Semblanza de un ermitaño

Fr. Matías del Niño Jesús

Semblanza de un ermitaño

El día 27 de junio de 2008, a las 3.10 de la madrugada, fallecía en el Hospital de la Santísima Trinidad de Salamanca el P. Matías del Niño Jesús. Tras sus casi noventa años de vida, existe una historia que sólo Dios conoce de verdad, y que a los que hemos tenido la gracia de vivir con él algunos años, se nos ha dado a conocer en parte.

Si se hiciera una biografía completa del P. Matías, se nos iluminarían muchos puntos de nuestra propia historia Provincial de Castilla. Él, en su larga vida de carmelita, ha sido protagonista y testigo de muchos momentos importantes de nuestra historia, conocidos unos, y otros más ignorados. Yo aquí sólo haré una breve reseña con el fin de dar gracias a Dios por su larga vida y por su obra.

Infancia y vocación

Su nombre de pila fue Florencio Matilla Rengel. Nació en Hinojosa de Duero (Salamanca) el 12 de agosto de 1918, de Matías Matilla e Isidra Rengel. Tuvo dos hermanos y dos hermanas.

Con 11 años ingresa en nuestro Seminario Menor de Medina del Campo (Valladolid). Él recordaba que un niño del pueblo había ido allí, cuando regresó en las vacaciones hablaba muy bien del ambiente y de la comida, lo que animó a entrar a varios niños más, entre ellos, al pequeño Florencio. Estas motivaciones elementales Dios las fue utilizando para trazar y hacer crecer en él la vocación al Carmelo.

En el Seminario fue recibido por el Beato P. Eusebio del Niño Jesús, prior entonces de Medina y más tarde mártir. En aquellos años iniciales fue aprendiendo los rudimentos de la piedad carmelitana, el amor a la Virgen del Carmen, a San José, a los Santos del Carmelo; devociones que vivió hasta los últimos momentos de su vida con el mismo fervor de cuando niño, con un cierto toque infantil. Su confesor en aquellos años fue otro Beato, también mártir: el P. Nazario.

Florencio era buen estudiante, sobre todo tenía buena memoria. En una ocasión obtuvo el primer premio en una prueba de latín, y le hicieron un regalo que conservó toda su vida, y que mientras escribo esto, aún permanece en el estante de su celda: “El Monte Carmelo”, del P. Florencio del Niño Jesús. Fue precisamente este libro el que despertó en él su gran interés por la historia de nuestra Orden, un interés que nunca perdió.

Noviciado y Profesión

Con 15 años y pantalón corto –así nos lo narraba él en las recreaciones de Batuecas-, se acercó a tomar el hábito el 3 de julio de 1933, iniciando así su noviciado en Segovia. A partir de ese momento su nombre será el de Fr. Matías del Niño Jesús, por el que se le conocerá siempre. Este apellido religioso refleja muy bien su espiritualidad, ligada siempre a la infancia de Jesús, especialmente bajo la advocación de Praga. Su maestro de novicios fue el P. Valentín de San José, al que él estimó tanto desde entonces, y con el que, mucho más tarde, coincidirá en el Desierto de Batuecas.

Terminado este año de noviciado, profesa en Segovia el 15 de agosto de 1934, pasando a nuestro convento de Ávila, donde realizará sus estudios filosóficos entre 1934 y 1937. Durante este período estalló la guerra civil española, y fue en Ávila donde le llegaron noticias del fusilamiento del Hno. Daniel, connovicio suyo, y de los PP. Eusebio y Nazario, actualmente todos beatos.

De 1937 a 1941 hizo sus estudios de teología en el convento de Salamanca, aunque los dos primeros años cumplió al mismo tiempo el servicio militar. Fr. Matías no tuvo que ir al frente como tantos otros, sino que le fue suficiente con ir al hospital de la ciudad para ayudar espiritualmente a los militares que llegaban heridos. Él mismo nos contaba como rezaba con ellos el santo rosario. Terminados los estudios hizo su profesión solemne el 24 de septiembre de 1939. Se ordenó de sacerdote en Ávila el 28 de septiembre de 1941, y recién ordenado hace un curso de derecho canónico en la Universidad Pontificia de Salamanca, curso que le afianzó en su amor proverbial a las leyes.

