contemplemos la hermosura de Cristo resucitado. Él es el centro de nuestra vida, ante Él ponemos nuestras ilusiones, esperanzas, trabajos, logros, alegrías, etc. porque es el manantial divino de donde nace la vida. Dejemos que la Santa de Ávila nos lleve al Resucitado:

“Si estáis alegre, miradlo resucitado; que sólo imaginar cómo salió del sepulcro os alegrará. Mas ¡con qué claridad y con qué hermosura! ¡Con qué majestad, qué victorioso, qué alegre! Como quien tan bien salió de la batalla adonde ha ganado un tan gran reino, que todo le quiere para vos, y a sí con él. Pues ¿es mucho que a quien tanto os da volváis una vez los ojos a mirarle?” (Camino de perfección 26, 4).

Con estas palabras Teresa pretende, desea y añora que nos imbuyamos en el gran don y regalo de Dios que es la oración. En este caso nos habla del recogimiento. Tenemos que quedarnos “a solas con Él solo”, es decir, dejar todo aquello que no nos lleva a Dios para centrarnos en sólo Él. Para hacérnoslo más fácil nos da unas pautas a seguir:

Vivir y notar la presencia: tenemos que tener muy presente a Cristo en nuestras vidas; hemos de representarlo en nuestro interior para dejarnos enseñar por Él cómo hemos de conocerle, amarle y darnos del todo a su Divina Majestad. La oración no es cosa de uno sólo, sino de dos.

Mirar a Cristo: en un primer momento Teresa nos invita a poner los ojos en Cristo, sólo desea una cosa: “no os pido más de que le miréis”. Mirar a Cristo y dejarnos mirar por Él para después pasar a una mirada interior, transformante, purificadora y sanadora.

Escuchar a Cristo: no solamente tenemos que hablar a Cristo, sino que debemos quedar en silencio para que Él nos pueda hablar. Si no le dejamos entrar para que nos comunique su amor no haremos nada. Bien sabemos que la amistad si no se cuida con el trato y el diálogo poco a poco se enfría hasta perderse en la distancia.

Acostumbrarse: no es algo que se consiga de una día para otro; hacen falta días y horas en las que “estemos a solas con Aquel que sabemos nos ama”. Por eso juega aquí un papel muy importante la humildad que nos hace reconocer que no es algo que nos ganemos nosotros a pulso, sino que debemos esperar que nos venga dado de la generosa mano de Dios que se hace presente en nuestras vidas a través de Cristo Resucitado.

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

 

 

Fr. Rafael Pascual Elías OCD

EL DIARIO DE BATUECAS (III)

 

Continuamos con nuestro comentario y presentación de algunas notas recogidas en el diario de Batuecas. Ya dijimos cómo llegaron los primeros religiosos y comenzaron a adecuar el terreno para poder asentar una comunidad religiosa. Durante el año 1916 se suceden las visitas a los terrenos que comprende la finca de Batuecas. Desde el P. Provincial, pasando por varios frailes que dedican unos días al retiro o vienen a ayudar en las obras hasta los sacerdotes de la zona y algún seminarista así como algunos profesores. Batuecas, poco a poco, comienza a ser conocido de nuevo como lugar eminentemente carmelitano. Tendremos que esperar hasta 1917 para poder hablar de vida conventual en sentido estricto en nuestro querido Batuecas. Concretamente el día 29 de enero “se puso el Santísimo Sacramento en el pequeño oratorio y empezamos la vida religiosa pues por estar en malas condiciones la nueva casita no se pudo llevar la observancia religiosa hasta la fecha”. La solemnidad de Nuestra Señora del Carmen se celebró como bien se merecía después de tanto año sin poder hacerlo. Presidió la eucaristía el párroco del Soto y le acompañaron otros tres sacerdotes de los contornos. Los cantos que elevaron a la Reina y Hermosura del Carmelo llenaron el profundo, escondido, legendario y ahora, de nuevo, carmelitano valle de Batuecas. El 25 de septiembre, mientras los ciervos comenzaban la berrea por estos montes, se terminó de instalar la línea telefónica traída desde La Alberca. Pasados uno días, llegó a este santo lugar el P. Julio. Venía por causas que ahora aclaramos: “El día 8 tomó posesión el Reverendo Padre Julio del Niño Jesús como presidente del convento de San José del Monte”. Llegó la fiesta de Nuestra Santa Madre Teresa de Jesús y de nuevo, además de las gentes del lugar, acudieron los párrocos de pueblos cercanos para solemnizar la celebración eucarística. Hemos de añadir que estos visitantes iniciaron una suscripción popular para poder montar una sierra mecánica que favoreciera los trabajos del Hermano Carlos. A la semana siguiente, “el Hermano Joaquín, que había desempeñado en este Santo Desierto la dirección del cultivo, mejora de la finca y cuidado del ganado por espacio de dos años con mucho éxito e inteligencia”, con pena, pero obligado por su estado de salud deja este lugar para recuperarse de sus malestares. Al día siguiente llega el Hermano Valentín para sustituirle. Un día después comienzan a descubrir el estanque que hay a la entrada del convento para llenarlo de agua y echar truchas con las que poder abastecerse de alimento los moradores de Batuecas. Pasado San Martín se inician los trabajos para “habilitar dos habitaciones de las del antiguo convento para gallinero”. A los pocos días, el Hermano Wenceslao sufre un derrame de sangre en el pecho; acompañado del Hermano Valentín, que iba destinado a Valladolid, se encamina hacia Madrid. Con estos datos nos vale por hoy porque mañana, 28 de marzo, tenemos que acudir de nuevo a la historia para recordar el nacimiento de nuestra Santa Madre Teresa de Jesús, que el próximo año 2015, en este mismo día, se dará inicio a los actos conmemorativos del V Centenario del nacimiento de la Doctora Mística: Santa Teresa de Jesús.

Fray Rafael Pascual Elías OCD





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