Reflexiones

Elogio del agua por los místicos

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Conozco una mujer castellana del siglo XVI que le gustaba mucho utilizar la metáfora de la fuente del agua para hablar de la vida interior. Le parecía muy a propósito para declarar las cosas del espíritu este elemento, aunque como ella decía “en cada cosita que Dios crió hay más de lo que se entiende, aunque sea una hormiguita” (4M 2,2). Ella tenía la capacidad de penetrar cada cosa y extraer su esencia. ¡Era un alma contemplativa! Tenía mucho aprecio por el pasaje del Evangelio de la Samaritana, pues se identificaba con esta mujer sedienta que encontró en Jesús la fuente del agua viva.

Pero, no estaba sola en este aprecio por las fuentes del agua. Había un contemporáneo suyo que era místico y poeta. Con su pluma nos bridó estrofas llenas de lira y de mística. Confieso que a veces me veo declarando estos versos delante del agua, que corre con abundancia por los ríos cercanos al monasterio: “¡Oh cristalina fuente, si en esos tus semblantes plateados formases de repente los ojos deseados que tengo en mis entrañas dibujados!”. Para los momentos de oscuridad qué pacificadores son los versos: “Que bien sé yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche”. Me sirven de credo, dónde el contenido de la fe, se concentra en el simbolismo de la fuente que mana y corre.

Hay un tercer enamorado del agua, que no podemos olvidar: es el “poverello” de Asís. La hermana agua, que es “útil, casta y humilde”. Siempre me llamó la atención el hecho de llamar al agua humilde. Me han explicado que se debe al hecho del agua bajar y penetrar la tierra. También me parece justa la comparación, por ser la humildad lo que fecunda nuestra vida, así como el agua fecunda la tierra.

Estos tres místicos, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz y Francisco de Asís, nada más hicieron que seguir aquellas palabras de Jesús: “Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí, como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva” (Jo 7,37-38). ¡Señor hazme encontrar esta fuente interior, para saciar mi sed y la de mis semejantes! Amen.

Fray Emmanuel María

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Reflexiones

La Paz

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Amigas /o, quienquiera que abras esta página web, bienvenido seas. Espero poder ofrecerte una reflexión sencilla, con la que compartir el silencio creador de este valle de Las Batuecas.

    Quizás a ti también te ayude: Cuando me dispongo a vivir la hora de oración silenciosa me fijo en alguna frase de un salmo que hemos recitado previamente en la oración litúrgica (laudes o vísperas), pero basta abrir cualquier Biblia por ese libro tan bello y admirado por todos que son los “SALMOS” y lo podrás hacer. Esa frase me sirve para repetirla suavemente, sin tratar de analizar su contenido sino dejando que se me de a conocer en el silencio de la oración, y por lo mismo sin saber lo que me acontecerá de modo previo. Fue así como en uno de estos días, ante la frase escogida: “Desead la paz a Jerusalén, vivan seguros los que te aman”, se me impuso la convicción de que este deseo es el único que nace auténticamente del amor de Dios, es decir del amor que Dios pone en mí, porque se trata de anhelar aquella ciudad futura en la que todos los hombres sin excepción, vivirán en la “paz” que Dios regala, a esa nueva humanidad, y más sorprendente aún, así comprendí que se puede vivir seguros, porque se espera un mundo sin enemigos (=amar a los enemigos, no es mantenerte tú como el bueno y el enemigo en el malo), donde lo peor que todos llevamos dentro ya no existirá más, y podremos superar esos muchos juicios humanos ante el mal. No es extraño que muchos me repliquen, deja de soñar paz para el futuro, y sé consciente de lo mucho de odio y terror que anida en la tierra, trata de luchar contra ello. Sinceramente esta objeción nada afectó a mi seguridad, porque solo desde ella trabajaré por un futuro de paz que no sea mi paz, sino la de Dios, y Él me llevará a dejar el desierto, o cualquier lugar donde este humanamente seguro, para desear esa paz futura y trabajar por alcanzarla en donde Dios me lleve, al menos esa es mi esperanza. Francisco Brändle

Reflexiones

Cuando estés enteramente en cada cosa que haces, entonces, serás feliz

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Había un joven que vivía en un pequeño pueblo, cerca de un monasterio, siempre le llamaba la atención el hecho de que aquellos hombres vivieran solitarios, despojados de tantas cosas, pero le inquietaba aún más el hecho de que eran felices. Como esto le quitaba el sueño, resolvió acercarse y conocer aquel estilo de vida. Poco a poco fue le encantando aquella forma de vida, de tal forma, que muy pronto dejó todos sus proyectos para formar parte de aquella comunidad solitaria.