Cargos y responsabilidades

El P. Matías, en su larga vida, tuvo muchas y diversas responsabilidades. Al mismo tiempo, vivió etapas muy diferentes. Y todo esto, unido a un carácter expansivo, le llevó a tener una fuerte influencia en diversos ámbitos de la Orden.

Fue Vicepostulador de las causas de beatificación en la Provincia, mientras estuvo de conventual en Plaza de España, en Madrid (1942-1948). Él siempre se gloriaba de haber recabado la primera información de los testigos de algunos de nuestros mártires de la guerra civil. También fue Celador de misiones durante muchos años (1942-1965).

Siempre sintió un vivo cariño por todo lo que era patrimonio de la Orden, especialmente por nuestros venerables. En las recreaciones se refería a ellos con cierta frecuencia, y cuando este era el tema dominante, era cuando sentía que la recreación había sido verdadera recreación. El recuerdo de nuestra tradición, tantos nombres y tantas fechas, marcaron siempre su vida religiosa. Tal es así, que tenía escrito desde su juventud, en cuartillas sueltas, muchas fechas, nombres y acontecimientos de los que él mismo había sido testigo, o que había leído aquí o allá, y que muchas décadas después utilizaba para sus inagotables escritos. De aquellas carpetas en su estantería de mesa, sacaba todo cuanto necesitaba.

En Madrid, por esas fechas (1942-48), fue también secretario del P. Provincial Pedro Tomás. Al P. Matías le gustaba recordar que este Provincial le tenía a él un particular aprecio, así como otros superiores y frailes venerables. Recordando estas cosas, él solía decir que había tenido la suerte de vivir entre muchos frailes santos y valiosos.

Su trabajo científico

Este tiempo en Madrid lo aprovechó también para el trabajo científico. Es a este período al que corresponde uno de sus mejores trabajos intelectuales: la bibliografía elaborada por él a partir de un trabajo minucioso en el Archivo Histórico Nacional y en la Biblioteca Nacional de Madrid, una bibliografía aún hoy citada, que salvó del olvido importantes documentos de la Orden facilitándolos a muchos estudiosos.

Fue también en este período de Madrid donde comenzó el P. Matías a organizar los escritos del P. Crisógono de Jesús, recién fallecido, y al que tenía en muy alta estima. Lo más importante de esta labor, y de todo su trabajo intelectual, fue la preparación de la biografía de San Juan de la Cruz, escrita por el P. Crisógono. El P. Matías se encargó de su publicación desde 1945, sacando adelante muchas ediciones enriquecidas constantemente por notas y aclaraciones según él mismo iba ampliando su caudal de conocimientos.

No obstante estar siempre entre libros y archivos, el P. Matías no era un pensador. Los temas abstractos no le iban, y tampoco era dado a escribir sobre temas de alta espiritualidad. Lo suyo era el dato, el documento, la fecha, el nombre. En esto era como un arca sin fondo. Aprovechó muy bien las posibilidades que tuvo a lo largo de su vida de tener acceso a diversos archivos, así como al conocimiento de muchos datos que fue recogiendo de lecturas o por haber sido testigo de ellos. Hasta el último año de su vida solía tener en mente varios temas sobre los que escribir. Todo lo volcaba luego en sus muchos artículos. Vine a enterarme un día, preguntándole, que nadie se los encargaba, pero él siempre tenía la confianza de que tarde o temprano algún director se los publicaría. Esta incertidumbre nunca fue un obstáculo para su constante creatividad de escritor. De hecho, muchos de ellos aparecían en las páginas de nuestra Revista de Espiritualidad.

Escribió algunos libros, siempre de carácter histórico o devoto, y editó algunos del P. Valentín de S. José, siempre con la ayuda económica de nuestra Madres o de amigos y bienhechores que le querían de forma particular.

