CD “Do Mana el Agua Pura”

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Protege mi vida

Me sorprendo buscando todo el contenido de una frase del salmo 85, que me parece sumamente rica. “Protege mi vida, que soy un fiel tuyo”. En un primer momento me parecía sencillo pensar que era una simple súplica para que Dios velara por me vida. Pero sentí que algo mucho más grande se encerraba en esta súplica. El misterio de mi vida no lo puedo custodiar yo con mis solas fuerzas. En el sencillo abrirme a la presencia amorosa de Dios, sentía que no era yo el custodio de mi vida, era Él mismo quien velaba por ella, porque era su vida en mí la que protegía y guardaba, Él era el Dios fiel, cuya fidelidad no tiene límite, que se me daba y ofrecía, el que se convertía para mí en el Dios fiel capaz de hacerme sentir su vida en mí, que buscaba en mí esa fidelidad desde la que pudiera clamar con toda confianza que fuera Él quien protegiéndome custodiara su vida en mí.

Vivir de este modo aquella súplica, que no parecía encerrar algo tan grande, entendí que no podría ser fácil, que tendría que aceptar que mi modo de comprender mi vida se cerraba en lo que yo alcanzaba y esto era mucho más. Era aprender de los grandes místicos que estaba llamado a descubrir la grandeza de una vida llamada a la unión con Dios.

F. Brändle

Do Mana El Agua Pura: Introducción

Ofrecemos en esta página un CD que merece una pequeña presentación, porque además de ser un excelente conjunto de cánones para orar, esta editado y grabado para ser un testimonio de la vida sencilla que se desarrolla en este “desierto carmelitano” de San José de las Batuecas.

Su autor, que se esconde bajo el seudónimo “Bernabé de San José”, pasó un año en Batuecas. Su talante contemplativo, aún siendo sacerdote diocesano, y su amor por la música, sin tener estudio alguno, le llevaron a ir viviendo la jornada abierto a tantos sonidos como el mismo silencio de valle ofrece, sin dejar de ser silencio del que todos proceden. Estas vivencias sonoras y espirituales las ha dejado plasmadas y descritas en el cuadernillo que acompaña al CD. En él se encuentran además de las consideraciones que enriquecen el contenido del canon, unas bellas fotografías, también personales del autor, recogiendo los muchos parajes tan bellos del entorno, o las estancias de la casa llenas de sentido carmelitano, por su pobreza y sencillez.

Al ofrecerte el CD, amigo que abres esta página, te queremos ofrecer la posibilidad de acercarte a nosotros de un modo muy sencillo y evocador. La música y la letra de  unos cánones que han brotado de la vivencia de sus moradores, que han recordado momentos singulares de sus vidas, o testimonios de los dos grandes santos del Carmelo en sus escritos.

Su título, y con ello cierro esta presentación, es una llamada clara a buscar esa fuente de la que mana el agua pura. Esa fuente escondida a la que se invita a llegar a todo el que se acerca a Batuecas.

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F. Brändle

La búsqueda de la voluntad de Dios en los Místicos Carmelitas

Santa Teresa, anónimo s.XVII, detalle, Convento de San José, Toledo

Otro reto de la santidad en el Carmelo es la búsqueda constante de la voluntad de Dios. El silencio, la soledad y la oración, propia de nuestro estilo de vida, son los medios para estar atentos a la voluntad de Dios. Él comunica su plan de amor y de salvación a todos, pero, para que se pueda acoger mejor, es necesario ponerse en actitud de escucha silenciosa y amorosa. La Virgen María es la gran maestra del Carmelo en este arte de la escucha obediente a Dios en la fe.

Cuando Santa Teresa habla del matrimonio espiritual, en las séptimas moradas nos enseña que la unión con Dios, produce en la persona la unión de voluntad. Nuestra voluntad se ha hecho una con la voluntad de Dios, de manera tal que asumimos como nuestro el querer divino. La persona unida a Dios está dispuesta a conformar su vida con los designios de Dios.

Lo que anhela solamente es servir y amar a Aquél que le ha creado, redimido y salvado. Es lo que, resumidamente, Teresa nos dejó reflejado en los versos:

“Veis aquí mi corazón, yo le pongo en vuestra palma;

 mi cuerpo, mi vida y alma, mis entrañas y afición.