El entusiasmo que traía le acompañó durante algunos meses, pero luego se sintió perturbado y el desánimo se abrió paso en su corazón.  Ya decidido a retornar a su pueblo, a sus cosas, a su familia, fue hablar con su padre espiritual. Este anciano, conocedor de las pasiones del alma, le propuso una tarea antes de marcharse. Le sugirió el anciano: “Contempla aquel monte, fija tu mirada en él”. El joven hizo lo que su maestro le pedía. Al ser preguntado por lo que veía, dice: “yo veo diversos árboles, de distintos tamaños, con tonalidades diferentes; veo también la roca, su forma, todo parece tan encantador…”. La respuesta del joven expresaba su alma contemplativa y el fascino que todo aquello le causaba.

Sugirió entonces el anciano: “sube hasta la cumbre del monte”. Nuevamente hizo lo que le sugirió. Pero, hizo con tanta prisa que paso por el árbol, por la roca, por las flores, sin percibirlas. Al llegar a la cumbe estaba exhausto, pero había cumplido su meta. Al mirar para bajo pudo contemplar el monasterio, las ermitas que le rodeaban, los pequeños huertos de cada ermita, el río que por ahí pasaba. Todo le parecía tan hermoso, tan encantador… Poco a poco fue tomando conciencia de que aquello que él admiraba ahora, era suyo, ya le pertenecía, pero no le había dado su debido valor.

El joven había entendido la lección que el anciano deseaba darle. Era preciso vivir con intensidad lo que tenía, saber valorar lo que es suyo. La bajada del monte fue muy diferente, se detenía muy a menudo contemplando cada cosa, extasiado de tanta belleza, se sentía feliz y realizado. El anciano que le esperaba apenas le añadió una sentencia: “cuando estés enteramente en cada cosa que haces, entonces, serás feliz”.

 

Fray Emmanuel María

Reflexiones

El carmelita del futuro

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           Amiga/o, quienquiera que abras esta página web, bienvenido seas. Espero poder ofrecerte una reflexión sencilla, con la que compartir el silencio creador de este valle de Las Batuecas.

            Como habrás podido comprobar quienes vivimos en este lugar, heredado de nuestros antepasados en la Orden, somos hijos de Santa Teresa: carmelitas descalzos, me vas a permitir que en esta reflexión me dirija a mis hermanos, y espero de tu comprensión que puedas ayudarme a transmitir este mensaje.

            Los carmelitas del futuro han de ser hijos del desierto, configurados por la fuerza religiosa de este, por el silencio que lo rodea, por la sencillez de vida a la que obliga….

            Los carmelitas del futuro han de saber responder a una pregunta que hoy se plantea con frecuencia: ¿Dónde puedo encontrar un acompañante espiritual que me ayude?

            Debemos prepararnos a ello, el mundo de hoy nos lo pide, y Batuecas puede ser el lugar idóneo para ello. Porque ¿no se deberá tal vez la falta de acompañantes espirituales, dígase también carmelitas, a que sean tan pocos los que van al “desierto”, a la soledad y al silencio, a la búsqueda de Dios dispuestos a encontrarse directamente con él?

            Sin dejar de darle su importancia, tenemos que reconocer que unos cursos de orientación en la práctica, en los que se aprende psicología, metodología, modos de dirigir una conversación, para así poder dar a toda prisa un par de consejos espirituales sencillos, no encierran la riqueza que puede ofrecer el “desierto”.

            (Estas ideas están inspiradas en: Gisbert GRESHAKE, La espiritualidad del desierto, Madrid, PPC, 2018, pp. 150-151)

Fray Francisco Brändle

Reflexiones

La gota del agua en el borde del cáliz

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El silencio tiene sus ventajas, una de ellas es permitir estar atentos a los acontecimientos sencillos y extraer de ellos alguna enseñanza. En el bullicio del día a día ellos pasarían desapercibidos como algo cualquiera. Comparto algo que me pasó días atrás durante la celebración de la misa. Por algunos segundos me quedé estupefacto contemplando una pequeña gota de agua que se no había unido con el vino que el sacerdote había echado en el cáliz.

Quizá nuestro lector ignore, más en la presentación de las ofrendas el sacerdote añade al vino un poco de agua y hace la siguiente oración de forma silenciosa: “Por el misterio de esta agua y este vino, haz que compartamos la divinidad de quien se ha dignado participar de nuestra humanidad”. El agua es la humanidad que, al ser mezclada al vino, pasa a compartir de la divinidad. ¡Es un simbolismo precioso!