La tarea de Formador

La primera responsabilidad de gobierno la tuvo en el trienio 1948-1951, en la que fue nombrado prior de Segovia a los 29 años, algo de lo que también él se gloriaba mucho por ser tan joven. Fue aquí donde empezó a tener sus primeros contactos con el mundo de la formación. De hecho, el noviciado de Segovia marcó mucho su vida de carmelita, especialmente desde que fue nombrado maestro de novicios (1951-1954). En este trienio también fue Definidor provincial.

Pero fue la tarea formativa la que acaparó su atención, tarea que desempeñó durante once años intermitentes entre el noviciado de Segovia y el Colegio filosófico de Ávila. De hecho, una vez terminado su primer trienio como maestro de novicios, fue llevado a Ávila otro trienio como maestro de los filósofos, y de nuevo, terminado este trienio, volvió a Segovia como Prior, donde fue reelegido para el trienio 1960-63, pero ante la renuncia del P. Lucinio del Santísimo Sacramento como maestro de novicios, renunció al priorato y de nuevo asumió la tarea de maestro. Terminado este trienio, volvió como maestro a Ávila, donde también dio algunas clases de música y algo de latín.

Todo este período marcará su vida para siempre. Ya siendo muy anciano, se le preguntaba cuál era el período más interesante de su vida. Y entonces se le transformaba la cara con aquella sonrisa típica y ojos achinados que él ponía a veces, y empezaba a recordar sus años como formador; aquellos grupos de novicios y estudiantes…

El P. Matías siguió fiel a la pedagogía de siempre, que no consistía en otra cosa que en enseñar la Regla de memoria, las Constituciones y el repaso constante de las Costumbres santas. Esta manera de enseñar encajaba muy bien con su espíritu práctico y concreto. Para él la vida religiosa consistía básicamente en cumplir las normas y ser piadoso.

Como era hombre de buena memoria, era amigo de preguntar a los novicios mil detalles de las leyes. Como también era de muy rápidos reflejos, gustaba mucho de corregir toda falta de forma inmediata, costumbre que mantuvo siempre. Aunque en su labor de formador no era hombre de grandes iniciativas, sí supo apoyar las de otros. En concreto pienso en la revista que idearon sus estudiantes de Ávila, y que él apoyó con gran entusiasmo.

Pero donde el P. Matías brilló especialmente como maestro, fue en su capacidad de entusiasmar su amor al Carmelo, su fuerte sentimiento de pertenencia a la Orden, su amor a lo que ella representaba.

En Batuecas

Un período importantísimo de su vida se inició con su venida al Santo Desierto de Batuecas en 1966, donde fue prior desde ese mismo año y durante cuatro trienios seguidos. Tuvo un descanso de un trienio, y volvió a estar otros dos seguidos, hasta 1987. Hay que decir que los cargos nunca le pesaron. Tenía un don natural para mandar; era algo como constitutivo en él. Esto le permitió seguir escribiendo constantemente, pues los trabajos del cargo nunca le causaban especiales preocupaciones.

Su venida a Batuecas no supuso ningún corte en su actividad como escritor, y tampoco le aisló del mundo. Le gustaba estar al tanto de todo lo que pasaba en la Provincia y en la Orden. Leía todas las hojas y folletos informativos que llegaban, y de todos guardaba memoria. Por otra parte, la cantidad de cartas que escribió y recibió en este tiempo es innumerable. Su oficio de Prior le facilitó esta extensa actividad, que en el Desierto siempre es muy limitada. Entre esta correspondencia se encuentran algunas cartas que recibió de Santa Maravillas de Jesús, que había conocido hacía años, y también de algunos personajes ilustres.

Con el paso del tiempo, decir Batuecas era decir P. Matías. Aquí fue toda una institución. En realidad, no marcó un estilo propio, simplemente mantuvo el estilo de siempre, el único que él sabía, con las tradiciones y devociones propias de la Orden que él practicó desde siempre.