Dulce Esposo y redención, pues por vuestra me ofrecí:

¿qué mandáis hacer de mí?”.

No es distinto el pensamiento de San Juan de la Cruz, en la unión de amor, es decir, cuando hay semejanza de amor, “las dos voluntades, conviene a saber, la del alma y la de Dios, están en uno conformes, no habiendo en la una cosa que repugne a la otra” (2S 5,3). Para llegar a esta unión de voluntad el Santo nos habla de la necesidad de pasar por la purificación de la noche oscura. Esta experiencia liberadora permite a la persona salir de la esclavitud de su voluntad, egoísta y mezquina, para adherir una propuesta de plenitud y transcendencia.  

La total entrega de sí y adhesión al querer divino también la encontramos en Santa Teresita. Valiéndose de una sencilla comparación, expresa la misma disposición interior. Ella se ha ofrecido al Niño Jesús como un juguete, “una pelotita sin ningún valor a la que él podía tirar al suelo, empujar con el pie, agujerear, dejar en un rincón, o bien estrechar contra su corazón, si eso Le complacía”. (MA 177). Estas dulces palabras, aparentemente inocentes, encierran dentro de sí una dimensión de fe y confianza en Dios que Teresita testimonió en su noche oscura.

¡Místicos del Carmelo enséñanos a acoger la voluntad de Dios!

Fray Emmanuel María

Retorno Glorioso

Rembrandt, Retorno del hijo pródigo, 1661-69 Museo Hermitage

Me quede sorprendido la otra tarde al descubrir algo que no se me hubiera ocurrido fácilmente. Al repetir un versículo para vivir mi oración, se me vino a la mente que podría hacerlo con las palabras que los gentiles, la gente de Babilonia, podría dirigir a los judíos según el salmo.  : “El Señor ha estado grande con ellos”. (Sal 125). Y me venía claro que yo no me podía identificar con aquellos pueblos que así se dirigían al pueblo de Israel, no vivía sus circunstancias. Pero de pronto se me hizo claro algo muy distinto: que podría contemplar a mis hermanos  que oraban junto a mí, y más aún a toda la humanidad, diciendo: “El Señor ha estado grande con ellos”.

En un mundo deshumanizado, en medio de guerras, odios y divisiones parecía imposible que así fuera, y sin embargo me seguía golpeando fuerte esta expresión, porque sentía que por encima de todo ello la fuerza del resucitado que atrae a todos hacía sí, lo haría posible. Si la humanidad retornaría cantando a su tierra de promisión: el Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo que con la fuerza de su Espíritu nos daría vida y salvación, pasado el destierro.

Y, al fin, el retorno glorioso a la tierra de bendición, era universal, quien lo contemplaba era llamado a participar en esa bendita vuelta al Padre. La esperanza contra toda esperanza, era algo que vendrá y se me invitaba a vivirlo. 

F.Brändle

Los Papas y Santa Teresa del Niño Jesús

Celebramos el pasado 1 de octubre la fiesta de Santa Teresa del Niño Jesús. Quiero recordarla como animadora espiritual de los últimos Papas del siglo XX. Todos encontraron en ella, leyendo sus obras, el evangelio vivido de una forma sencilla y profunda algo que habría de alentar siempre la vida de la iglesia, de la que por su ministerio han de servir de modo singular.

De su visita a Roma, y su encuentro con el Papa León XIII, al que pide la gracia de entrar en el Carmelo con sólo 15 años, Teresa nos ofrece una concepción paterna y filial de este ministerio. Confía en ser comprendida y atendida ante la urgencia que siente de entregarse al Señor en el Carmelo. Si bien, el encuentro no acabó en la concesión del permiso, sí nos descubre esa confianza que luego reflejará en su espiritualidad. Recuerda la mirada penetrante y profunda del Pontífice, pero a su vez en su respuesta remitiéndola a los Superiores le ofreció una confianza por su bondad que la permitió insistir y apelar a su autoridad, u aunque no fue atendida su petición favorablemente entendió ser su palabra profética al afirmarla que entraría si así Dios lo quisiera.