Pero lo que me inquietó fue aquella pequeña gota del agua que no se ha unido al vino. Se quedó en la borde del cáliz, como quien resistiese hacerse parte del misterio. Luego me ha venido a la mente nuestras resistencias que no nos permiten entregarnos del todo a Dios. Sé que las resistencias provienen de los miedos ocultos que llevamos en nuestro inconsciente. Mirando de lejos algunos miedos parecen sin sentido y hasta insignificantes, pero ejercen un factor determinante en nuestras opciones.

Tengo para mí que nuestros contemporáneos no llevan bien resuelto esta cuestión y quizá, por esto, se resisten delante del misterio. Se quedan en el borde del cáliz, como aquella gota del agua. Si abriesen las puertas del corazón para el misterio podría recibir mucho más de lo que buscan, podrían “compartir la divinidad de quien se ha dignado participar de nuestra humanidad”.

Fray Emmanuel María

 

Reflexiones

Sostengo que el silencio se pronuncia…

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Amiga/o, quienquiera que abras esta página web, bienvenido seas. Espero poder ofrecerte una reflexión sencilla, con la que compartir el silencio creador de este valle de Las Batuecas.

    En una entrevista hecha a Juan Mayorga, último miembro en entrar en la Real Academia Española de la Lengua, Premio Nacional de Teatro, afirma: “Estoy escribiendo un discurso que quisiera titular “Silencio”, y continua: “Sostengo que el silencio se pronuncia… A uno le dejan sin palabras el dolor propio o de los otros, la belleza de un ser humano puede dejarnos sin palabras o podemos sentir que no debemos acompañarla de palabras”.

Aquí hemos hablado de este silencio creador, porque es uno de los símbolos más elocuentes de la presencia de Dios., en medio de nuestra historia de dolor y de esperanza. En Batuecas solemos acabar nuestro momento de oración silenciosa con esta aclamación: “Cuando un silencio sereno lo envolvía todo, tu Palabra se lanzó desde los cielos”.

Hemos querido adentrarnos en ese silencio que todo lo envuelve durante nuestro momento orante, hemos querido ser testigos de ese silencio abiertos a esa Presencia amorosa que se convierte en noticia sin palabras que definan nada, sino como apertura a esa noticia de que hablamos, Palabra lanzada desde los cielos, y así olvidados de nosotros mismos, acercarnos al mundo y a la realidad que nos envuelve, a la historia en que vivimos para fijarnos en lo que de verdad importa: el ser amor que todo hombre encierra y que sostiene la creación entera. Es lo que queremos ayuda a descubrir a quienes se acercar a compartir nuestro espacio vital en este monasterio de Batuecas.

Queremos con ello contribuir a esta renovación de la sociedad que busca caminos de vida en este nuevo siglo.

Fray Francisco Brändle 

Reflexiones

Virgen de la Contemplación

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Hace ya algunos meses que direcciono mis pensamientos, en el inicio del día, para Nuestra Señora. Las paredes de nuestras ermitas, despojadas de todas las cosas exquisitas que podrían distraernos de lo esencial, se enriquecen con un sencillo icono de la Virgen de la Contemplación, obra de la Escuela de las Carmelitas Descalzas de Harissa (Líbano). Entre el sueño y el despertar, cuando aún la mente no ha recobrado toda su claridad, ya pongo el itinerario del nuevo día en el seno materno de la Virgen María.

Con el correr de los días la oración fue tomando forma y por hora lo he sintetizado en una pequeña frase: “O María acógeme en tu seno virginal y engéndrame para la vida eterna”. ¿Qué lugar más seguro para un niño sino el seno de su madre que le ama? Así, cada mañana escojo pasar el día en las entrañas maternas de Nuestra Señora. Hago como un niño indefenso, que delante del peligro y de las limitaciones recurre a un lugar seguro. En las horas de las tentaciones, cuando escoger el camino propuesto por Dios no me resulta agradable y tantas otras vías se hacen mucho más atractivas, entonces, como un niño, vuelvo a un lugar seguro, las entrañas de Virgen María y allí retomo mi opción existencial.

            Otro elemento que me encanta en este icono son los brazos extendidos. Es la imagen de la Iglesia orante, en súplica o en alabanza. ¡Quien me diera pasar el día en esta actitud orante! Sus brazos abiertos indican también la completa disponibilidad a la voluntad de Dios. Entrega total al proyecto amoroso del Padre para la salvación de la humanidad. Sin resistencias, sin condiciones, sin miedos…

            Hay muchos otros elementos de este icono que todavía no he penetrado o mejor, que no han penetrado en mí. Por eso, no hablo de ellos, yo los conozco, pero aún son extraños a mi vida. Creo que también esto he aprendido de María: hablar de lo que se busca vivir.

Fray Emmanuel María