Durante todo este tiempo, aunque el Desierto estaba algo aislado del resto de la Provincia, los frailes mantuvieron amplias relaciones de todo tipo, y también con seglares huéspedes, algo que encantaba sobremanera al P. Matías. Además, durante décadas fue confesor ordinario de las Madres de Cabrera. Siendo ya muy mayor iba cada quince días en medio de fuertes heladas y de grandes calores. Tuvo una comunicación muy intensa con nuestras Madres Carmelitas, una relación de ayuda mutua que dura hasta el día de hoy.

Otra labor que hizo siempre con mucho gusto fue la de confesor. Había algunos sacerdotes que venían hasta el Desierto para confesarse expresamente con él. En sus últimos años confesaba a la mayor parte de la comunidad.

Con el tiempo llegó a ser el mayor de la comunidad, y esto le gustaba: ser el decano de la casa, luego el decano de la Provincia. Desde su ancianidad representaba aún mejor esa función tan importante de ser memoria de la tradición. A él le consultábamos todos los detalles de la historia de la Provincia y de la Orden. A él le encantaba venir a los encuentros de formación, donde él se encargaba de aclararnos las dudas. Siempre le acompañó una magnífica memoria.

Perfil humano y espiritual

El P. Matías era un carmelita clásico, amante de su celda, donde pasaba casi todo el día, siempre laborioso. Su carácter era muy espontáneo y nada timorato, más activo que contemplativo. Le gustaba cierto ambiente de seriedad, y no le agradaban las voces o el tumulto, pero dentro de eso él era conversador y gracioso, era espontáneo y le gustaba bromear. Su cuerpo pequeño, su manera chisposa de hablar y su cara de pillo en algunos momentos, le hacían muy agradable en la conversación. Era muy amigo de sus amigos, y los tuvo muy fieles. Cuando hablaba con ellos, se le salía la alegría de la cara, y esto era muy atractivo para los que le querían. En este aspecto de la amistad, mantuvo siempre una cariño entrañable y fiel a todos los que fueron sus discípulos, incluso hacia aquellos que se habían salido de la Orden, por los que siempre oraba.

Unido a este carácter, tenía una visión de la vida más bien estricta. El amor a la norma y al rito exacto acompañó siempre su estilo de ser fraile. Su tenacidad de carácter le hizo en este sentido casi inquebrantable. Se le unía a esta visión observante de la vida religiosa, una tendencia clara a encariñarse de las personas, aunque este elemento afectivo quedaba tapado tras ademanes y reacciones más toscas. Ambos aspectos le acompañaron siempre y alternaron según el momento. Con la vejez se incrementó la necesidad de cariño y de sentirse acompañado, así como una visión más indulgente y comprensiva hacia las personas y las situaciones.

Su sensibilidad espiritual estaba totalmente ligada a las devociones propias de nuestra Orden. Su amor a la Virgen del Carmen y a San José, y sobre todo al Niño Jesús de Paga –médico del Desierto lo llamaba él-, así como a nuestros Santos Padres Teresa y Juan, constituían su universo religioso. Siguió recitando hasta el final de sus días las oraciones de siempre.

Un ladrón en la noche

Desde 2007 su estado de salud empezó a decaer. En agosto de ese año hubo que ingresarle en el hospital por una insuficiencia hepática. En enero de 2008 se cayó y se partió un codo. Esto le dejó maltrecho y bastante incapacitado para todo, por lo que había que ayudarle constantemente. Toda la comunidad colaboró para asistirle en lo que necesitara, especialmente el Hº Fernando, que fue su enfermero fiel y paciente hasta el final.

Su mayor congoja en este tiempo era no poder escribir, pero su fuerza de voluntad y su necesidad de comunicación, le llevó pronto a utilizar su máquina, y con un solo dedo redactó varias cartas. Aún siguió queriendo llevar el libro de misas, cosa que hacía desde muchos años atrás. En cuanto se rehizo un poco recuperó el ritmo conventual, y siguió asistiendo al coro como siempre, pero ya no tenía los reflejos de antaño.