La sucesión de Papas que en el siglo XX ocupan la sede de Pedro, encontrarán en ella una mujer singular, de un valor extraordinario para la iglesia en estos tiempos. Pio X afirma de ella ser la santa más grande de los tiempos modernos, dispuesto a iniciar la causa de su beatificación. Benedicto XV, declara la heroicidad de sus virtudes, entiende su mensaje y usa para ello la célebre expresión: “la infancia espiritual”. Lejos de toda soberbia y presunción la infancia espiritual supone una fe viva en Dios misericordioso. Será Pio XI quien lleve a término todas las etapas de su glorificación 29 de abril de 1923, la beatificación, 17 de mayo de 1925 canonización y 14 de diciembre de 1927 declarada patrona de las Misiones. No duda en llamarla la “estrella de su pontificado”. Pio XII mantuvo una relación viva con el Carmelo de Lisieux, y recuerda que la infancia espiritual es un camino para todos, porque sólo hace valer ante Dios la propia debilidad. Juan XXiII es el gran propagador de su doctrina que considera tan necesaria, como lo son en los grandes puertos las naves pequeñas para poder desembarcar las mercancías que traen los grandes barcos. Pablo VI, que afirmaba haber nacido para la tierra el día que nuestra santa nació para el cielo, siente por ello una profunda devoción por ella. Veía en ella una mujer realista, y al mismo tiempo llena de humildad, porque nos enseña a no contar sólo con nuestras fuerzas, sino con el amor misericordioso de Cristo. Su realismo la llevó a no esperar a encontrar un ambiente ideal para comenzar su camino a la santidad. Tampoco le fue ajena a Juan Pablo I, la santa de Lisieux, a la que dirigió una de sus cartas, recordando cuánto le había ayudado en su enfermedad, con su fortaleza. Juan Pablo II, la declarará doctora de la Iglesia 3l 30 de mayo de 1988. No olvidemos lo presente que estuvo en el último viaje a África del actual Papa Francisco, quien en su mensaje a las contemplativas les pone como modelo a Santa Teresa del Niño Jesús.   

Francisco Brändle ocd

Justicia en el país del olvido

Edvard Munch, El niño enfermo 1886

Me ha impresionado siempre el lamento de ese enfermo grave que expresa su dolor en el salmo 87. Desde niño desgraciado y enfermo, lleno de miedos, abandonado de sus amigos. No parece sino que su vida ha sido un sinsentido y no ha merecido la pena. Así lo podría vivir un fiel judío, que veía en su salud la gracia salvadora de Dios. Pero si la vida es ante todo una expresión del amor de Dios que en ella se vuelca, hemos de tratar de descubrirlo a la luz del misterio de la Cruz. La visión tan cerrada del dolor como expiación, ha venido a poner en el mayor dolor la mayor capacidad de expiar. La Cruz del Señor sería ya el culmen de esa visión. Sin embargo, la visión del místico, como Juan de la Cruz, no pasa por ahí, entiende que la cruz es el camino por el que el hombre queda totalmente vacío de sí y abierto a Dios. El cuerpo totalmente necesitado, abandonado, viene a llenarse del amor de Dios y hacerse capaz de resucitar. Convertirse en el cuerpo espiritual, que traerá consigo el resucitar con Cristo. Por eso en la oración vine a intuir que llenar el cuerpo de amor, por ese tratamiento médico, por ese cuidado que como enfermos nos tomamos, es hacer posible también que en él se exprese la cruz y la salvación, no como expiación sufriente, sino como amor recibido en la necesidad y el abandono. Si hemos de amarnos a nosotros mismos para poder amar al prójimo, no cabe duda que ser persona encarnada en ese cuerpo dolorido, paciente, sin capacidad para hacer, pero si para ser paciente, nos hace no ser heroicos estoicos, sino creyentes en la resurrección que llena de vida y amor el cuerpo, incluso ya en su último momento que es la muerte. Si somos capaces de vivir el lamento del pobre salmista -al que hacía alusión al comenzar- desde esta visión,  tendremos la respuesta para tantos interrogantes como en su situación se le planteaban ¿Harás tu maravillas por los muertos? ¿se alzarán las sombras para darte gracias? ¿se anuncia en el sepulcro tu misericordia, o tu fidelidad en el reino de la muerte? ¿se conocen tus maravillas en la tiniebla, o tu justicia en el país del olvido?. Se trata ahora de abrirse al Espíritu de Dios, al Amor que desde nuestro propio espíritu acogerá ese cuerpo doliente y paciente para llenarlo de ese amor y cuidado que lo hará esperar gozoso la resurrección.

F. Brändle