El día 13 de junio, justo antes de revestirse para la Misa, se rompió la cadera y se cayó, este fue el inicio de su final. En el hospital Dios le sometió a una gran purificación. Aún recuerdo aquella frase dicha con voz profunda y agotada: Sólo experimento oscuridad y vacío. Pero lo que más me repitió en aquellos días fue: soy un hombre nuevo. En aquellas dos semanas recibió muchas visitas, sobre todo de sus discípulos. Siempre se llenaba de alegría al verles. Recibió la Santa Unción y comulgó siempre que pudo. El día 26 mejoró considerablemente, y durante la tarde rezó las tres partes del Rosario, algo que no había hecho antes. Hasta que unas horas después, en la madrugada del 27 de septiembre, en medio de la zozobra e inquietud que solía tener a esas horas, llegó el ladrón en la noche, y con los ojos muy abiertos, entregó su alma a Dios.

Con la muerte del P. Matías, pienso que muere mucho más que un religioso hermano nuestro; es toda una generación, un estilo, una mentalidad, los que llegan a su fin; él fue un típico representante de toda una época. En nosotros queda el agradecimiento a él por una vida de entrega y entusiasmo en el Señor, y de amor al Carmelo.

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16 Responses to “Semblanza de un ermitaño”


  1. 1 manuel 13, diciembre, 2008 en 12:44 pm

    Me parece una excelente idea llevar el espíritu de Batuecas a la red. Estaré a tanto, y pondré la dirección en mi blog también. Saludos fraternos desde Madrid.

  2. 2 fr. Ramón de la Cruz 13, diciembre, 2008 en 11:36 pm

    Querido Manuel:
    Me alegra tu interés por nuestro blog. Como ahora está naciendo, te agradezco que pongas en el tuyo la dirección. No podré actualizar mucho los temas, pues vengo poco a Salamanca, pero haré lo que pueda.
    Un abrazo.
    RM

  3. 3 Ismael 14, diciembre, 2008 en 7:01 pm

    Estimado amigo:

    Soy un joven de 28 años jugador de futbol y un gran deportista, me encanta estar en forma. Soy profesor de educación física y estoy en Madrid. He visto su página web y me ha encantado. Amo mucho la naturaleza, el silencio, conozco algo del mundo zen, pero no tengo maestro que me pueda orientar, estoy en búsqueda. Le pediría, si es posible, que me dijera u orientara para encontrar mi lugar. El ambiente donde me muevo es muy loco, fiestas, amigos que sólo piensan en los placeres del mundo, etc. Bueno, espero su respuesta a mi correo, es el siguiente, [editado por el autor -no es bueno dejar direcciones de correo accesibles a cualquiera] Espero podamos ser buenos amigos, ya que usted me transmite mucha paz, en este tiempo de incertidumbre. Espero me escriba a mi correo.

  4. 4 Fernando Bayona Estradera 16, diciembre, 2008 en 2:33 pm

    Estimado Fray Ramón…

    Ha sido toda una sorpresa y un placer el encontrar esta página del Desierto de San José… lo mismo que el leer tus palabras sobre el padre Matías. En el pasado estuve muchas veces en vuestro monasterio y tuve el privilegio de conversar muchas veces con él. Y… en lo que yo le conocí… sí, era así… como le has descrito. Quién sabe si continúa haciendo su visita cotidiana a la fuente de San José… y continúa asombrándose de que “nunca pare de salir agua”… como él decía. En fin… supongo que su espíritu sigue velando por vosotros y por aquella casa escondida en ese rincón del Paraíso en que vivís.
    Mi mejor deseo para tí, Ramón, para Fernando, para los demás. Nunca olvidaré los días pasados en el Desierto de San José. Todos esos momentos forman uno de los recuerdos más bonitos de mi vida.
    Un abrazo muy fuerte… y que el Silencio Vivo… la Nada (otro de los nombres de Dios)… y la Alegría… os acompañen siempre.

    Fernando. Zaragoza, 16 de Diciembre de 2008.

  5. 5 Mª Jesús 22, diciembre, 2008 en 3:11 pm

    Queridos hermanos: Me ha alegrado saber que tenéis este blog al que intentaré acceder de vez en cuando.
    Me ha alegrado también conocer algo del semblante del P.Matías, al que apenas llegué a ver en una ocasión, pero del que he oído palabras llenas fraternidad y buen humor a otros hermanos vuestros de la provincia.
    Lo que más me ha tocado es las palabras suyas que transcribís y que pronunció en sus últimos días: “Sólo experimento oscuridad y vacío” y poco despúes “soy un hombre nuevo”.
    Siempre la pedagogía de Dios, tal como nos la enseña S. Juan de la Cruz: la noche, y con ella la oscuridad y el vacío, como lugar de gestación del hombre nuevo. Como lugar de paso hacia la luz…
    Tengo muy vivas en mi mente unas palabras que recientemente he leído de Rahner en las que nos habla del Dios que “nos arranca de la pequeña morada íntima y familiar… llamándonos a la noche inquietante, que es el único y verdadero hogar patrio”.
    Ojálá el testimonio último del Padre Matías así como el de tantos y tantos buscadores del rostro de Dios, nos haga perder miedo a los caminos desconocidos por donde el Señor nos adentre…para llevarnos a la tierra prometida que es El.
    Un abrazo y unidos en el Silencio.

  6. 6 Fray Tomas del niño Jesús 3, enero, 2009 en 12:11 am

    Me alegra haber encontrado este blog.
    Soy Tomas Ramos Perez, hace unos 28 años ingrese en el monasterio del Santo desierto de San José con el nombre de Fray Tomas del Niño Jesús (el Malagueño). Fui novicio en este monasterio con el padre Matias del que conservo muy gratos recuerdos.
    Queria expresar mis deseos por contactar con alguno de mis antiguos compañeros, como puede ser Padre Santo,Fray Efren, Fray Onofre o Fray Javier de la Santisima Trinidad.
    Pueden contactar conmigo en el siguiente correo electronico: [editado] .
    Gracias.

  7. 7 Voz do silêncio 4, enero, 2009 en 10:32 am

    Pax Domini! Una imensa alegría haber encontrado este espacio tan lleno de Dios.Soy desde Brasil y mi corazón está en fiesta por este su espacio. Yo he tentado hacer alguna cosa para llevar temas de contemplación y oración a las almas queridas del Bueno Dios. Siempre pienso que esos asuntos no interesan mucho a las almas pero son de vital importancia para el camino al cielo. Mi blog es nuevo y solamente se va a frente si nuestro Dios ayudar. Mis saludos desde Brasil y reze por mis intenciones y por mi pobre y pecadora alma, Fray.Dios le bendiga mucho y a este espacio.In Domino et Maria semper!

  8. 8 fr. Ramón de la Cruz 11, enero, 2009 en 12:19 pm

    Amigo de Brasil:
    Me alegra mucho que tengamos la misma sensibilidad espiritual. El silencio, la oración, la vida de recogimiento interior, aunque no es patrimonio del Carmelo, encuentra en nuestro carisma un espacio particular. Ofrecer desde nuestros santos carmelitas, sobre todo San Juan de la Cruz y Santa Teresa esta sabiduría, es nuestro propósito, sobre todo desde nuestra vida en nuestro Desierto carmelitano de Batuecas.
    Me alegra que hayas abierto un blog que invite al silencio y la vida interior; sigue con eso, que harás mucho bien.
    Si en algo te podemos ayudar, cuenta con nosotros.
    Fr. Ramón de la +

  9. 9 fr. Ramón de la Cruz 11, enero, 2009 en 12:25 pm

    Me alegra que te sigas llamando a ti mismo Fray Tomás, lo que significa que aún guardas esa identidad de carmelita que nunca se pierde.
    De los que nombras, el único del que te puedo facilitar la dirección es del P. Santos, que está en nuestro convento de Medina del Campo, después de haber estado muchos años de misionero en el Congo. El número de teléfono es: 983800126.
    Un saludo afectuoso y que Dios te bendiga.
    Fr. Ramón de la +

  10. 10 fr. Ramón de la Cruz 11, enero, 2009 en 12:49 pm

    Gracias, Mª Jesús por tu comentario. Me resultan muy atractivas las palabras de Rahner, que dichas en un lenguaje más actual traducen a la perfección el mensaje de S. Juan de la Cruz. Me gustaría saber quién eres, y si estás cercana a nuestra espiritualidad carmelitana.
    Un saludo y gracias por tu comentario.
    Fr. Ramón de la +

  11. 11 fr. Ramón de la Cruz 11, enero, 2009 en 12:57 pm

    Querido Fernando:
    Gracias por tu comentario, tan atinaddo. Se ve que conociste bien al P. Matías. Nos agrada mucho saber de nuestros huéspedes y lo mucho que les ha ayudado su paso por nuestro monasterio. Te envío un saludo de todos sus moradores.
    Fr. Ramón de la +

  12. 12 fr. Ramón de la Cruz 11, enero, 2009 en 1:01 pm

    Querido Ismael:
    No puedo ayudarle en el camino del zen porque no soy maestro zen. He procurado toda mi vida de carmelita orientar a las personas hacia la contemplación silenciosade línea carmelitana, sobre todo a tavés de S. Juan de la Cruz. Desde los años que pasé en Cuba hasta ahora que vivo en el monasterio, esa ha sido mi labor. en eso te podría ayudar algo, si lo deseas.
    Gracias por tu comentario y tu confianza.
    Fr. Ramón de la +

  13. 13 Mª Jesús 12, enero, 2009 en 3:28 pm

    Gracias también a ti, Ramón, por tu respuesta a mi comentario. Claro que estoy cercana a la espiritualidad carmelitana. Soy Mª Jesús, de los GOT, y nos hemos encontrado en varias ocasiones, aunque de manera fugaz, (profesiones solemnes, o algún otro momento relacionado con acontecimientos de la familia del Carmelo)
    Por eso mismo, porque esta espiritualidad me ha tocado por dentro y desde mi condición de seglar intento vivirla, celebro vuestra iniciativa de crear un blog. Este medio sencillo será una forma más de compartir y de sentirnos en comunión aquellos que desde el silencio de la oración y en lo cotidiano de nuestras vidas deseamos dejarnos encontrar y transformar por el Dios de la Vida, el mismo que sedujo a Teresa de Jesús, a S. Juan de la Cruz, a Stª Teresa de Lisieux y a tantos otros.
    Un saludo muy fraterno y nos seguimos encontrando en el Silencio.

  14. 14 Juan Ley-Harris 12, enero, 2009 en 6:53 pm

    Padre Ramon….HOLA! desde este lado del Atlantico…desde
    el frio de Nueva York un caluroso saludo… Cuanto me alegra
    que tengan una pagina web…Ese Santo Desierto de San Jose
    fue para mi una experiencia inolvidable en el camino de la vida,
    haber conocido al Padre Matias una bendicion, me queda el recuerdo
    de su callada presencia y…su increible memoria…Que Dios
    los bendiga a todos…rezo para que este blog sea un instrumento
    de nuevas vocaciones… En comunion de oraciones

    JUAN

  15. 15 Javier 27, enero, 2009 en 1:56 pm

    Reverendo Padre:
    Me gustaria saber un poco màs en referencia al Desierto de Batuecas, soy venezolano, tengo 42 años y de profesiòn Abogado. Estoy residenciado en España y me agradaria saber si en el desierto de Batuecas hay postulantado, Noviciado y fomaciòn y como es la jornada diaria de una fraile.
    A mi espiritualmente me formò una Carmelita Descalza.
    Ademàs soy Terciario Carmelita.
    Espero recibir por correo electronico cualquier informaciòn que tenga a bien darme.
    Javier


  1. 1 Manzanas festivas asadas « Santo Desierto de San José de las Batuecas Trackback en 31, marzo, 2009 en 8:57 am
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